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Etimología de HELENISMO |
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HELENISMOHelenismo es un término que se refiere a la cultura Griega. Designa especialmente el periodo aproximadamente comprendido desde la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) hasta la muerte de Cleopatra (30 a.C.). El Helenismo surge tras la decadencia política de Atenas y otras poleis y la supremacía de Macedonia que las domina. Las conquistas de Alejandro Magno se extenderán por Anatolia, Oriente Medio y Siria, Egipto y avanzarán por Oriente hasta Mesopotamia y casi los límites de la India. Alejandro fundó Alejandría en Egipto y residió un tiempo en Babilonia.Este efímero imperio, desmembrado a la muerte de Alejandro, conservará territorios en los reinos helenísticos de los diádocos (sus generales que se reparten los principales territorios y que establecerán dinastías en ellos, como la ptolemaica en Egipto, la seleúcida o la antigónica). En el periodo helenístico, las ciudades y centros culturales más florecientes, muy por encima de Atenas, son Alejandría, Pérgamo y Antioquía, sobre todo. El esplendor cultural del periodo helenistico se debe a la expansión enorme de la cultura escrita (el periodo clásico ateniense fue la primera etapa gráfica para la cultura literaria y científica, a partir de la adaptación jónico-ática del alfabeto en el S.V en Atenas. Las variantes anteriores se usaban mucho más para la epigrafía, pero la cultura literaria era de trasmisión oral mayoritariamente. Es pues el helenismo la época de las grandes bibliotecas y la cultura griega se fecunda también con un íntimo contacto con los grandes centros de Babilonia, Asia Menor y Egipto, que le proporcionan aportes científicos extraordinarios. El arte, siguiendo las tendencias del arte griego, adquiere aspectos orientalizantes y tiene fantásticas creaciones por su barroquismo y movimiento. Es pues una época mixta y ecléctica muy fecunda. Sus influencias artísticas llegan a culturas periféricas, como Capadocia, Iraq, Arabia y puntos del norte de la India. Las clases dominantes de origen macedonio llevarán la koiné griega a todo Oriente Medio, donde convivirá con el arameo, copto y otras lenguas, y poco a poco se convertirá en vehículo común de expresión en esas áreas, junto con el arameo sobre todo. El Helenismo no está restringido a Atenas, que es la ciudad que menos vive este proceso, pues ha pasado su etapa de esplendor, sino que cubre Macedonia, Asia Menor, Siria y sobre todo Egipto. Alejandro Magno de Macedonia conquistó a Grecia y al medio Oriente. Ello permitió unir toda una serie de culturas y absorber sus importantes logros, y difundir también las ideas y formas culturales griegas en ellas, por eso es un periodo greco-orientalizante. Durante el periodo helénico es cuando se traduce la Biblia a la koiné, y también cuando se popularizan las ideas de Homero (c. VIII a.C.), Esopo (c. VI a.C.), Sócrates (470 - 399 a.C.), Platón (427 - 347 a.C.), Diógenes (404-323 a.C.), Aristóteles (385 - 322 a.C.) y Pirrón (360-270 a.C.). Es también el período de la eclosión científica de la escuela de Alejandría, gracias al contacto con los conocimientos físicos, mecánicos y astronómicos de los antiguos egipcios, y de la enorme recepción en Pérgamo y otros lugares de la ciencia babilonia. Cleopatra pertenecía a la dinastía ptolemaica. Ella era descendiente de Ptolomeo, un general de Alejandro Magno. Durante la dinastía ptolemaica se inscribió la famosa Piedra de Roseta (ver: jeroglífico) que permitió a los arqueólogos modernos a descifrar los jeroglíficos de las pirámides. La Piedra de Roseta fue un decreto cincelado en una piedra negra en tres diferentes escrituras: jeroglífico, demótico y griego. La absorción cultural de todo este mundo por los romanos, y la fusión con la propia cultura institucional, tecnológica y lingüística de estos, dentro de un sistema jurídico y político estructurado y más o menos unificado, constituye el fondo cultural de lo que llamamos Cultura Clásica, o cultura grecorromana, fusión del Helenismo con los aportes de Roma, y que constituye la base fundamental de la cultura occidental. helenismo (2) La palabra "helenismo" proviene del griego "hellenizein" que significa "hablar como un griego y deriva de "hellen" (ver: griego). Llamamos "helenismo" a todo préstamo lingüístico en nuestra lengua o en otras procedente del griego clásico. Nuestros helenismos se introducen en la lengua en diversas épocas. Algunos de ellos se introdujeron ya en el latín, que es la lengua de la que deriva el castellano, y otros muchos son adquisiciones modernas, pues en muchas ramas de la ciencia se adoptan las raíces griegas para nuevos vocablos por dos razones: por el prestigio cultural del griego y la vinculación de ciertos registros técnicos a él en el origen, y porque la recurrencia frecuente al griego supone superar sentimientos de competencia de unas lenguas sobre otras (por ejemplo, latinas sobre anglogermánicas, o viceversa). Aparte de algún escaso vocablo adquirido antes, el latín adquiere ciertos préstamos griegos por vía popular y contacto comercial y religioso en el S. IV a.C. A partir de la segunda mitad del s.III a. C. y hasta el siglo I a.C., con la explosión de la literatura latina que en muchos géneros está influida por la griega, hay una adquisición de vocablos por parte del registro culto y literario (época del Helenismo en Oriente). En los cinco siglos que siguen al inicio de nuestra era, tenemos un Imperio Romano, más o menos políticamente unificado, en que la mitad Occidental habla latín, y la mitad Oriental, en gran medida griego. De nuevo asistimos a un contacto popular y a interferencias entre ambas lenguas. Además los romanos implantan un sistema educativo en tres etapas, siendo bastante general la elemental para toda la población. Pero en la segunda etapa, que no todos realizaban, los hablantes latinos estudiaban griego para moverse con facilidad por toda la administración imperial: entre la gente medianamente culta era lengua conocida. El influjo griego se pierde a la caída del Imperio de Occidente. Pero el Renacimiento, con la recuperación de textos griegos, supone la introducción paulatina de nuevos helenismos. Es sin embargo a partir de la Ilustración (S.XVIII), con la profundización en el mundo clásico y el despegue de la ciencia, cuando se desata un verdadero proceso de recuperación y sobre todo de recreación de helenismos: son en su mayoría nuevas palabras (neologismos), creadas a partir de las raíces griegas, o adaptaciones de vocablos antiguos a nuevos significados. Estos helenismos, en su mayoría tecnicismos, constituyen cuantitativamente mayoría dentro del grupo de los helenismos en español. - Gracias: Helena Por una vía u otra, del griego tomamos palabras, o las formamos artificialmente combinando sus raíces, vocablos como afrodisíaco, androide, anfitrión, apolíneo, asma, atleta, bárbaro, Biblia, caos, catedral, cementerio, cilantro, cínico, clítoris, comedia, crisis, cronómetro, draconiano, escéptico, eureka, faro, filólogo, fósforo, gélido, gorila, hemorroide, hipopótamo, hipócrita, humor, idea, idiota, inmundo, ironía, leonino, mandrágora, manicomio, maratón, metáfora, metro, morfina, museo, neologismo, onomatopeya, oploteca, orfeón, orgasmo, orquídea, ortodoxo, palimpsesto, panteón, piropo, planeta, programa, prólogo, propina, quirografario, quiróptero, retórica, sarcasmo, sarcófago, sátiro, semáforo, tártaro, teatro y tragedia Por lo general las palabras que terminan en -ico/-ica son cultismos helénicos, aunque no hay que olvidar que el latín posee un viejo sufijo -tico/a. El sufijo ika o iko, significa "relacionado con". Por ejemplo: cibernética (kybernao - pilotar una nave/ kybernetés= timonel), clínica (Kline - cama), cromático (khromo - color), erótica (Eros - Eupido), esotérico (eso - solo), ética (ethos - costumbre), física (physis - naturaleza), gramática (grama - letra), hermético (Hermes - Mercurio), mesolitico, lacónico, matemática, música (mousa - musa), pánico, polémico (polemos - guerra), política (polis - ciudad), quirúrgico, y técnica (tekne - arte). Este sufijo, adquirido por los hablantes corrientes del latín de época imperial con normalidad, formará parte también de innumerables palabras de origen latino al aplicarlo a ellas como un sufijo corriente de la lengua, como, por ejemplo, "anímico" o "cálcico". En líneas generales, el sufijo griego de cualidad es -ía (acentuado, de -ἰα, -εἰα), mientras el sufijo latino de cualidad es -ia (sin acentuar). Sin embargo, el habla de la gente del imperio ya contaminó esos sufijos, por lo que a veces encontramos préstamos griegos con la variante latina -ia (sin acentuar: en parte se debe a que estas son préstamos al latín, que lo adaptó a su sufijo propio, mientras algunas de las otras son helenismos de reintroducción moderna, o de recreación, que respetan más la acentuación griega del sufijo): academia, alergia, anatomía, aristocracia, dermatología, escatología, economía, energía, etimología, filosofía, fobia, histeria, historia, iglesia, menopausia, mesopotamia, metodología, panoplia, pedagogía, pedología, psicología, quiromancia, utopía (palabra inventada a partir del griego por el humanista Tomas Moro en el S.XVI para denominar su conocida obra), xenofilia y zoología.
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