Etimología de CIGUATO

CIGUATO

La palabra ciguato, "que padece ciguatera", y la propia palabra ciguatera,"enfermedad que suelen contraer los peces y crustáceos de las costas del golfo de México y que produce perniciosos efectos a las personas que los comen", figura en el DRAE sin etimología, así como las otras palabras de su familia, el participio aciguatado y el verbo aciguatarse, "contraer ciguatera". Las cuatro son palabras americanas. Con la misma forma, pero no reflexivo, un verbo más, aciguatar, viene definido como "atisbar" o "acechar" y se considera propio de Andalucía. A éste el DRAE le da la etimología de "cruce de acechar y aguaitar". Parecería, pues que aciguatarse y el resto tendrían que compartir etimología con este aciguatar. Pero en América, que es donde se usa el término, suelen repetir como étimo el nombre de un caracol del mar Caribe, el gasterópodo Cittaria pica L., llamado con el nombre vernáculo "cigua", de origen prehispánico, o con los de "burgao", "bulgao", "burgado", usados también en España para otros caracoles marinos y terrestres. Se dice que de cigua saldría ciguato y de ésta las demás.

Pero no es por ahí por donde daremos con el étimo de ciguato. En primer lugar, porque la ciguatera no es una enfermedad que dé por comer ciguas especialmente. Al parecer, la produce un conjunto de toxinas, entre ellas la ciguatoxina, la maitotoxina y la escaritoxina que fabrican ciertas algas microscópicas dinoflageladas de los géneros Lyngbya, Gonyaulax, Gambierdiscus, Gymnodium, Pyrodinium. Estas algas las comen muchos tipos de peces, crustáceos y otros animales que luego se comen unos a otros y al final son consumidos por el humano sin que pueda detectarse la toxina a simple vista en la carne de los peces, resultando así afectado por la enfermedad. Esto es lo que sabemos ahora, en el siglo XXI, pero la enfermedad se llamaba ciguatera ya desde el siglo XVI sin que hubiera relación exclusiva con las ciguas. Más bien creía la gente que la producía el comer pescado en mal estado, si no claramente podrido, al menos poco fresco. Éste es el enlace semántico por donde, a mi juicio, podemos entroncar la palabra con su étimo. El problema era que a esta palabra le faltaba el eslabón de enlace con el latín y ese enlace era el habla andaluza.

En América, con muy buen criterio, durante un par de siglos se han puesto por escrito las palabras con entera libertad, sin atenerse a "legislaciones" académicas, incluso con orgullo identitario cuando eran variantes locales. Luego el DRAE las ha recogido y hemos obtenido con ello un enriquecimiento del léxico. Pero en Andalucía la mayoría de los escritores ha sentido vergüenza de usar palabras que no estuvieran reflejadas en el DRAE, aunque las usara la gente, y en algunos casos fueran reliquias anteriores a la llegada del romance castellano. Así es como se empobrece el léxico. Una de éstas es chiguato, la que tiene todas las pintas de ser el étimo de ciguato. Pero como nadie la había escrito hasta hace muy poco, no viene en el DRAE, porque el DRAE recoge el léxico de lo que se escribe. Por eso es estúpido intentar escribir sólo con lo "reconocido", hay que escribir con todo lo que se tiene a mano, luego vendrán las academias detrás recogiendo.

Chiguato se emplea en la Andalucía atlántica como adjetivo de los ojos enfermos. Es evidente que su etimología procede del latín caecatus "enceguecido", pero la transmisión no ha sido por el castellano (que dice cegado, o, como mucho, cegato), sino a través del romance andalusí, la lengua de origen latino que se habló simultáneamente con el árabe hasta aproximadamente el s. XI o XII y que depositó en el dialecto árabe de al-Andalus un buen número de términos (latinismos en el árabe andalusí). Esta transmisión es la que explica la inicial č- en lugar de θ- y la evolución entre vocales de -k- > -g- > -gw- que han convertido caecatus en chiguato. El uso es para los ojos "turbios", enfermos, por fiebre o tracoma, por ejemplo, o porque te levantas con los ojos pegados por el sueño, o lagañosos, o los ojos "cargados" por consumo de sustancias como el alcohol o el hachís, o por haberse hartado de llorar, o incluso a uno se le ponen los ojos chiguatos cuando se emociona y, sin llegar a derramarse, las lágrimas le nublan la vista y parpadea para ayudar a que desagüe el lagrimal. Luego se ha empleado para el pescado que no estaba fresco. En principio porque el conocedor del pescado lo nota incluso en el brillo de los ojos. En Cádiz se dice, por ejemplo, "no me llevo las pijotas, no me gustan, les veo los ojillos chiguatos, ésas llevan varios días en el puesto". También se usa cuando el marisco está defectuoso, por ejemplo, un cangrejo que no tiene nada que chupar, blandengue y sin sustancia es un "cangrejo chiguato", las gambas o langostinos que quedaron en el fondo del cajón y resultaron medio molidos se dice también que están chiguatos.

No parece ningún disparate suponer que de este chiguato de la Baja Andalucía, que se pronuncia [šiwáto] haya salido el ciguato americano, que se pronuncia [siwáto] en las Antillas, porque son los dos ámbitos lingüísticos muy próximos históricamente (Cádiz-La Habana).

¿Y qué hacemos entonces con el aciguatar "atisbar", "acechar", que la Academia pretende "cruce de acechar y aguaitar"? Pues rechazar esa etimología. No hace falta cruce alguno, aciguatar es "mirar encogiendo los ojos para fijarse mejor", es decir, poniendo los ojos chicos, *achiguatándolos.

- Gracias: Joaqu1n


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