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Etimología de CALIFORNIA

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CALIFORNIA

Una versión dice que en 1536, cuando llegó Hernán Cortés a esta parte del mundo, los españoles opinaron que la tierra era "caliente como un horno" o "calida fornax" como la llamaron los misioneros, quienes dominaban ampliamente el latín. Los soldados, igual como no podían pronunciar "atl" cambiándola a "ate" (del náhuatl en palabras como chocolate), no pudieron decir "calida fornax" y cambió a "California".

-Gracias: Maximiliano Mena Pérez


Existe otra versión sobre el origen de la palabra California que esta relacionada con mitos medievales (como Avalón y El Potosí).

El nombre de California aparece por vez primera en la novela de caballerías "Las sergas de Esplandián" (1510), de Garci Rodríguez de Montalvo (el autor del famoso "Amadís de Gaula", del cual las "Sergas" son continuación). En la "Historia General de las Indias" de Francisco López de Gómara se llama "isla de California" al extremo sur de la península de Baja California (en ese momento se desconocía que estuviera unida al continente) que hasta entonces se había llamado "Isla de Santa Cruz". Con posterioridad, a las tierras descubiertas al norte de esta península se las llamó Alta California. Esta región, convertida en parte de los EE.UU., es la que hoy recibe el nombre de California, mientras que la antigua California, integrada en México, se conoce como Baja California.

En la novela de Rodríguez de Montalvo, el nombre de California se aplica a una región de las Indias habitada por amazonas, abundante en riquezas y cercana al Paraíso Terrenal. Como sucedió en otros casos, los conquistadores españoles aplicaron a las nuevas tierras descubiertas un nombre procedente de las antiguas leyendas medievales.

El nombre California no fue inventado, sin embargo, por Rodríguez de Montalvo, sino que remonta, como mínimo, a La Chanson de Roland francesa, en la cual aparecía ya con la forma "Califerne". Su origen último es desconocido.

- Gracias: Jesús Fernández


"La Chanson de Roland" (Cantar de Roldán y Roncesvalles, año 1090) escrito en lengua provenzal cita de la palabra Califerne y otras dos "fernes": el reino de Belferne y "Amborres d'Oluferne". Al parecer hay un juego cultista de Hernán Cortés, pues conoció el Latín en la universidad (de Salamanca, donde sólo estuvo dos años) y se interesó un poco en el alemán, pues Carlos V era de ascendencia germana (ver: Kaíser). Ferne en alemán moderno es un adverbio "lejos". Dada la nula regulación del idioma español en esos tiempos las expresiones tendían a ser muy personalizadas. Calida y Fornax no cambian directamente a California, pero Calid Fornay sí (fornax deriva a "fornay" como rex deriva a "rey") y Cortés no necesariamente pudo haber dicho Calida Fornax (de calitus y furnus) sino Calit Fornay = "horno caliente" y los soldados Calid Fornia, como los pericos; "Calit Ferne" sería "Caliente y Lejos" si queremos pensar que Cortés conocía La Chanson de Roland provenzal y su deseo de agradar a Carlos V en sus Cartas de Relación.

- Gracias: Maximiliano Mena Pérez


La solución al enigma del nombre de California fue publicada en Abril de 1862 por el literato norteamericano Edgard Everett Hale. Un estudio más reciente de esta cuestión -ameno y documentado- es el de Álvaro del Portillo Díez de Sollano en su obra "Descubrimientos y Exploraciones en las Costas de California 1532-1650" (Madrid, 1947; 2ª edición 1982, pp. 113-141):

El nombre procede, efectivamente, del libro de caballerías castellano "Las Sergas de Esplandián" ("sergas"= proezas). Ya en la "Chanson de Roland" aparece "Californe" como topónimo de ficción, y es posible que de allí lo tomara Garci Ordóñez de Montalvo, autor de la versión castellana del "Amadís de Gaula", a cuyos cuatro libros añadió él uno original que tituló "Las Sergas de Esplandián" (Zaragoza, 1508). Sitúa Montalvo las gestas de Esplandián -hijo de Amadís- en la isla de California, cercana al Paraíso terrenal, habitada exclusivamente por mujeres y rica en oro y elementos extraordinarios (datos probablemente copiados de una descripción similar hecha por Colón en el relato de su primer viaje, en 1492). Como es sabido, los libros de caballerías gozaban de gran popularidad y, de hecho, el de las Sergas de Esplandián aparece más tarde entre los que el cura y el barbero queman en la hoguera para librar a don Quijote de su pernicioso influjo. El libro de Montalvo conoció cinco ediciones más antes del descubrimiento de California, la última de ellas en 1526.

Las costas de California comenzaron a explorarse a partir de 1532 por iniciativa de Hernán Cortés, quien tuvo que superar para ello las intrigas y envidias de sus adversarios tanto en la corte como en la Nueva España. En carta fechada el 15 de Octubre de 1534, Cortés refiere al emperador Carlos las noticias oídas a los jefes indígenas sobre la existencia de "una isla habitada solamente por mujeres" que es "muy rica en perlas y oro". El nombre de California aparece tras las expediciones de Fernando de Ulloa (1539-1540) y Hernando de Alarcón (1540), y se encuentra totalmente extendido y aceptado en 1542. La expedición de Alarcón, ordenada por el virrey Mendoza -enemigo de Cortés- para comprobar la veracidad de las noticias de los expedicionarios del Conquistador, regresó sin haber avistado nada parecido, circunstancia que muy probablemente aprovecharan los adversarios de Cortés para ridiculizarle con alusiones irónicas a la imaginaria isla de California, de todos conocida por las "Sergas".

El origen del nombre de California a partir de "Las Sergas de Esplandián" es, pues, universalmente reconocido. Algunos autores, como N. van de Grift, se resisten a aceptar que el nombre surgiera "in mockery" -como mofa o burla- y prefieren pensar que se puso como manifestación de un anhelo de ilusión y esperanza de los conquistadores por encontrar semejante paraíso. Pero el modo de ser y el carácter hispánicos, su actitud general ante las fantasías idealistas -actitud socarrona recogida en tantos otros documentos y hechos- no da pie a esta interpretación, para la cual, además, no se presentan pruebas; sino más bien a la interpretación de Putnam, Bancroft y del Portillo, entre otros, más acorde con el sentido del humor irónico, burlón y mordaz del español, y con su sentido realista.

- Gracias: José Carlos Villaro Gumpert



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