Etimología de CHUMBO

CHUMBO

La palabra chumbo viene del portugués chumbo (plomo) y este del latín plumbum. El portugués cambia la pl- (plumbum) latina a ch- (chumbo), como hemos visto en chantar (de plantare), chopo (de populus) y chuva (de pluvia). En español americano, la palabra chumbo significa balazo, como vemos en este extracto de Martín Fierro:

Áhi no más ¡Cristo me valga!
rastrillar el jusil siento;
me agaché, y en el momento
el bruto me largó un chumbo;
mamao, me tiró sin rumbo,
que si no, no cuento el cuento.

Por de contao, con el tiro
se alborotó el avispero;
los oficiales salieron
y se empezó la junción:
quedó en su puesto el nación
y yo fí al estaquiadero.

El gaucho Martín Fierro (1872) de José Hernández

Esta palabra también tiene la aceptación de tuna. De ahí también la palabra chumbera para referirse al cactus (nopal).


En realidad chumbo tiene dos acepciones distintas. El DLE las numera así:

Chumbo1, de origen incierto, que es la tuna o higo chumbo, también llamado higo de pala, o higo de tuna, el fruto del nopal o higuera de Indias.

Chumbo2, del portugués brasileño chumbo 'plomo', que en Argentina y Uruguay es la bala (de plomo), el balazo, o la pistola que los dispara.

De chumbo1 se deriva chumbera, que es como se llama a la 'higuera chumba'.

Esta palabra plantea un problema etimológico interesante. En principio, la lengua española no tenía palabra para denominar esta planta por la sencilla razón de que antes de llegar a América no se conocía. En el ámbito de las lenguas románicas no había palabra disponible para ella. Lo habitual, cuando una lengua se extiende fuera de los ámbitos originales donde se creó, al encontrar especies de fauna y flora para las que no dispone de léxico es echar mano de las denominaciones nativas. Eso lo han hecho el latín y el griego, lo ha hecho el árabe, y en época moderna lo hacen constantemente el español, el inglés, el portugués, etc. A veces sesudos investigadores de la historia de las lenguas se habían dejado llevar por el chovinismo europocéntrico y, si no tenían inconveniente en reconocer el origen galo del beleniuntes que denominaba al beleño, o el origen hispano de cerris o cuniculus, les costaba mucho más trabajo reconocer aportes bereberes en latín y sostenían que los términos asliġwa, cherda o apuleium norteafricanos eran préstamos de latín siliqua, carduus o pulegium, pese a que estas tres palabras, que denominaban las algarrobas, el cardo corredor o el poleo, no tenían familia en latín y eran especies oriundas del norte de África.

El caso es que las lenguas extendidas siempre han tomado léxico prestado de las lenguas originarias de los países invadidos. A este mecanismo de adquisición de léxico se le ha añadido la invención de nombres por dos procedimientos, primero se le da el nombre de una especie conocida que se le parezca, y si coexisten se matiza el nombre con alguna precisión. Por ejemplo, el cacahuete / cacahuate o maní como nombres americanos tiene un sinónimo con fitónimo reutilizado en Andalucía donde se llama 'avellana (americana)', igual que en italiano 'nocciolina (americana)', y en otras lenguas 'haba sudanesa' (فول سوداني fūl sūdānī) o 'pistacho de esclavos' (فستق العبيد fustuq al-ˁabīd) en árabe, 'almendra de tierra' (بادام زميني bādām zamīnī) en persa, en inglés 'nuez guisante' (peanut). Otras veces, al no coexistir, se adueña la especie nueva del significado de la palabra para la especie original, con lo que el fitónimo adquiere diversidad zonal de significados. Valga otro ejemplo: Vimos unos españoles en el norte del Epiro griego un prado con un majestuoso algarrobo centenario, Ceratonia siliqua L., y ante la exclamación de qué hermosura de algarrobo, un amigo argentino que venía en aquel viaje se viró y con gran suficiencia nos corrigió: "¿Algarrobo? ¿Sabrán ustedes lo que es un algarrobo? El algarrobo es un árbol típico de la Pampa, que no hay acá, y tal y cual…". Se refería a los Prosopis flexuosa DC. argentinos que allá se llaman, sin más, 'algarrobos' y por toda América se llama también algarrobos a distintas especies del mismo género Prosopis.

El segundo procedimiento es inventarse totalmente el nombre. Esto pasó cuando los frailes llevaron a Roma las primeras especies de Passiflora, que además del nativo maracuyá y el reutilizado granadilla, inventaron por el parecido con los instrumentos de la Pasión de Cristo el nombre de pasionaria o fruta de la pasión de donde luego sacó Linneo el nombre genérico de Passiflora.

El género botánico se ha llamado Opuntia usando el nombre de una planta desconocida que Plinio decía que había en la ciudad griega de Opunte, capital de la Lócrida Opuntia, de la que se decía que era comestible y que si se plantaba una hoja se reproducía. Con tan pocos elementos atribuyeron el nombre a la chumbera americana. Pero los nombres botánicos son convencionalismos, no tienen por qué responder a un hecho histórico.

Los nombres de la chumbera en español tienen los tres tipos de origen.

Nativos de América son los nombres nopal, palabra náhuatl mexicana, y tuna, del taíno de los arahuacos.

Reutilizados son los nombres higo, que se matiza como higo de Indias, higo de pala, higo de tuna o higo chumbo. El motivo es que el tipo de fruto, lleno de pepitas que es imposible no tragar, ha hecho que se estableciera un parangón entre los higos frutos de la morácea Ficus carica L., el higo original, y este de las cactáceas americanas del género Opuntia Mill. El conflicto original que se produjo cuando se dedicaron a llamar higo de la India al plátano o banana e higo de Indias al chumbo se redujo en cuanto se difundieron con el nombre de plátano o banana y el género botánico de Musa (del árabe موزة mawza / mūza) las especies de plátanos híbridos sin semillas que los relacionasen con los higos, mientras que el higo chumbo fue el que se quedó con el nombre, que pasó al latín botánico como nombre de la especie que primero Linneo llamó Cactus ficus-indica L. y que en cuanto Philip Miller creó el género Opuntia se ubicó en él con el nombre de Opuntia ficus-indica (L.) Mill.

Bueno, pues después de esta introducción, que lamento que me haya salido tan larga, vamos a proponer una etimología para chumbo y chumbera.

No es nombre nativo ni reutilizado. Es un nombre de nueva creación. Y procede del mismo chumbo portugués que chumbo2, del plomo. Pero no por el color plomizo de algunas especies de chumbera, que a Corominas no le convencía, y con razón, la clave está en que chumbo es como se llaman las plomadas de pesca que suelen tener una forma redondeada en un extremo y alargada en el otro, que habría servido de base de comparación para llamar chumbos a los frutos de Opuntia. En portugués (y en gallego) chumbeira es la red fileteada de chumbos para que se hunda, que se aplica a una atarraya o esparavel, la red redonda para arrojar a mano desde la orilla, pero también es chumbo la plomada para mantener verticales las redes grandes ancladas al fondo marino para cerrar el paso a los atunes en la almadraba. La palabra gallego-portuguesa se ha usado en el léxico pesquero del español, como atestiguaba Antonio Sañez Reguart en el s. XVIII:

chombito

(Sañez Reguart: 2.291).

plomada

(Sañez Reguart: 4.341).

De este chumbo portugués vendrían los fitónimos vernáculos que registra el Real Jardín Botánico en su página www.anthos.es: para el fruto chombo, chumba, chumbo, chumbo indiano, y para la mata chumbeira, chumbera, chumbera indiana, chumbera morisca. Todos ellos se habrían originado en una zona muy influida por el vocabulario náutico pesquero gallego-portugués como es el Golfo de Cádiz, de donde se habría transmitido a las otras zonas de España donde se usa y también a las Antillas y Golfo de México, que es, según Corominas (2: 407), los únicos sitios de América donde se puede oír chumbo o chumbera.

chumberas

Aquí unas chumberas de la provincia de Cádiz mostrando todos los chumbos en el borde de las pencas, como plomadas en el filo de la atarraya. Foto de Charo Aranda. Conil de la Frontera.

- Gracias: Joaqu1n


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