Etimología de CONVIVAL

CONVIVAL

El adjetivo convival designa a lo relativo a un banquete o convite. Viene del latín convivalis, adjetivo de relación con sufijo -alis (>-al) a partir del sustantivo conviva (participante en un banquete), derivado de convivium (banquete, festín ritual). El adjetivo convivalis se aplica también en Roma a un tipo de cantos o poemas llamados Carmĭna Convivalia, de carácter épico y recitados en los banquetes, que cantaban loas a personajes y hechos del pasado, y que especialmente era obligatorio que los comensales recitaran en banquetes funerarios. Tenemos constancia de ellos desde el s. V a.C. Del mismo modo se habla de fabulae convivales, que son charlas o conversaciones propias de un banquete o historias adecuadas para ser narradas en banquetes. Y todo esto constituía todo un género literario. La palabra convivium (banquete, acto de vida en común) es nombre de efecto o resultado con sufijo -ium del verbo latino convivĕre (convivir, vivir conjuntamente), de donde convivir y convivencia. Se forma con un prefijo con- (idea de asociación, conjuntamente) y el verbo vivĕre (vivir). Este verbo nos proporciona multitud de palabras como vivo, vivir, vivificar, vianda, vívido, vivienda, revivir, vivíparo, vivero, etc. Se asocia a una raíz indoeuropea *gwei- (vivir), también presente en la palabra latina vita (vida), de donde vida, vital, viable, vitamina, vitualla, evitar, etc.

El banquete ha sido siempre en prácticamente todos los pueblos una institución social, ritual y religiosa de primer orden. Aunque en el mundo moderno han perdido frecuencia y parte de su carácter formal, ritualizado y sacro, todavía celebramos banquetes formalizados en ocasiones como bodas, recepciones de embajadores, homenajes importantes, etc. Los antiguos egipcios, etruscos, fenicios, cartagineses, griegos y romanos, germanos, chinos, etc. celebraban banquetes extraordinariamente ritualizados. La función primitiva del banquete siempre es de base religioso-social basada en el principio de estrechar los lazos de solidaridad de un grupo humano entre sí y con las divinidades protectoras de su sociedad, con los ancestros ausentes y con los aliados posibles, vinculándolos a sus lazos naturales y sobrenaturales mediante el rito simbólico de la comida y bebida compartidas, a las que se le da un carácter especialmente rico y extraordinario. El banquete se prolonga siempre en un largo acto de convivencia en que está especialmente presente la bebida.

Así entre los griegos, el banquete, llamado συμπόσιον ("symposion", acto de bebida en común, reunión de bebedores, por referencia a su segunda parte de convivencia y bebida), conllevaba unos rituales fijos de libaciones a los dioses (entre los que siempre estaba Dionisio), el recitado o canto de escolios e himnos, generalmente de alabanza a los dioses y versos sobre la amistad y sus goces, y la elección de un simposiarca que dirigía la mezcla del vino y las actividades de entretenimiento de la segunda parte del banquete. Los participantes recibían coronas vegetales que debían lucir en el banquete, sobre todo de mirto, árbol que simbolizaba el amor, la amistad y la eterna juventud. Se celebraban banquetes sacrificiales tras un sacrificio solemne, banquetes funerarios tras el sepelio de un difunto, banquetes de bodas, banquetes vinculados a determinadas festividades religiosas, banquetes en honor de triunfadores en la guerra o en el deporte, banquetes de hospitalidad, y además los banquetes periódicos de las "hetairías" o cofradías de hombres vinculadas por lazos de linaje o amistad que muchas veces eran germen de alianzas y conspiraciones políticas. En cualquier caso, sólo los varones participaban en los banquetes a excepción de ciertas mujeres, como entretenedoras flautistas o danzarinas, o prostitutas, admitidas para amenizar la velada de los hombres en la segunda parte del banquete destinada a la bebida. Es notorio que los griegos de época clásica tenían una alimentación de dieta mediterránea muy simple, y consideraban "delicias de banquete" platos tan simples y parcos como un puré de lentejas.

Entre los romanos el banquete, llamado como hemos visto convivium, y acompañado de manifestaciones literarias como los carmina citados, también se componía de esas dos partes, la del festín y la larga velada de la bebida y la convivencia. También celebraban banquetes sacrificiales, funerarios, de bodas y de festividades religiosas (especialmente ricos los de las fiestas llamadas Saturnalia en diciembre), de agasajo de triunfadores, etc., pero además banquetes de natalicios y aniversarios, banquetes públicos que formaban parte de la campaña de candidatos políticos en elecciones, banquetes de agasajo y de mera reunión de amigos, banquetes para los gladiadores que iban a entrar en combate, etc. Pero entre los romanos las mujeres participaban con normalidad en los banquetes: en época arcaica, mientras los hombres banqueteaban tumbados en divanes, las mujeres casadas debían permanecer sentadas. En época imperial las mujeres ya ocupan los divanes como los hombres. También era habitual el uso de coronas y adornos vegetales, y además del mirto, como en el caso de los griegos, las rosas, siempre que fuera temporada, tenían un gran papel, en las coronas de pétalos y en el adorno de la sala. Era tradicional además perfumar a los invitados con agua de rosas. Y lo que distingue a los banquetes romanos era la riqueza y sofisticación de los platos. Los romanos de época clásica gozaban de una variedad y riqueza de alimentos muy superior a la de los griegos, y de una gastronomía muy refinada. El banquete empezaba con la gustatio (una serie de aperitivos de todo tipo), a la que seguían platos de asado, de carnes, mariscos y pescados rellenos y todo tipo de alimentos. Un banquete podía tener de siete a veinte platos diferentes de los que se probaban pequeñas cantidades, y se terminaba la parte de la comida con la secunda mensa (los postres). La segunda parte del banquete que incluía danzas, música y entretenimientos de placer junto a la bebida y la charla, se llamaba comissatio. También tenemos atestiguado que en época clásica los romanos elegían un director o directora del banquete, llamado rex convivii (rey del banquete) o regina convivii (reina del banquete), pero es posible que esta práctica no sea netamente romana y se diera por influencia griega y la tradición del simposiarca en el banquete griego.

- Gracias: Helena


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