Etimología de CONCERTINA

CONCERTINA

La palabra concertina, que en la prensa española a finales de 2013 está apareciendo mucho, no figura en el DRAE, pero viene del mismo origen que concierto con alguna variación de sentido que vamos a examinar.

Hay un grupo de palabras que tienen en común una raíz *krei-[1] con el significado de "separar", que falta en el indoeuropeo oriental pero que está presente en los haces de lenguas helénico, itálico, céltico y germánico, y a nosotros nos ha llegado del latín, con representantes como criba y crimen, o del griego, como crisis y criterio. Una de ellas es la que desde un verbo cernō (infinitivo cernere), que significaba "cribar, cerner, escoger, decidir", a través de un adjetivo derivado suyo certus, -a, -um "determinado, decidido, fijado, que no ofrece duda, cierto" llegó a producir un verbo iterativo certō (infinitivo certāre) que de "debatir, tratar de llegar a una conclusión" acabó significando "disputar, pleitear, rivalizar, combatir", y su compuesto concertō (inf. concertāre) reunía ambos sentidos, tanto "debatir, discutir (con otros)" como "combatir, contender, pelear (con otros)". De aquí salieron los términos españoles concertar y concierto que, de haber significado en principio en latín "disputar", cobraron en español el sentido de poner fin a la disputa, es decir "llegar a un acuerdo". Así en español concierto significaba "acuerdo, convenio, orden de las cosas" y a partir del s. XVII se le sumó como italianismo el sentido de "acuerdo de instrumentos musicales para que no disuenen entre sí". El italiano concerto tenía el sentido de "acuerdo instrumental", "ejecución conjunta de varios instrumentos" y de ahí "composición musical"; se le formó un diminutivo concertino que era un concierto chico, bien por tener menos instrumentos, bien por tener menos tiempos, pero también se llamaba así a un grupo reducido de instrumentos que dialogaba con la orquesta en un concierto, por eso en español se adoptó la palabra para denominar al violinista que ejecuta los solos, el llamado concertino. La palabra italiana concertino se difundió por todas las lenguas de Europa con estos sentidos y en la primera mitad del siglo XIX el inventor británico Charles Wheatstone la reutilizó y transformó. Había ideado un instrumento musical de lengüetas y fuelle antecesor del bandoneón al que llamó symphonium en 1829 pero que al poco bautizó con la misma palabra concertino ahora en femenino, la concertina, cuando patentó en 1844 una variante del mismo más perfeccionada.

En todos los idiomas se difundió este instrumento con el nombre inventado, concertina y llegamos hasta el hilo de alambre de espino con cuchillas como metáfora creada por los soldados de la Primera Guerra Mundial. Esta fue una guerra cuyos frentes se estancaron mucho tiempo en las trincheras entre Francia y Alemania. Y fue en esta guerra de trincheras donde se popularizó llamar a los rollos de alambre de espino concertina porque eran redondos y se extendían como el fuelle de la concertina musical, que se distinguía entonces del bandoneón en que aquella era exagonal u octogonal (casi redonda) mientras que el bandoneón era siempre cuadrado.

Así es como, desde una raíz indoeuropea que significaba "separar" hemos llegado a denominar "concertina" a una cruel arma estática con la que se pretende separar a los seres humanos. Con sus cuchillas las concertinas despedazan los miembros de los que se arriesgan, buscando una vida mejor, a trepar las vallas que rodean Ceuta y Melilla, las dos ciudades de soberanía española en el Norte de África. En una época en la que se da la vileza de exigir la libre circulación de capitales para que se asienten donde más rendimiento vayan a obtener al mismo tiempo se impide la libre circulación de los seres humanos para asentarse donde mejor se les pague su fuerza de trabajo. Se confina a las personas en su miseria para mantener artificialmente bajos sus salarios. Y si se atreven a huir hacia donde podrían vivir mejor, se les ponen concertinas.

Fuente:

[1] Elena Pingarrón Seco (1998) Étimos latinos. Monemas básicos del léxico científico. Barcelona: Octaedro, Valencia: Nau llibres., pág. 158.

- Gracias: Joaqu1n


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