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Etimología de VOCAL

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VOCAL

La palabra vocal viene del latín vocalis, por vía culta. Vocalis lleva una raíz indoeuropea *wekw-, presente en vox (sonido hecho por la boca), que nos dio palabras como: voz, vocear, vocablo, convocar, evocar, invocar, etc.

En castellano tenemos cinco vocales (A, E, I, O, U). Los vascos dicen que heredamos estos sonidos claros y diáfanos del euskera, una lengua que convivía con el latín antes de que este fuera erosionado para transformarse en nuevos idiomas. El euskera es de origen desconocido y es diferente a las lenguas indoeuropeas.

Hay muchas palabras que llevan las cinco vocales, por ejemplo: aceitunado, acentuación, adondequiera, adulterio, aeronáutico, agrupamiento, aguijonear, ajustamiento, etc.

En castellano, no se puede pronunciar una palabra sin usar vocales y la vocal A es la más básica. La vocal A no necesita ninguna articulación. Sólo es necesario abrir la boca y emitir el sonido. No es como la E, I, O y U que necesitan la participación de la lengua y los labios para pronunciarlos. Por eso, la mayoría de los hipocorísticos (palabra creada de la manera del hablar de los niños) suenan como dos As juntas (por ejemplo: mama, papa, y nana). Es interesante notar que la A de los fenicios (ver diagrama) se parece al sonido que se emite. Empieza en un punto y se abre como un ángulo "<". Esto representa la boca al abrirse para pronunciar esta vocal. El sonido de la E se articula restringiendo el sonido (de la A), usando la lengua. La rayita, al medio de la E, representa la lengua. El sonido de la I se restringe con la lengua y los labios. Por eso un parece que esta sonriendo cuando la pronuncia. La O se articula igual como aparece en la letra. Es decir uno forma el circulo O con los labios, y así sale el sonido de esta vocal. La U es similar a la O, con la diferencia que se estrechan los labios.

Arriba digo que "en castellano", pues en otros idiomas las vocales no son tan claras ni diáfanas y si se puede pronunciar palabras sin vocales. Tomemos el ejemplo del latín, de donde nos vienen más del 70% de nuestras palabras:

  • El latín tiene dos clases de vocales largas y cortas. Larga y breve se refiere a la duración de la vocal. Como el nombre lo indica, la vocal larga se pronuncia por más tiempo. Es decir, la e corta se pronuncia como e, pero la larga, algo así como eee. En unos diccionarios marcan las vocales largas con una rayita arriba, pero ejemplo la e larga sería: ē . A las vocales breves las marcan con otro firulete así: ĕ. Hay que tener mucho cuidado pues la duración de la vocal cambia el significado. Por ejemplo: mălum = malo y mālum = manzana.
  • El latín tiene un tipo de consonantes que si se pueden pronunciar sin vocales y estas son llamadas semiconsonantes. Estas dieron lo que llamamos sonantes. Helena (ver su entrada en epéntesis) nos explicó que hay dos tipos de sonantes: 1) las nasales ( n y la m) y 2) las líquidas ( l y la r).
  • El latín no tenia la u, en vez de eso tenía una v, que era una semiconsonante, es decir, podía funcionar como v o como u. Nuestra U no se inventó hasta el renacimiento tomando la letra V. Ver U.
Los antiguos alfabetos fenicios y hebreos no usaban vocales (ver: biblia, papel, Jehová). Las vocales fueron un invento griego. Estos tomaron letras del alfabeto fenicio que representaban consonantes y semivocales inexistentes en la lengua griega y los convirtieron en vocales. Así:
  • Alef se convierte en Α α (alpha) - Ver A
  • Ayn se convierte en Ε ε (épsilon) - Ver E
  • Het se convierte en Η η (eta) o e larga - Ver H
  • Yod se convierte en I ι (iota) - Ver I
  • Oyn se convierte en Ο ο (ómicron) - Ver O
  • Wav se convierte en Υ υ (ípsilon) - Ver F y Y
  • Ω (omega) se toma a base de Ο (ómicron) para representar una o larga y la ponen al final de su alfabeto (ver: alfabeto y alfabeto griego).

Una aclaración sobre la notación de las vocales en los alfabetos semíticos:

En principio no hay vocales, es verdad, el alfabeto solo marca las consonantes, pero eso es así en una etapa del desarrollo de las escrituras muy arcaica, pronto evolucionan hacia el uso de lo que se ha llamado (en las gramáticas europeas escritas en latín) matres lectionis (heb. אֵם קְרִיאָה ˀem qərīˀāh, ár. أُمُّ ﭐلْقِرَاءَة ˀummu l-qirāˀah, literalmente "madre de la lectura" para significar "guía de lectura"), es decir, el uso de consonantes sin vocal propia que se escriben a continuación de otras consonantes para sugerir el timbre vocálico con el que se debe pronunciar esa consonante previa. Las más frecuentes fueron:

  • la [ˀ] (oclusiva glotal sorda) para indicar generalmente el timbre de /a/ pero también el de /e/,
  • la [h] (fricativa glotal sorda) para indicar timbre de /a/ o de /e/ y excepcionalmente en las grafías más antiguas el de /o/,
  • la [y] (AFI/IPA [j], aproximante palatal sonora) para la /i/ y la /e/,
  • la [w] (aproximante labiovelar sonora) para la /u/ y la /o/,

Menos frecuentes fueron:

  • la [ḥ] (fricativa faringal sorda) para la /e/ o la /o/,
  • la [ˁ] (aproximante faringal sonora) para la /e/ o la /o/.

El uso de matres lectionis fue general en hebreo antiguo, arameo y fenicio-púnico y lo ha heredado el árabe. Se supone que este uso vocálico de las consonantes se llegó a producir por evolución de los diptongos marcados como consonante+vocal+w o consonante+vocal+y hacia vocales largas de timbre /ū/ o /ī/, es decir, -aw → -ō / -ū, o bien -ay → -ē / -ī. A partir de aquí se produjo un hecho fonético similar al quedar quiescentes a final de palabra las consonantes -h y -ˀ precedidas de vocal, lo que daría lugar al alargamiento de dicha vocal, es decir -ah → -ā, -eh → -ē, -oh → -ō, o bien - → -ā, - → -ē, - → -ō.

El caso es que en las lenguas semíticas el lector tenía que discernir si una consonante [ˀ], [h], [y], [w], [ḥ] o [ˁ] tenía que leerla en cada caso como consonante o como mater lectionis de una vocal, y para ello había reglas de lectura. Cuando el fenicio difundió los alfabetos semíticos por el mediterráneo las lenguas receptoras no siempre tenían los mismos fonemas que representaban las consonantes, pero sí que tenían abundantes timbres vocálicos, con lo que la adaptación se hizo dando a la mater lectionis el mismo estatuto de letra que a la consonante, y el griego sacó

de la [ˀ] la αΑ (ă/ā),

de la [h] la εΕ (ĕ),

de la [ḥ] la ηΗ (ē),

de la [y] la ιΙ (ĭ/ī),

de la [ˁ] la οΟ (ŏ)

y de la [w] la υΥ (ў/ȳ),

teniendo que inventar el grafismo de la o doble, ωΩ(ō), y el dígrafo ουΟΥ para el timbre /u/ (ŭ/ū).

El latín, por vía del etrusco, lo hizo de otro modo:

de la [ˀ] sacó la A (ă/ā),

de la [h] la E (ĕ/ē),

de la [ḥ] la H, que siguió con su estatuto de consonante, pero no para un fonema laringal sino para el fricativo glotal sordo [h] hasta que enmudeció,

de la [y] la I (ĭ/ī),

de la [ˁ] la O (ŏ/ō),

de la [w] la V (ŭ/ū) de la que luego saldrían la U y la W, y tomó la grafía Y del griego para el fonema /ü/ (AFI/IPA [y]), aunque luego se convirtió en una mera variante gráfica de la I con su mismo timbre [i].

Y aún hubo otras adaptaciones diferentes en los alfabetos ibéricos, en tifinag, etc.

Lo curioso del caso es que, cuando repararon los estudiosos en la generación de vocales que se apreciaba en los alfabetos semíticos antiguos, como esto estaba en abierta contradicción con la afirmación cuasi dogmática de que las vocales eran un "invento griego", llevados de ese europocentrismo que tantas veces ha estorbado la comprensión de otros pueblos y culturas, supusieron que la aparición de la mater lectionis en arameo había sido una influencia griega de la época del helenismo. Y así se explica todavía en no pocos centros de estudios de Europa y América. Pero el desciframiento de los textos ugaríticos y la evidencia del empleo de matres lectionis, cuando no grafías clara y exclusivamente vocálicas en ellos, echó por tierra este prejuicio pues ha retrotraído el fenómeno hasta el siglo XIII antes de nuestra era, cuando el alfabeto griego y sus vocales no van más allá del s. IX a.n.e.

-Gracias: Joaqu1n


A los interesados en fonología los invito ver: fonema, alófono, vocal, consonante, fricativa, eufonía, cacofonía, metaplasmo, prótesis, epéntesis, paragoge, apócope, síncopa, haplología, metátesis, apofonía, asimilación, disimilación, rotacismo.



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