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Etimología de INDOEUROPEO

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INDOEUROPEO

La palabra indoeuropeo es un vocablo acuñado en el campo de la filología por la lingüística histórica del s. XIX. La palabra se compone del elemento indo- a partir del vocablo latino Indus, préstamo del griego Ἰνδός (Indio, de la India) y europeo a partir del vocablo Europa, que encontramos en latín también tomado del griego y que, de etimología muy discutida, parece ser un préstamo de una lengua anatolia, palabra con que en origen desde Asia menor designaron a los territorios situados al otro lado del Bósforo, y que con el tiempo pasaría a designar a todo el continente que llamamos Europa.

Los lingüistas acuñaron el término indoeuropeo para referirse a todo lo relativo a un grupo de lenguas cuyos territorios originarios de habla abarcan desde Europa hasta la India y que tienen un origen común probado por los estudios comparativistas. Y llamaron indoeuropeas a todas estas lenguas. Estas lenguas proceden de una misma lengua madre imposible de reconstruir pero probadamente existente (llamada indoeuropeo o protoindoeuropeo), hablada en una etapa muy antigua y difícil de determinar por un pueblo que en las teorías clásicas situaría su núcleo primitivo en las estepas entre Europa y Asia, y en otras interpretaciones más modernas podría haber tenido un origen anatólico. Este pueblo se mueve lentamente ocupando por migración cada vez más extensos territorios y llevando sus formas lingüísticas y culturales dominantes a ellos. No sabemos la cronología exacta de todo el proceso, pero sabemos que aproximadamente la familia indoeuropea ya se halla fragmentada en torno al 2000 a.C., tanto lingüísticamente, como culturalmente en diversos pueblos.

No existe pues una lengua originaria reconstruida, ni hay ningún documento escrito en indoeuropeo, lengua madre que no se puede rehacer, pero de la que sí poseemos la existencia de un rico sistema de raíces que se obtienen aproximadamente a partir del parentesco y la comparación entre las distintas lenguas que derivan de ella, así como determinados rasgos flexivos y gramaticales que son también reconstruibles. Nótese que toda raíz indoeuropea es siempre una hipótesis de trabajo, que puede además variarse con nuevos datos, pero en cualquier caso de menos fiabilidad que las palabras concretas de las lenguas concretas, latinas, griegas, germánicas etc., que son verdaderamente los étimos productivos de los que realmente proceden nuestras palabras.

Así el indoeuropeo parece que se escindiría primero en dos ramas (Oriental y Occidental), que son ramas de caracteres comunes, y luego en distintos grupos dentro de cada una de las ramas: estos grupos dieron lugar a diferentes lenguas antiguas, de las que a su vez derivaron otras habladas en la actualidad. Algunas de estas lenguas actuales (español, francés, inglés, portugués...) se exportaron por colonialismo a otros continentes (América, África, Asia, Australia), con el resultado de que hoy en día es mayoritario el número de los habitantes del planeta que habla lenguas indoeuropeas. Algunas de las lenguas indoeuropeas antiguas no obstante se extinguieron sin dejar herederas actuales. En las tablas siguientes puede observarse una clasificación simplificada de las más conocidas (los cuadros vacíos a la derecha indican que no hay herederas actuales de las lenguas antiguas):

LENGUAS INDOEUROPEAS

RAMA ORIENTAL

GRUPO

Lenguas antiguas

Lenguas modernas derivadas

Indo-iranio

India: védico, sánscrito

Irán: persa antiguo, avéstico

Neo-indio, nepalí, bengalí,

Dialectos de Paquistán (como el urdu y otros), Irán (persa y otros varios dialectos iranios) y Afganistán

Armenio

Armenio antiguo

Armenio moderno

Eslavo

Antiguo eslavo

Ruso, polaco, checo, ucraniano, búlgaro, serbocroata, esloveno, eslovaco.

Báltico

Antiguo báltico

Lituano, letón

RAMA OCCIDENTAL

GRUPO

Lenguas antiguas

Lenguas modernas

Griego o Helénico

Griego Antiguo con sus diversas variantes dialectales

Griego moderno

Lenguas Ilíricas

Dacio y otras variantes

Albanés moderno y sus variantes dialectales

Itálico

Principalmente:

Latín, falisco

osco y umbro

Leng. romances derivadas todas del latín: castellano o español, catalán, gallego-portugués, francés, italiano, provenzal, retorromano, rumano y sardo

Germánico

Gótico

Alemán, inglés, holandés, sueco, danés, noruego, islandés

Celta

Celta

Irlandés, escocés, galés, bretón

Anatolio

Hitita y otras lenguas de Asia Menor apenas atestiguadas.


Tocario

Tocario A y tocario B


RAÍCES Y SISTEMA FONOLÓGICO INDOEUROPEO

Algunas de las cosas que más fácilmente reconstruye el comparativismo lingüístico es un amplio elenco de raíces indoeuropeas compartidas por las lenguas históricas, tanto más evidentes y reconocibles cuanto más antiguas son las lenguas comparadas.

En general las raíces indoeuropeas son monosilábicas, si bien hay raíces ampliadas por alargamientos diversos que pueden presentar una apariencia disilábica. En su centro suele haber una vocal. La teoría clásica del indoeuropeo postula que en protoindoeuropeo sólo existe una vocal de abertura media, con dos realizaciones alofónicas: e cuando su articulación es palatal/ o cuando su articulación es velar. Por eso las raíces indoeuropeas se nos presentan en las lenguas derivadas con tres variantes posibles que denominamos grados vocálicos de una raíz: grado e, grado o y grado cero (ausencia de vocal). Las raíces indoeuropeas suelen clasificarse por su grado e que es el más fecuente. Por ejemplo, hay una raíz indoeuropea que es *kel-2 (cubrir o proteger, ocultar). Incluso en una misma lengua a veces la podemos ver en todas sus variantes en palabras derivadas. Así en latín tenemos un verbo celare (ocultar), de donde derivamos celada y celda, con raíz en grado e. Tenemos un vocablo color (en principio pigmento que cubre y oculta), con raíz en grado o. Tenemos asimismo un adverbio clam (ocultamente), con raíz en grado cero (sin vocal entre sus consonantes), de donde se deriva clandestino. Si bien estas realizaciones fónicas de una raíz en principio parece que dependen del contexto fónico, desde muy pronto se tiende a utilizar las distintas variantes con un valor de marcador morfológico (por ejemplo, raíz en grado e para marcar palabras que son verbos, raíz en grado o para sustantivos).

En general las otras vocales que aparecen en las lenguas indoeuropeas no son vocales originarias indoeuropeas. Aunque a veces una i y una u pueden proceder del cierre de una vocal indoeuropea e y o, la inmensa mayoría de las vocales distintas de o y e proceden de la vocalización de sonantes.

El indoeuropeo en efecto tiene unos fonemas que llamamos sonantes. A diferencia de las llamadas consonantes (llamadas así por los gramáticos porque están destinadas a sonar conjuntamente con una vocal), las sonantes parece que carecen de la característica turbulencia de aire en la boca que caracteriza a las verdaderas consonantes. En la práctica lo que las diferencia de estas es que pueden funcionar como centro de sílaba, como las vocales, y que pueden evolucionar a vocales o a formas consonánticas. Estas sonantes son nasales (ṇ, m), líquidas (r, ḷ), semivocales (i, w, también esta anotada como ṷ), y laringales. Las laringales fueron las últimas en descubrirse y durante mucho tiempo permanecieron en el terreno de la hipótesis. En efecto, determinadas vocalizaciones o alargamientos vocálicos, o la aparición esporádica de una gutural ocasional al final de una raíz, hicieron postular la existencia de estos fonemas para explicar estos fenómenos, fonemas que se habrían perdido en las lenguas indoeuropeas. Fue el desciframiento del hitita el que vino a dar solidez a esta teoría, pues el hitita es la única lengua que conserva claramente estas laringales y las anota. La teoría sin embargo ha visto varias versiones. En principio se postulaba la existencia de tres laringales básicas que cuando vocalizaban daban lugar a tres timbres vocálicos y que se representaban como H₁, H₂ y H₃. También se teorizó la existencia de dos o de una sola laringal, con diferentes resultados. Lo más frecuente es hoy representar una laringal con signo ə, que anota la resultante de una vocal nasalizada de timbre indefinido producto de una laringal, y que puede dar lugar a otros efectos fonéticos.

Así las cosas, por ejemplo la vocal a suele ser el resultado de diferentes sonantes, como una laringal o bien una ṇ vocalizada. Para la teoría clásica no es vocal protoindoeuropea, sino que nacería ya en la escisión a las diferentes lenguas. Trabajos posteriores afirman no obstante que la generación de la a a partir de estas sonantes ya se dio en el indoeuropeo antiguo y como tal aparece anotada ya como a en algunas raíces indoeuropeas. Un ejemplo de estos fenómenos es el surgimiento de una marca formal -a para neutros en plural y para femeninos sólo en el ámbito de las lenguas indoeuropeas occidentales, nacida a partir de una laringal. Otro es la evolución de un elemento indoeuropeo ṇ que indica negación. Da en latín la forma ne, pero también se emplea como prefijo negativo. Así en griego vocalizó en a dando lugar al prefijo privativo a-, excepto cuando se juntaba a raíces iniciadas en vocal: entonces se mantuvo como sonante n, desarrollando delante un apéndice vocálico a y dando lugar a la variante an-. En latín se mantiene la sonante y desarolla delante un apéndice vocálico e, generando una forma en- que luego cerraría en in-.

La i y la u proceden de las sonantes semivocálicas yod (i) y wau (w, ṷ), salvo cuando son el resultado de cierres de vocales más abiertas. Estas semivocales también pueden consonantizar.

El indoeuropeo tenía un extenso elenco de fonemas consonánticos. De estos, la mayoría se conservan bien en las lenguas derivadas, pero quizá las consonantes que menor índice de conservación presentan son las aspiradas y las labiovelares.

Las aspiradas se representan con signos dobles que incluyen una hache para indicar aspiración. Hay aspiradas sordas y sonoras, labiales (ph, bh), dentales (th, dh) y guturales (kh, gh). El griego clásico conserva bien las aspiradas, especialmente las sordas (ph, th, kh) que anota con los signos φ, θ, χ. En cambio la mayoría de las lenguas indoeuropeas ha reducido estas a las sordas correspondientes p, t, c : esto es lo que sucede en latín, en que en cambio las aspiradas sonoras indoeuropeas bh, dh, gh suelen dar como resultado regular la labiodental expirante f.

Las labiovelares son fonemas complejos que inician su fonación desde un punto de articulación gutural y acaban con un ápice labial o labiodental. Hay una labiovelar sorda (kʷ), una labiovelar sonora (gʷ) y también, más raras, existen labiovelares aspiradas (khʷ, ghʷ). Con frecuencia las labiovelares son reducidas por las lenguas a una labial, a veces a una gutural. Pero el latín es de las pocas lenguas que conserva estas labiovelares, especialmente la sorda que anota como qu, por ejemplo en palabras como equus (caballo) y quis (quien) o sanguis (sangre). La labiovelar sonora a veces la conserva como gu-, otras veces la labializa en w (v) y otras la guturaliza (g). El griego clásico y el celta en cambio labializan en p la labiovelar sorda, y por eso el equus latino es hippos en griego y el quis es pis.

En definitiva sería largo y complejo ver como evoluciona cada consonante en cada lengua.

Otras cuestiones relativas a la morfología propiamente, también muy extensas, puede reconstruir el comparativismo sobre esa lengua madre indoeuropea, como que era lengua flexiva y que su declinación constaba de ocho casos: nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo, ablativo, instrumental y locativo. Las lenguas derivadas antiguas también son flexivas, si bien tienden a reducir y refundir casos, y así el latín tiene seis y el griego clásico sólo cinco. Las lenguas modernas en su mayoría han perdido esta flexión nominal, si bien algunas conservan flexión en parte, de las cuales las que más familiares nos resultan son el alemán y el ruso.

Tenía además tres categorías para el número: singular, dual y plural (para más de dos). Y poseía dos géneros originariamente: animado, para entes vivos, e inanimado para los inertes.

Asimismo sabemos que era lengua sufijadora y conocemos sus principales sufijos. Algunas de las lenguas derivadas aumentaron muchísimo el elenco de sufijos por combinación o creación propia, y así el latín por ejemplo posee un amplísimo sistema de sufijos.

- Gracias: Helena



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