Etimología de ASIBILACIÓN

ASIBILACIÓN

La palabra asibilación la formamos con el sufijo -ción (del latín -tion, acción y efecto), sobre el verbo asibilar, que procede del latín assibilāre o adsibilāre. Este verbo en principio era propio del lenguaje poético y poetas como Papinio Estacio (s. I d.C.), Ausonio (s. IV d. C.) y Claudiano (s. IV d.C.), lo emplean con el valor de silbar en respuesta, corresponder a un silbido con otro. Pero más tarde acabará significando aproximar un sonido a la forma de un silbido. Se forma el verbo con ad- (aproximación, asociación) y el verbo sibilāre (silbar).

Este verbo es derivado de sibĭlus (silbo, silbido). De ahí también los cultismos sibilante o sibilancia. El vocablo sibĭlus se asocia a una variante *sibh- de la raíz indoeuropea *swei-, que significa "silbar, soplar o sisear", lexema posiblemente onomatopéyico vinculado al sonido de las serpientes que son animales proféticos y oraculares en el mundo clásico. Este radical está presente en casi todas las lenguas indoeuropeas, y en el griego aparece en el verbo σιζω ("sizo", silbar).

La palabra asibilación pues, tiene un uso preferente en fonética y se refiere al proceso o fenómeno por el que un determinado fonema consonántico o grupo sufre una palatalización intensa hasta transformarse en sibilante (z, s). Es fenómeno frecuente en el mundo indoeuropeo que afecta preferentemente a consonantes dentales (t, d) o guturales (c -=k, g), sobre todo con determinadas combinaciones vocálicas.

Una de las asibilaciones más frecuentes en el lenguaje latino es la asibilación del grupo -ti ante vocal que genera nuestras formas en -ción, -ancia, -encia, -icia, -icie, como en acción (de actio, actionis), tolerancia (de tolerantia) o prudencia (de prudentia), impudicia (de impuditia) y planicie (de planities). Esta asibilación en la pronunciación del grupo ya se dio en el latín tardío, y es por eso que afecta masivamente a los cultismos que en teoría no evolucionan (de hecho todos los ejemplos dados son cultismos), y que aparece de modo generalizado en esos vocablos en lenguas romances o no romances. Y aun cuando estas lenguas conserven muchas veces la grafía original latina con t, la pronunciación es asibilada, como en inglés involution o en alemán Kalzination. La evolución de este grupo en lenguaje patrimonial o vulgar ha intensificado la asibilación que ha acabado "devorando" a la vocal del grupo, y el resultado ya no es -ti->-ci-, sino -ti->z, como en ordenanza (de ordinantia), razón (de ratio, rationis) o trenzar (de trinitiare).

Idéntica asibilación ha sufrido el grupo latino -ci/-ce ante vocal. La c latina siempre sonaba como gutural sorda k ante cualquier vocal. Pero ha asibilado ante esas vocales pasando a una silbante interdental, conservando a veces la grafía ci y la vocal, y otras veces pasando a z y haciendo caer la vocal, como en casos anteriores. Así de civitas (que en latín sonaba "kíuitas"), tenemos ciudad, de calciata tenemos calzada, de tenac(em) tenemos tenaz, de mixticius, tenemos mestizo. Grupos -ct- ante vocal i también han asibilado, como punzar de punctiare, y otros muchos casos particulares de grupos que sería prolijo tratar.

Las asibilaciones afectaron muchísimo al griego clásico, en especial la del grupo -ti-. Así la desinencia indoeuropea de la tercera persona del plural de los verbos -onti, que en latín da formas en -nt/-unt, como amant (ellos aman) o legunt (ellos leen), en griego jónico-ático frecuentemente pasó a -ousi, como en φέρουσι (ellos llevan). Y un hecho frecuentísico es que encontremos adjetivos griegos con sufijo -ikos (>-ico), que realmente presentan una terminación en -tico. Esa t anterior procede del sufijo de la palabra de la que se derivaban. Y en un gran número de casos estos adjetivos se derivan de un sustantivo de acción con sufijo -sis, como genético, a partir de génesis, enfático a partir de énfasis, sinóptico a partir de sinopsis y un inacabable etcétera. ¿De dónde viene esa t de los adjetivos?. Muy sencillo, la sufijación de acción del sustantivo en -sis realmente en origen era -tis y de ahí derivó el adjetivo, pero en jónico-ático esas terminaciones en -tis se asibilaron, produciendo esa ingente cantidad de sustantivos de acción en -sis.

Otras dentales y guturales asociadas a una vocal i se asibilaron en griego, y como resultado, por ejemplo tenemos la inacabable lista de palabras en que interviene el elemento -zoo-(animal, ser vivo), como protozoo o zoológico. Esta forma viene de ζῷον ("zoon", animal, ser vivo), en que la ζ (=z) procede de la palatalización con asibilación de una gutural indoeuropea, en concreto de una labiovelar gw- ante i (*gw-yo-), a partir de la raíz indoeuropea *gwei- (vivir) en grado cero. O el nombre del conocido dios Zeus es también resultado de una asibilación en griego de un grupo con dental di- ante vocal, forma en grado cero dyew- de la raíz indoeuropea *deiw- (brillar, luz diurna), que en latín en cambio conserva bien la dental originaria en vocablos como deus (dios), divus (divino) o dies (día).

Asimismo es frecuente la alternancia de formas -tt- con formas asibiladas -ss- en determinados verbos griegos como τάσσω /τάττω ("tasso/ tatto", poner en su sitio, ordenar, organizar) de donde táctica o parataxis.

La palatalización de guturales indoeuropeas con un resultado final de asibilación es también fenómeno cararacterístico de las lenguas indoeuropeas orientales, llamadas lenguas satem, como por ejemplo el sánscrito.

- Gracias: Helena


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