Etimología de CHARLOTADA

CHARLOTADA

La palabra charlotada (que es una "lidia de toreo bufo" y por extensión también una "actuación pública ridícula" o un "espectáculo grotesco") proviene "de Charlot, apodo del torero bufo Carmelo Tusquellas, que en su vestido y actitudes remedaba al actor cinematográfico Charlot)" (literalmente en el DRAE).

Recoge el DRAE la denominación que recibiera popularmente un actor que encarnaba un personaje: así, igual que decimos "un "Picasso" por "un cuadro de Picasso" (ilustre pintor malagueño), llama Charlot a Chaplin (una metonímia). Lo que al común de las gentes se nos permite, parece excesivo para tal institución: Charlot es la denominación de un personaje pero fue jamás "un" actor. Charlot es un personaje bufo, descendiente directo del Arlequín, y fue interpretado por actores, payasos, funambulistas y toreros, sin ser propiedad de nadie.

Sir Charles Spencer "Charlie" Chaplin fue un actor inglés que nació (según su biografía oficial) sobre las 20 horas del 16 de abril de 1889 en la East Street, en Walworth, Londres (aunque pudiera ser más cierta la versión de que fue en un campamento de Brighmingham, como gitano que era). En EE.UU. no se le conoce como "Charlot" y en los títulos de las películas que rodó no consta tampoco "Charlot".

- Gracias: TKC

Pese a la intervención anterior, recoge el DRAE con toda propiedad que Charlot fue un actor, pues es de una evidencia palpable que en España al menos se denominó Charlot al actor Charles Chaplin, y es un uso extendido en el pueblo. Si tal apodo surgió para ese actor de un personaje que frecuentemente interpretó al principio de su carrera, es otra cosa. Surgiera de donde surgiera el apodo, a Chaplin se le llamó Charlot en España, igual que a Mario Moreno se le llamó Cantinflas. Por tanto el DRAE y la Real Academia de la lengua hacen muy bien expresando que Charlot fue un actor, pues no hacen sino sancionar el uso general y masivo del pueblo respecto a este vocablo, que fue ese y no otro.

Pero ante todo, y dado que intervenimos en una página etimológica, creo que lo que procede aquí es un estudio etimológico del vocablo a tratar y no otra cosa.

Charlotada adquiere en boca del pueblo ese peculiar valor de bufonada por la mediación del torero bufo Tusquellas, pero procede del apodo hispano de un conocido y peculiar actor, apodo que adquirió a partir del nombre de un entrañable personaje que interpretó frecuentemente y con el que se le identificó. Pero, ¿de dónde procede este vocablo?. Se trata obviamente de un galicismo.

Charlot es en francés un hipocorístico del nombre Charles, influido además por un vocablo familiar y cariñoso que es el adjetivo charlot (pequeño charlatán, que parlotea como un pajarillo) derivado del provenzal charle (voz onomatopéyica para el parloteo).

El nombre Charles y la gran mayoría de sus variantes en el ámbito mediterráneo (Carlos, Carlo, Carolo, Carles, etc, así como sus variantes femeninas Carla, Carola, Carolina, Charlotte…) dependen o derivan de la forma latina del nombre Carolus (y su variante femenina Carola). Este nombre latino fue, después de algunas vacilaciones (hay formas como Charlus) la adaptación al latín de un nombre germánico Karl (la adaptación ya aparece documentada por primera vez en su forma Carolus en una inscripción romana bajoimperial, C.I.L. VIII, 19027). Pero antes de ser nombre propio karl fue un nombre común, bien presente en las lenguas escandinavas. Karl significa a veces hombre entrado en años, pero más generalmente, no necesariamente un anciano, sino un hombre que ha madurado suficientemente como para gozar del prestigio que da la sensatez y de un estatus y prestigio de libertad e independencia en su sociedad, y está en situación perfecta para ser padre de familia y esposo (por eso también se utiliza con el valor de esposo, y padre de familia). El vocablo se deriva de la raíz indoeuropea *ĝerǝ- (madurar, envejecer), que es el mismo que da en griego γέρων, γέροντοϛ ("geron, gérontos", anciano, hombre lo suficientemente maduro como para formar parte de un consejo consultivo), de donde formamos palabras como geriatra o gerontología.

Pero la adaptación del nombre al latín con la definitiva forma de Carolus, no estuvo exenta de consecuencias semánticas. En efecto, a los oídos latinos sonaba el nombre como "queridito" o "íntimamente apreciado y querido, familiarmente valioso en nuestras vidas". Esto se debe a que se asoció el nombre al adjetivo carus (querido, muy apreciado y valorado) y además a un sufijo latino -olus de diminutivos que más bien que al tamaño necesariamente, muchas veces hacen referencia a la cercanía afectiva, a nuestros pequeños afectos cotidianos. Por ejemplo en latín filiolus y filiola ("hijito" e "hijita") no hacen referencia necesariamente a un hijo pequeño, sino al que está cerca de nuestro corazón y afecto como un hijo, sea hijo o no lo sea, y así estos vocablos dan lugar en catalán a las palabras fillol y fillola (ahijado y ahijada).

Prueba de que eso era percibido así es el hecho de que en alemán medieval el compuesto karlmann, luego transformado en apellido, en muchas zonas pasa a emplearse con el valor de amante, querido (como un lover man), sin duda por el influjo de cómo se entendía Carolus, la versión latina de karl.

Creo que ese valor afectivo que arrastra el nombre hasta nuestros días se debe a su paso por el latín, sentido cariñoso que siempre refuerzan los diminutivos sobreañadidos (piensen en el Carlinhos luso o brasileño, que suena como un mimo). Es por tanto un acierto del público español haber identificado al entrañable Chaplin con un entrañable apodo surgido de un entrañable personaje, ese inolvidable Chaplin que encandiló a su público con sus tiernas y amables interpretaciones que supieron combinar una entrañable y tierna comicidad con una fina e inteligente ironía y crítica social, totalmente exenta de acritud, un Chaplin que sin importarle a nadie si nació en una cama con dosel de rancia nobleza, o en la modesta caravana de una familia gitana, conquistó al mundo entero de los espectadores de un joven séptimo arte. Y desde luego si yo fuera Geraldine Chaplin, más que otra cosa me emocionaría cuando alguien dijera de mí que soy la hija de Charlot.

Obviamente del valor de bufonada algo grotesca para charlotada, es sobre todo responsable el torero Tusquellas, y a lo mejor no debe estar demasiado lejos, imagino, de la acepción de "Charlotín", apodo que surgió en tiempos no muy lejanos, para referirse en España a cierto político que un tiempo rigió nuestros destinos, o quizá por sus ademanes de una "digna seriedad" que resultaba cómica. En cualquier caso el diminutivo en -ín puede ser algo burlesco, y un "charlotín" no deja de ser un Charlot absolutamente menor, un mal remedo.

- Gracias: Helena


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