Etimología de CATACUMBAS

CATACUMBAS

La palabra "catacumbas" es un neologismo del siglo XVII, el cual se refiere a las tumbas subterráneas del cementerio San Sebastián, cerca de Roma. Según dicen, los cuerpos de los apóstoles San Pedro y San Pablo estaban enterrados allí. Catacumbas viene de catacumbae formada de las raíces griegas κατα (cata = hacia abajo) y τυμβος(tumbos = tumbas).


De acuerdo con el maestro Agustín Mateos Muñoz, las raíces son netamente griegas: katá = debajo (ideas afines: "catión" = que viaja hacia abajo, "catabolismo" = asimilación de los alimentos en energía) y kumbh = cavidad, definiendo la palabra como las galerías subterráneas utilizadas para sepultar a los muertos y realizar algunos ritos.

Por otra parte, tumba se deriva de la raíz helénica "tumbos", que significa "túmulo", según el DRAE. Es de observarse que ambas palabras (kumbh, femenina, y tumbos, masculino, se escriben con upsilon, nuestra "Y" -i griega-, sonando originariamente como kíbi y tíbos). Trátase, muy probablemente de cultismos que mutaron el sonido a nuestra moderna "U" por los romanos.

- Gracias: Maximiliano Mena Pérez


Hay que hacer notar que la ípsilon o y griega no suena originariamente como i, ni como u. Su sonido en griego clásico es como el de la u francesa, un sonido intermedio entre i y u, que suele representarse también como ü. Así que týmbos en griego sonaba "tümbos". De ahí las vacilaciones gráficas de transcripciones al latín de vocablos griegos que la contienen cuando estas traslaciones son anteriores al siglo III a.C., ya que el latín no tenía esa vocal en su sistema fonológico, y por tanto tampoco tenía un signo para anotarla. Unas veces se trasladó como u y otras como i. Pero después del s.II a.C. los romanos adoptan la y en su alfabeto, y entonces ya transcriben la y griega por su signo correspondiente.

Es absolutamente falso que la palabra catacumba sea un neologismo del s. XVII. La palabra catacumba se gesta en latín tardío y aparece por primera vez en S. Jerónimo (Historia Eclesiástica (fines del s. IV) y se usa profusamente en todo el latín medieval. Aunque es muy posible que el vocablo se gestara en griego, también es fácil que se construyera en latín sobre cumba, término prestado en el s. I del griego κύμβη (copa excavada en piedra, recipiente cóncavo excavado, excavación), con el prefijo griego κατά (hacia abajo).

Frente a lo que suele creer la gente, las catacumbas no son, ni cementerios cristianos ni fueron nunca lugar oculto de permanencia de cristianos ni nada parecido. Las más famosas, extensas y numerosas están en la periferia de la ciudad de Roma y su origen es el siguiente. Los romanos tradicionalmente incineraban a los muertos (salvo familias y linajes de los que sabemos que tenían tradición inhumadora) y luego enterraban huesos y cenizas en cementerios o necrópolis situados a la salida de las ciudades en torno a las vías o carreteras. Sólo los más pobres enterraban directamente ya que el ritual incinerador es más caro (requiere pagar la pira de leña, etc.). Pero desde el s. I d. C. empieza a ponerse de moda enterrar a los muertos y no incinerarlos. La ciudad de Roma era una gigantesca megalópolis y sus cementerios, ya saturados, aún se saturan más, teniendo en cuenta además que los cuerpos ocupan más que las cenizas. El subsuelo de Roma está constituido por toba, una roca blanda fácil de excavar y que una vez excavada, su superficie en contacto con el aire endurece más. Es así como empezaron a excavarse galerías subterráneas bajo los cementerios saturados, cada vez más profundas. Al iniciarse la práctica, ya cuando se disponía para cementerio un nuevo terreno se excavaban directamente catacumbas. Así con una superficie limitada, el cementerio tenía mucha más capacidad. Esos cementerios no eran cristianos, toda la gente normal se enterraba allí, y entre ellos, algunos cristianos había, que eran franca minoría, pero nada más. Las catacumbas se utilizaban para enterrar y tenían espacios para celebrar breves rituales funerarios. Está extensamente probado que nunca nadie vivió en ellas (entre otras cosas no se puede subsistir allá por la temperatura, ni es posible encender hogueras que consumen el escaso oxígeno), no hay restos de habitación ni ocupación, ni marcas de fuego, ni residuos de permanencia, salvo las huellas de las lamparillas de los rituales. No se puede negar que si a uno lo persiguen, pueda esconderse unos instantes en una catacumba, igual que puede meterse en un pozo, pero una hora o dos, no más, nadie puede permanecer allá seguido.

Las catacumbas no conservan en general enterramientos intactos o son muy escasos. En los sucesivos asedios y saqueos que desde fines del s. IV al s. VI sufrió la ciudad de Roma a mano de pueblos bárbaros, las catacumbas, que estaban fuera de las murallas, fueron completamente expoliadas por estos sitiadores en busca de ajuares funerarios o joyas, y sus alrededores y pasadizos convertidos en un mar de huesos indistinguibles. Una tradición romana dice que los jerarcas de una Roma ya cristianizada, considerando que entre esos huesos podía haber restos de mártires cristianos, los recogieron y con ellos rellenaron los cimientos de lo que serían después las basílicas mayores de Roma. .

- Gracias: Helena


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