Etimología de ATOLLADERO

ATOLLADERO

La palabra atolladero significa atascadero, situación en que uno está atascado como si hubiera caído en un agujero, o cosa que atasca y obstaculiza una marcha y una acción, y así se habla de "salir del atolladero". Atolladero se forma con un sufijo -dero/-adero/-idero, que viene del latín -torius/-tarius y que designa lugar o relación de posibilidad en la acción, que vemos en palabras como secadero, tendedero o venidero, casadero. Y se forma sobre el verbo atollar (meter en un enredo u obstáculo, quedar atascado o enfangado) que se considera una formación romance con a- (del latín ad-) y la palabra tollo.

Lo más complicado es explicar de dónde viene este tollo que el DLE da como tollo 2, recogiendo como posibilidad la explicación de Corominas, que, como explicaremos, es la más inverosímil. Concluye Corominas, con su incesante afán de descubrir étimos prerromanos, celtismos y demás, que este vocablo vendría de un hipotético *tŭllon céltico con el significado de agujero, que el DLE da como *tullos, y lo hace pensando que el galés conserva twll, el bretón toull y el irlandés toll, lenguas que son los únicos restos actuales del antiguo céltico. Pero parece ignorar Corominas que estas lenguas célticas actuales también están plagadas de préstamos latinos. Y así se dedica a descalificar sañudamente la propuesta de Wagner, que es seguramente el único que ha sabido dar en el clavo.

Wagner propuso que nuestro tollo viene del latín tŭllius, un vocablo latino escasamente atestiguado que ya empleó Ennio (s. III-II a.C.), que es recogido y explicado por Festo y que empleó Plinio para referirse a ciertas pozas creadas por chorros o cascadas de agua cerca de Tibur (actual Tívoli), vocablo que significa chorro de agua o cascada, y también acúmulo de agua, quizás poza con agua. Corominas critica a Wagner y le llama "mal lexicógrafo" porque según él ha elegido un étimo escasamente atestiguado y "que es una rareza que jamás hubiera podido pasar al acervo léxico vulgar de Hispania". Olvida Corominas, cayendo él mismo en un defecto propio de un mal lexicógrafo, que tenemos montones de palabras procedentes de formas que literariamente tienen sólo un par de apariciones o una sola, y que además muchas veces eso es indicio justamente de que pertenecen al léxico común y vulgar, y no al lenguaje literario, y por eso precisamente aparecen poco en la alta literatura.

Y sobre todo ignora Corominas, o se empeña en despreciar, una realidad aplastante en torno a tollo, cuyas innumerables variantes sobre todo en épocas más antiguas están casi siempre vinculadas a la idea del agua. En efecto tollo y tollar se vinculan en el s. XI a un lugar profundo o una hoya de un río, después a un socavón repleto de agua en un camino, a un charco profundo que impediría la marcha. Hay además variantes toponímicas como Tolio. La forma toll en catalán está vinculada a la idea de charcas, lagunas, lugares embarrados. Formas norteñas santanderinas o leonesas nos dan tojo y tujo (que serían la evolución fonética normal de un tŭlius, con la ele simplificada), siempre asociadas a la idea de baches anegados de agua o de barro, tola y tolla en gallego se asocian a canalcitos de agua para anegar algo, y hasta Nebrija habla de "atollar en el lodo". Y Corominas parece completamente cerrado a esta realidad.

Además hay algo que Corominas simplemente ignora. Hay en Roma al pie del Capitolio un viejo lugar que con un nombre medieval llaman la "Cárcel Mamertina", hoy situada en el subsuelo de una iglesia ya que una tradición indica que en esta lóbrega prisión estuvo preso san Pedro. Bien, pues en la Roma Clásica era conocida como el Tullianum. Exactamente el Tullianum era la cámara más profunda, abovedada, de este lugar subterráneo, que realmente poco se empleó como prisión y sólo hay noticia de que allí se encerró y ejecutó a algún gran "enemigo público" de Roma, como por ejemplo el galo Vercingetórix. Pues bien, por etimología popular los romanos creían que se llamaba Tullianum porque aquello lo habría construido el rey Servio Tullio en el s. VI a.C. Otros lo atribuían al rey Tulo Hostilio (s. VII a.C.). Pero la arqueología moderna demuestra que el subterráneo más profundo remonta como mucho al s. IV a.C., remodelado en el s. II a.C., y que se trata de una viejísima cisterna seguramente construida en una poza que se anegaba naturalmente, y que pronto cayó en desuso como cisterna. De ahí seguramente el nombre de Tullianum, porque se relacionaba con un tŭllius, afloramiento o chorro de agua natural que había formado una poza, palabra que probablemente en latín tiene un origen etrusco.

Seguramente del valor de poza u hoyo anegado, deriva el sentido de tollo como agujero y no a la inversa, vocablo que hasta hoy conserva también el sentido de lugar húmedo, charco formado por las lluvias o incluso lodo o fango que atascan la marcha.

- Gracias: Helena


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