Etimología de CALAHORRA

CALAHORRA

El nombre propio Calahorra designa a una ciudad española de la Rioja, cuyos habitantes tienen el gentilicio de calagurritanos, con una forma más fiel al origen remoto del vocablo.

El nombre actual deriva de una forma del latín medieval Calagurra, forma alterada por analogía con los formas femeninas de ciudades, a partir del latín clásico Calagurris, que es el nombre que en latín se dio a la ciudad, que al alcanzar el rango de municipio y por tanto la ciudadanía romana para todos sus habitantes, lo que sucede en época del emperador Augusto (fines s. I a.C.- inicios s. I d.C.) se llamará Calagurris Nassica Iulia, Nassica porque tal apelativo adquirió por el patronazgo de Escipión Nasica a inicios del s. II a.C., quien estableció en la ciudad al parecer a gentes (quizá romanas, latinas o indígenas) de las que era patrono, y Iulia porque en la contienda civil entre Pompeyo y César se adhirieron al bando de Julio César que fue el vencedor.

Sobre la etimología de Calagurris se han escrito montones de cosas sin fundamento, intentando hacer casar el nombre con supuestas etimologías vascas, a veces de la mano de la insistencia en afirmar que esta ciudad perteneció a los vascones o fue fundada y construida por los vascones, lo cual es absolutamente falso. Calagurris es una adaptación latinizada de un nombre previo de etimología insegura que aparece documentado en grafía celtibérica o ibérica nordoriental en monedas acuñadas en la ciudad, que fue ceca, a imitación de los ases romanos con el típico guerrero celtibérico en el anverso, y la forma atestiguada es Kalakorikos, que tiene todo el aspecto de un nombre céltico o celtibérico con un típico sufijo -ikos y un elemento kala- que se asocia a la designación de lugares altos, y no sabemos más del resto, pero sí que su etimología es céltica, aunque podría tener una base previa muy antigua. La ciudad era celtibérica, como aseguran todos los historiadores romanos desde Tito Livio (que tuvo acceso a los documentos y reseñas de los cargos romanos sobre el terreno) en adelante, o al menos de cultura céltica, aunque no es seguro a cuál de las civitates o gentilitates célticas asociarla, pero probablemente correspondiera al grupo de los berones, ya que estos se opusieron fuertemente a Pompeyo en las guerras civiles romanas que llamamos Sertorianas, desarrolladas en buena medida en Hispania. Los berones y várdulos y en concreto Calagurris se adhirieron al bando de Sertorio, mientras Pompeyo se alió con los montañeses vascones. Y Calagurris fue fiel a Sertorio incluso tras la muerte de este líder, siendo sitiada por Pompeyo en un asedio brutal que la iba a hacer famosísima por la truculenta historia que conllevó y que narran muy bien los historiadores romanos. He aquí una muestra, escrita a principios del s. I d.C., de un relato que repiten unos y otros:

Horum trucem pertinaciam in consimili facinore Calagurritanorum execrabilis impietas sepergressa est. Qui quo perseverantius interempti Sertorii cineribus obsidionem Cn. Pompeii frustrantes fidem praestarent, quia nullum iam aliud in urbe eorum supererat animal, uxores suas natosque ad usum nephariae dapis verterunt: quoque diutius armata iuventus viscera sua visceribus suis alerent, infelices cadaverum reliquias sallire non dubitavit. (Valerius Maximus, Facta et dicta memorabilia, lib. 7, cap. 6, par. 3, línea 13).

"La salvaje obstinación de estos en una parecida fechoría la superó la execrable impiedad de los Calagurritanos. Estos, para prestar su lealtad con mayor perseverancia a las cenizas del asesinado Sertorio, frustrando así el asedio de Cneo Pompeyo, puesto que ya en su ciudad no quedaba ningún otro ser vivo, dedicaron a sus esposas y a sus hijos a ser aprovechados como abominable manjar: y para que durante más tiempo la juventud armada alimentara sus vísceras con las vísceras de los suyos, no dudó en salar los infelices restos de los cadáveres".

En efecto otros cuentan que tomada por fin la ciudad por Pompeyo el año 72 a.C., descubrieron en sus calles que un anciano roía un resto de extremidad humana salazonada y encontraron los restos de tan macabros salazones. También se hizo famosa la única mujer superviviente, una matrona a la que habían dejado viva para encender las chimeneas de los hogares. Y se generalizó en el latín de Roma la expresión "fames calagurritana" (hambre calagurritana), con que los romanos designaban a un hambre terrible que puede hacer comer sin miramientos, algo parecido a cuando nosotros decimos un hambre canina.

Quienes se empeñan en afirmar que Calagurris era ciudad de vascones, se agarran como un clavo ardiendo al testimonio de Estrabón (s. I a.C.- s. I d.C.), que afirma que era una ciudad de territorio de la Vasconia y es el único que lo hace (a decir verdad luego lo repite Ptolomeo, pero porque copia sin más la afirmación de Estrabón). Ningún historiador romano dice que la ciudad fuera vascona y son los romanos los que tienen contacto con el terreno, y no Estrabón que es un griego que habla más de oídas sobre Hispania que nunca visitó. Aun así lo de Estrabón puede tener cierta base. Al tomar y arrasar por el fuego la ciudad Pompeyo y muertos muchos habitantes, es my posible que entregara parte de la ciudad a grupos aliados suyos, lo que era habitual, y parte de sus aliados eran vascones, igual que sabemos que estableció vascones por las proximidades, extendiendo así de facto su presencia por aquella comarca que no era suya propia, y eso pudo alterar la percepción del territorio para Estrabón. De hecho Plinio, en el s. I d.C. dice exactamente, cuando habla de poblaciones del valle del Ebro, que en Calagurris coexisten dos grupos poblacionales o comunidades, una la de los Norici, ciudadanos romanos, y otra la de los fibularenses, estipendiarios o federados (Plinius Maior, Naturalis historia, lib. 3 par. 24, línea 3).

Es por eso que no es imposible, si había una presencia vascona en el entorno y ya en la propia ciudad que después es reconstruida por los romanos, que en la adaptación del nombre del s. II a.C. Kalakorikos a la forma Calagurris, una terminación en -urris fuera una influencia de hablas vasconas, no podemos saberlo a ciencia cierta (compárese con la próxima Gracchurris, nombre latino de Alfaro, derivado del nombre de los romanos Gracos, con idéntica terminación).

Lo cierto es que la insistencia en etimologías a partir del euskera o vascuence va de la mano de un interés, ese sí falaz y artificioso por atribuir a los antiguos vascones la creación de ciudades, cosa absolutamente falsa que ni concuerda con las fuentes ni con la arqueología. Los vascones antiguos desconocen el urbanismo y viven siempre en poblados, cosa demostradísima por la arqueología, nunca crearon ni siquiera las úrbulas características de la cultura ibérica mediterránea, desconocen toda estructura urbana. Otra cosa es que algunos vascones llegaran alguna vez a residir en núcleos urbanos que habían creado otros, que es diferente. Aunque por ahí páginas web de carácter acientífico les atribuyan la creación de tres o cuatro ciudades (a lo sumo), nada de esto es cierto, pues esos núcleos, o no eran vascones, o bien no eran ciudades. Así Pompaelum (la actual Pamplona cuya fundación se atribuye a Pompeyo), es una ciudad romana, fundada por los romanos en el s. I a.C. aunque pueda estar en tierra de vascones o cercana a vascones, y así lo testimonia la arqueología que demuestra que nada hay bajo los restos romanos, ni siquiera el legendario poblado de Bengoda. Oiasso (Irún) es una ciudad portuaria romana del s. I d.C. y no hay bajo sus ruinas ningún establecimiento vascón, aunque muy posiblemente el nombre, que desde luego es indígena, se tomara de algún poblado próximo previo. En cuanto a Eliumberrum, núcleo de población de los aquitanos Ausci, que ni siquiera sabemos si son exactamente vascones, es más que una ciudad una fortificación de corte galo.

Hay que tener mucho cuidado con los testimonios, pues cuando se manejan por parte de gentes que no dominan ni latín ni griego, o cuando se va con apriorismos interesados, las cosas acaban en confusiones que equivocan al lector, cuando no en claras manipulaciones. Es cierto que hay fuentes griegas que hablan de poleis para alguno de estos pueblos, y fuentes romanas que hablan de civitates. Pero jamás hablan de urbes (=ciudades). Y es que civitates en latín designa, como poleis en griego, a comunidades humanas que tienen algún tipo de forma de gobierno comunitaria o institución cívica, como consejos, asambleas de guerreros, etc., diferente a las leyes de mero parentesco o a la monarquía de linaje, en cuyo caso se habla de gentilitates. Estas gentes pueden vivir simplemente en meros poblados incluso de los materiales más perecederos.

-Gracias: Helena


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