Etimología de ATROPINA

ATROPINA

La palabra atropina viene del germano atropin (1836), a su vez derivada de atropa, denominación griega de la belladona (Atropa belladonna, nombre científico creado por Carlos Linneo en Species Plantarum, 1753). Asimismo, atropa toma su nombre de una divinidad de la Mitología Griega, Atropos, que significa 'inflexible, que no admite cambios, inexorable'.

Atropos, atropa, son voces de origen griego que están formadas por el prefijo negativo a- an-, como en amoral, asexual, átomo, acéfalo, áptero, ápodo y anemia, y tropos, 'giro, vuelta', de trepein, 'girar'; y en el caso de atropina, nada más se le agrega el sufijo -ina para formar nombres de sustancias, dando literalmente como resultado a- 'negación o carencia, trop(o), 'giro', -ina, 'sustancia', de manera que la traducción textual podría ser un tanto confusa: "sustancia que no gira o no da vueltas". Pero analicemos más detenidamente las cosas:

Tropos, parece provenir de la raíz indoeuropea *trep-, 'girar', que además generó trapate, en sánscrito, con el significado de 'confundido, avergonzado'; así como los términos griegos antes citados: trepein, de donde treponema; tropos, que nos dio también trópico, tropical, tropismo y tropósfera; tropaion, 'monumento elevado de los restos del enemigo' (trofeo); en latín, tropus, 'tropo, mutación, como figura retórica; trope, de donde trovador y tropaeum, 'trofeo, triunfo, monumento, recuerdo o señal'.

En la Mitología Griega, las Moiras, eran las divinidades que representaban las personificaciones del destino de los mortales, y en particular, "la duración de una persona", así como las que asignaban a cada quien el sufrimiento que debería padecer durante su existencia. El escritor griego Homero (hacia el siglo VIII a.C.), habla de la Moira, en singular, y de manera impersonal, como el poder o la fuerza divina que rige nuestras vidas y determina cuando termina nuestra existencia. También el poeta Hesíodo, más o menos de la misma época, al referirse a estas divinidades, las personifica como tres mujeres ancianas que hilaban o tejían el hilo de la vida o del destino; sus nombres eran Cloto, Laquesis y Atropos, esta última era la que precisamente se encargaba, especialmente de cortar el hilo, y provocar de manera inevitable o inexorable la muerte o el fin de la vida de cada persona; es por eso que así se llamaba (Atropos, inflexible, inamovible, de quien nadie podía escapar). Los romanos llamaban a estas mismas divinidades Parcae, en plural, o Parca en singular (por eso a la muerte también se le suele llamar 'parca'), y les asignaban los nombres Nona, Decuma y Morta (equivalente a Atropos).

Debido a que la belladona (véase en este diccionario) y otras plantas de la misma familia poseen un alcaloide venenoso y mortal, se le llamó en la Grecia Antigua atropa, ya que quien la recibía a cierta dosis, moría de manera inflexible, irremisible o imperdonable (como la divinidad Atropos, cortaba el hilo de la vida); de aquí surgió el término moderno atropina.

Los extractos de atropina fueron utilizados por Cleopatra (69-30 a.C.) en Egipto durante el s. I a.C., para dilatarse las pupilas, (ya que entre otros, tiene ese efecto), y verse más atractiva; ese mismo uso le daban las mujeres en el Renacimiento. También ha sido utilizada como narcótico, para envenenar personas, como afrodisíaco, anestésico, etc. Actualmente se emplea como antiespasmódico, anticolinérgico, antídoto contra ciertos venenos, como algunos insecticidas, para dilatar las pupilas y examinar la retina, entre otros usos.

Los efectos midriáticos (dilatador de pupilas) fueron estudiados y mostrados por el químico germano Friedlieb Ferdinand Runge (1795-1867). Fue sintetizada por primera vez en 1901 por otro químico germano, Richard Willstätter. De modo que atropina, como término moderno, se comenzó a utilizar en alemán durante el primer tercio del siglo XIX.

En español, ya para 1840, se afirma: "la atropina ha sido encontrada en las raíces, hojas y tallos de la belladona", en el Tratado de Farmacia Teórica y Práctica, escrito por el francés E. Soubeiran y traducido al castellano por José Oriol Ronquillo (Barcelona, 1840).

Resulta particularmente interesante mencionar que dentro del orden de insectos Psocoptera, o 'piojos de los libros', existe una familia que se llama Atropidae, debido a la antigua creencia de que el sonido hecho por algunas especies del grupo, presagiaban la muerte de alguien.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rdgz.


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