Etimología de AQUEL

AQUEL

El demostrativo aquel procede de una expresión enfática del latín vulgar ecce ille o eccum ille que ya en el latín de Plauto (s. III-II a.C.) nos aparece contracta con las formas eccillum, eccilla... ("he aquí aquel /aquella..."). Pues en efecto "aquel" se decía en latín con el pronombre demostrativo latino ille, illa, illud (aquel, aquella, aquello). Pero en el paso a las lenguas romances se remodela por completo el sistema de los demostrativos, según un fenómeno que ya se detecta bien en el latín vulgar de época imperial. El latín tenía tres demostrativos: hic, haec, hoc (este, esta, esto), iste, ista, istud (ese, esa, eso) e ille, illa, illud (aquel, aquella, aquello).

Pero las formas de hic, haec, hoc resultaban muy anómalas por las irregularidades generadas por la adición de la partícula deíctica, y es por eso que en latín vulgar se va abandonando este pronombre y es cada vez más sustituido por iste, ista, istud, que acaba perdiendo su valor de "ese", para adquirir el valor de "este", y de hecho ha dado lugar a nuestra forma este. Entonces el vacío dejado por iste, se va llenando con un pronombre latino ipse, ipsa, ipsum, un enfático que significaba "él mismo", "él en persona", y que cada vez más va siendo utilizado con el valor de "ese" y de hecho da lugar a nuestra forma ese. Paralelamente, el demostrativo ille quedó invalidado para la idea de "aquel", pues en latín vulgar asistimos cada vez con mayor frecuencia a un uso de ille, illa, illud junto a los sustantivos, debido a una necesidad del hablante de especificar que un elemento que nombra es exactamente "aquel" que hace un poco ya nombró. Es así como "ille homo", en principio "aquel hombre" (que ya nombré hace un poco) pasa a ser "el hombre" (un hombre determinado). Y así este demostrativo da lugar no sólo al artículo determinado el, la, lo, los y las, artículo del que el latín carecía, sino también a nuestros pronombres personales él, ella, ello, y a sus formas flexionadas lo (de los acusativos singulares illum e illud), la (del acusativo femenino illam), le (del dativo singular illi), los (del acusativo plural masculino illos), las (del acusativo plural femenino illas) y les (del dativo plural illis).

Todas estas tendencias propias del latín vulgar ya se detectan por ejemplo en el Satiricón de Petronio (s. I d.C.), que tantas formas de habla vulgar nos reproduce, y además la forma contracta eccillum, como hemos visto, es mucho más antigua.

Por tanto los hablantes debieron recurrir a otra expresión para la idea de aquel. Ecce o eccum parece proceder con una asimilación consonántica de et (y) y la partícula deíctica enclítica -ce (aquí), vinculada a una raíz indoeuropea *ke-/ko- (aquí, ver Pokorny, pág. 609). El pronombre ille se asocia a una raíz indoeuropea *al-1 (más allá).

- Gracias: Helena


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