Etimología de PATA

PATA

Si el DRAE no determina el origen de esta voz polisémica cuya acepción básica corresponde a 'pie y pierna de los animales', es posible que se deba a una onomatopeya correspondiendo al sonido producido por dos objetos que se chocan de plano. La forma francesa 'patte' eliminó la antigua 'poe', palabra que tenía relación con el antiguo provenzal 'paute', de origen precéltico. ¡A ver ahora si no 'tenemos mala pata'!

- Gracias: Philippe Vicente


Los patos no andan, sino que anadean, moviendo sus caderas de un lado a otro, pues sus grandes patas con membranas interdigitales, que les sirven tanto cuando están en el agua, les estorban cuando caminan en la tierra. La palabra pata es una voz onomatopéyica del sonido que hace este animal al pisar con sus grandes patas:, pat, pat. Según Diez1, se formó de la misma manera que la palabra alemana patschen (golpear, chapotear). Como explicó Phillipe arriba, de esta misma forma se creo la palabra pata, con la semántica de pie.

De pata (pie) nos vienen también:

Fuente:

  1. An Etymological Dictionary of the Romance Languages; Chiefly from the German - Friedrich Diez - tr. T.C. Donkin, B. A. - 1864.

La palabra pata ha sido hasta ahora uno de los vocablos que más chorros de tinta ha generado, sin que por eso se hubiera llegado a ninguna explicación satisfactoria. Montajes absurdos e inconsistentes han poblado incluso las páginas de reputados etimólogos. Y es por eso que hasta el momento la RAE ha hecho bien en indicar para esta palabra un origen incierto.

Esta palabra es de clara existencia en diversas lenguas romances, pues aparte de «pata» en castellano, tenemos pata en portugués y patte en francés. En italiano se constata una forma patta (golpe dado con la mano) en toscano y dialectos septentrionales, con el derivado pattone (golpe dado en la tierra al caer), en uso especialmente en veneciano, mientras zampa es la forma habitual para «pata». El occitano en cambio tiene la variante pauta, de la que sin duda depende el catalán pota, con una forma que monoptonga en o el diptongo "au", como es habitual en la evolución fonética, y estas variantes casi todos las han considerado variantes ajenas por génesis a nuestra «pata».

Es interesante además que «pata» en Nebrija se refiere no sólo a lo que entendemos por pata, sino a la planta del pie, acepción que también recoge luego Oudin, y que para Covarrubias designa los pies y manos del buey u otros animales y, según él, procede del verbo griego πατέω (pisar), lo que más o menos asume el primer diccionario académico de 1737. Curioso es constatar también que el Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales recoge para patte en francés una acepción de 1458 como «mano del hombre», y que en alemán existe Patsche, forma dotada de un sufijo diminutivo, y su derivado o compuesto Patschhand, ambas con el significado de manita o manecita.

Una forma del francés antiguo poe o pote es directamente relacionable con la variante occitana pauta y la catalana pota.

Y en definitiva, dado que no se ha sido capaz de encontrar un étimo único que explique todo este panorama global, se ha recurrido en gran medida a la imaginación. Y la explicación más en boga hasta ahora era que «pata» y todas las formas que directamente se relacionan con ella, dependerían de una onomatopeya pat- del ruido de la pisada, onomatopeya que algunos casi «universalizan», incluyendo en ella el verbo griego πατέω (pisar). Socorrido recurso universal el de la onomatopeya cuando no se sabe explicar algo, y que además no explica que todos oigan "pat" ante una pisada, como sí es cierto que todos oyen "pi" ante el canto de un pajarillo. Pero claro, además, el occitano pauta y el catalán pota, aunque se parezcan, no cuadran con la supuesta onomatopeya *pat-. La solución, contando con la arcaica forma del francés poe/pote, con el alemán Pfote (pata), procedente del bajo alemán medio pôte, y el neerlandés medio pôte, fue postular para estas formas un hipotético étimo germánico *pauta, que, ya se sabe, pasaría a través del fráncico a los territorios galos, y de ahí al catalán, solución de Frings que aún recoge para pota, por ejemplo, el diccionario de Alcover[1]. Aun así, como bien argumenta Corominas, es extrañísimo que ese supuesto étimo germánico no aparezca en absoluto en el conjunto de las lenguas germánicas, y sólo se dé en muy escasos territorios en contacto con la Romania. Lo que indica que es al revés, que se trata de un préstamo latino en tierras de hablas germánicas en contacto, aunque este vocablo nadie haya sabido explicarlo bien, ni siquiera Corominas. Pero también para la ausencia de tal raíz en germánico se ha hallado solución imaginativa. Frings apuntó que podía tratarse de una voz prerromana, pregermánica (¿ilírico?, ¿ligur?). Y así el Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales soluciona el asunto de la vieja voz francesa poe/ pote, con un *pauta que dice que es «precéltico», que vaya usted a saber qué puede ser. Y frente a todas estas imaginativas especulaciones, Corominas opone muy razonablemente un dato: la existencia de una arcaica forma pouta en gallego y portugués antiguo, que hay que sumar a las que ya hemos señalado, frecuentemente referida a la idea de garra o zarpa, claramente vinculada a estas variantes pero sin contacto con ellas, lo que desbarata el aporte del fráncico de una voz germánica o pregermánica, o bien de la supuesta voz precéltica en suelo galo. De eso nada puesto que también se da en un territorio tan alejado.

Corominas afirma, en todos sus diccionarios y muy acertadamente, que "salta a la vista la imprudencia de separar *pauta del tipo *patta del castellano y otros romances", y sin embargo no acierta a librarse de la hipótesis onomatopéyica para *patta, y en cuanto a *pauta, siguiendo a Jud y Sainéan, que estudian los derivados romances del latín plauta (femenino de plautus, adjetivo referido, entre otras cosas, a la superficie plana de la planta del pie), concluye que ha de tratarse de un cruce entre *patta y plauta. Corominas acierta al considerar que todas estas formas para la idea de pata han de tener un origen común y que la distribución geográfica de sus variantes necesariamente ha de responder a un producto interno de la Romania, pero no le da solución satisfactoria.

El lío para explicar esta forma ha sido pues monumental.

Cuando no hay más que investigar a fondo en el latín vulgar tardío que hablaban absolutamente todos los habitantes del Imperio romano occidental para encontrar cumplida explicación a muchos fenómenos.

En este caso la clave está en el verbo pangĕre, un notable verbo latino, sin duda bien conocido para todos los etimólogos, verbo con un infijo nasal vinculado a la raíz indoeuropea *pak- (fijar, clavar, atar, asegurar), pero que en la mente de los romanistas aparece habitualmente asociado, bien a la idea de ensamblar (por obra de sus frecuentes prefijados que generan vocablos como compacto e impacto), bien a la idea derivada de un acuerdo entre dos partes, por obra de que su participio pactus, y especialmente la forma neutra sustantivada pactum, que desarrolla definitivamente ya en latín la idea de convención, acuerdo y pacto y se asocia abrumadoramente a un verbo secundario, paciscor (pacisci si lo nombramos en infinitivo), que es ya hacer un tratado, establecer un pacto, obtener un acuerdo, llegar a una convención y se relaciona con pax y pacāre, etc. Es por eso que si rebuscamos en el corpus literario latino las ocurrencias de pactum, pacta o pactus, vamos a hallar una abrumadora mayoría de tratados, pactos matrimoniales y prometidas (pactae), y cosas afines, que oscurecen del todo, incluso para muy avezados lingüistas, el significado originario del vocablo, así como el que siempre tuvo en el fondo léxico latino desde las épocas más arcaicas hasta las más tardías en latín corriente. Porque pangĕre propiamente es clavar, fijar, especialmente hundir en el suelo, y de ahí establecer sólidamente y asentar algo bien, y su participio, que presenta también la forma panctus-a-um (si bien muy raramente testimonia esa [n]), pero más normalmente pactus-a-um (fijado, clavado, plantado -específicamente en el suelo-, establecido), aunque muy vivo, aflora muchas menos veces en la gran literatura que el pactus o pactum de paciscor.

Es muchas veces el lenguaje jurídico con sus expresiones el que nos trasmite los prístinos significados, como en la expresión pactis legibus[2], según las leyes establecidas, propiamente las leyes bien fijadas, o mejor dicho, en origen «clavadas», pues era esa la vieja forma de promulgarlas.

Y es el valor de fijar, hincar o clavar el que vemos en estos versos de Ovidio:

Cornua cum lunae pleno semel orbe coissent
Litoribus nostris ancora pacta tua est.[3]

Que traducimos muy literalmente: «Cuando los cuernos de la luna se hubieron unido por primera vez en un disco pleno/ tu ancla fue fijada a nuestras costas».

Téngase en cuenta que uno de los derivados latinos de la raíz de pangĕre es palus (< *pak-slo) que no es exactamente lo que hoy entendemos sin más por «palo», sino la vara, el palo o el poste hincado o fijado en el suelo, o el que sirve para fijarlo, clavarlo o plantarlo en el suelo.

Y en el fondo pactum en origen no es más que lo sólidamente fijado, clavado en sentido físico y en sentido figurado, establecido y determinado.

Y lo establecido fue desde el inicio a los tiempos más tardíos y medievales de pleno siglo XII.

Pero una de las acepciones más generales en el habla vulgar y rural latina del verbo pangĕre, es plantar, plantar una planta, plantar en la tierra. Es uno de los verbos que significan plantar en agricultura, no cuando se siembra con semillas que eso se expresa con serĕre u otros verbos, sino cuando se hinca en la tierra una vara, sarmiento o esqueje para una planta nueva, y eso lo vemos en todos los autores clásicos y posclásicos desde el s. I a.C. que hablan de agricultura y en otros autores que casualmente hablan de alguna plantación de algo. Y se detecta el participio con todas sus variantes (pacta/ pancta) en la literatura del s. IV d.C.

Y en definitiva como dice Pompeyo Festo: pangere, figere; unde plantae pangi dicuntur cum in terram demittuntur[4]. Es decir «ʽpangereʼ es ʽfigereʼ (=fijar, clavar, plantar), de donde se dice que las plantas se plantan (pangi) cuando se dejan caer en la tierra».

Y por supuesto el participio panctus-a-um o pactus-a-um, ambas formas en un tiempo tardío existentes, significa fijado, clavado, plantado en tierra. Pero es que tenemos suficientes indicios de su sustantivación. No tenemos más que ir al Thesaurus Linguae Latinae para encontrar en los glosarios de baja época formas como pactarium, pactario y pactorium[5], explicadas en esos glosarios como equivalentes a plantarium (vivero), voz que ya emplea Plinio. Esto apoya la existencia de una forma sustantivada pancta/pacta totalmente identificada con planta, y no olvidemos que la forma latina planta no sólo se refiere al vegetal hundido en la tierra, sino a la planta del pie o al pie mismo que en la tierra o el suelo se apoya.

El elemento pact- en cualquier hablante del Imperio Romano se asociaba tanto a una planta (vegetal), como en general a lo que se fija o se planta sólidamente en el suelo.

He aquí un étimo pancta/pacta, que indudablemente, aparte de una variante *panta de la que hay trazas en algunos posibles derivados, debió generar en latín vulgar tardío en la Romania dos variantes. Una variante *patta por pura asimilación consonántica, antes de posibles palatalizaciones zonales de grupos -ct-, y otra *pauta, algo más cultista, como auto de actum. Y si generalmente se acepta que el otro pactum (el de los acuerdos entre partes y las convenciones resultantes), ha dado lugar a diferentes formas en patt- en la Romania (como el italiano patto) y en su forma neutra plural ha generado la palabra castellana «pauta», la norma o modelo, la regleta o línea que sirve para escribir derecho, ¿qué inconveniente va a haber para que una forma homófona, idéntica y del mismo origen, aunque con diferente acepción, evolucione igualmente pacta> *patta / *pauta?

En nada sorprende que unas formas *patta/pauta nacidas de un *pacta que sería sustantivación de la bien atestiguada forma adjetiva-participial pacta (fijada en el suelo, plantada, sólidamente asentada) vinieran a cubrir en latín un vacío en el léxico para referirse tanto a los soportes de un mueble como a las extremidades de los animales, especialmente los cuadrúpedos, que son los «soportes» que los fijan al suelo y que en el suelo «se clavan», y que propiamente en latín literario no tienen denominación específica, empleándose pes, con una ausencia de diferenciación entre las extremidades humanas y animales. Es el caso de formas como nuestra pata, el portugués pata, el francés patte (con una simplificación y sonorización antigua pade), el macedo-rumano pătună, el occitano pauta, el catalán pota, el antiguo francés pote/poe y los préstamos pôte en el ámbito germánico limítrofe.

Y no es extraño que la asociación pacta-planta produjera que el vocablo pudiera designar también con toda normalidad a la planta del pie, como se recoge para pata en el castellano del s. XV. Pero además hay que tener en cuenta que en los animales, cuadrúpedos, en su inmensa mayoría los que acompañaban la vida del hombre, no hay demasiada diferenciación aparente entre extremidades anteriores y posteriores, y todo son patas, las «manos» y los «pies», aparte de la fácil asociación de la idea planta del pie-palma de la mano. De ahí que no sea extraño que el vocablo se desplace a una extremidad cualquiera, y que encontremos el préstamo Patsche (manita) en alemán o el vocablo dialectal patta (golpe dado con la mano) en el italiano del norte. Y mucho menos extraña es la asociación con la idea de zarpa o garra, que es una pata o mano animal que se hinca, se clava o aferra, ideas inherentes a la raíz de pacta, como sucede con el pouta del galaico-portugués antiguo o el macedo-rumano pată. Incluso Mistral en su diccionario provenzal y occitano[6] que recoge las variantes pato y pauto para pauta (pata), da como acepciones, además de «pata», «mano» y «garra». Y para el aumentativo patas/ patasso/ pautasso/ piautasso[7]las de «gran pata», «gran mano» o «gran pie».

En cuanto a la existencia de una forma romance panta, que procedería de la variante latina pancta y constituye una excelente prueba de la solidez de lo que argumentamos, Pianigiani la da como variante provenzal[8]. Esta explicaría el oscuro derivado «pantufla» (y todas sus formas correspondientes en las lenguas romances). El Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales en la entrada correspondiente pantoufle[9], afirma: «le mot serait d'origine méridionel, ce qui expliquerait à la fois la syllabe pant- au lieu de pat-(phénomène phonétique propre à l'occitane)», pero sin asegurar que panta sea una forma atestiguada.

Como hemos visto en la Romania es común la asociación de ideas pata-pie-mano en torno a estas variantes radicales.

Un segundo panto/ panti/ pantre o pantoul designa en occitano al rústico, grosero y torpe (si bien Mistral relaciona a nuestro juicio erróneamente estos vocablos con el latín pantex, «panza»), y asimismo un derivado diminutivo pantouquet (joven rústico, hijo de campesino), una forma pantouqueto (mujer o hija de campesino, canción rústica) y otra pantouras (rústico grandote)[10]. Estas formas y sus derivados a nuestro juicio, no se deberían a ningún fenómeno fonético occitano, sino a la mera conservación de una variante latina pancta>panta, o panctum > panto. Nos planteamos incluso si tales formas no habrían influido por etimología popular en la acepción específica de la prenda llamada pantalón, caracterizada por sus perneras, que sabemos indudablemente procedente del personaje de la Comedia del Arte Panthalon o Pantaleon, pues otros tipos vestían formas de «pantalones» y cabe preguntarse por qué el nombre de este precisamente para designarlos.

En cuanto a estos derivados occitanos con el valor de rústico, grosero o labriego, a los que habría que añadir determinados derivados como el castellano «patán» («el villano que tiene grandes patas» según Covarrubias), el italiano patan, o el francés patois (lengua grosera, rústica e incomprensible, voz que el Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales explica como derivada de patte o pat- por el hecho de «gesticular mucho con las manos») y derivados similares, parecen muy poco consistentes las explicaciones repetidas por aquí y por allá a partir de ideas como que los villanos y rústicos tienen «grandes patas», llevan calzados grandes o cosas similares. Personalmente sostengo que puede tratarse de formaciones a partir de pancta> panta, y pacta> *patta en su acepción de planta (vegetal que se planta), o del mero radical supino panct-/ pact- del verbo pangĕre en su acepción agrícola (plantar), de manera que derivados latinos posibles como *panctus, *pattanus u otras formas similares, pudieron haber significado «plantador, relacionado con las plantas», en definitiva, labrador, labriego o rústico, en concurrencia con formas clásicas como paganus (aldeano), derivado de pagus (aldea, en origen territorio delimitado por empalizadas), que tiene por cierto la misma raíz indoeuropea que pangĕre. De hecho algún derivado de pangĕre con el significado de «labriego» se testimonia, como el paconantes del glosario de Linsay[11], anterior al s. VII, identificado con plantantes, y por tanto con plantator, que con el significado de labrador y cultivador, es término muy frecuente en la literatura cristiana del s. IV (Paulino de Nola, Agustín de Hipona) y posterior.

Mistral recoge un interesante derivado occitano patàri[12] (rústico, labriego, campesino, pero también paleto, grosero e imbécil), que se diría la evolución regular occitana de un posible *pactarius / pattarius (plantador, cultivador, labriego), aunque hay que reconocer gran similitud con la forma patarin que designaba a los herejes valdenses, de un origen completamente diferente, y aunque los patarinos no eran en principio labradores ni rústicos, una posible asociación despectiva de la herejía o el descreimiento con la ignorancia, la grosería y la rusticidad (una especie de relación a la inversa que la establecida en el caso del latín paganus, «aldeano», y la acepción final de pagano), hace que este vocablo pueda ofrecer serias dudas.

El occitano también presenta gran interés en otros derivados como patoulas (gran estúpido), y el infinitivo patoula (golpear, seguramente en origen con las patas), derivaciones que nos recuerdan a nuestro vocablo «patulea», para el que suele admitirse un origen galaico-portugués.

Toda esta explicación mucho más extensa se halla en mi artículo sobre el tema publicado por la Real Academia Española[13].

Fuentes:

[1] Alcover, A.M.- Moll, F.de B., Diccionari català-valencià-balear. (http://dcvb.iecat.net/)

[2] Que aparece unas cuantas veces en la literatura, como por ejemplo en Plauto ( Asinaria, 734), o en el hispano Higino (Fabulae, 89, 3, 9).

[3] P. Ovidius Naso, Heroides, Carmen 2, vs 2-3. CLCLT. Library of Latin Texts. Centre Traditio litterarum Occidentalium (version 7ª, en DVD), 2008. Ed Brepols.

[4] Pompeius Festus, S. Epitoma operis de verborum significatu Verrii Flacci, lin. 6. CLCLT. Library of Latin Texts. Centre Traditio litterarum Occidentalium (version 7ª, en DVD), 2008. Ed Brepols.

[5] Gloss III Abstr. PA6, I Ansil. PA 13, V Abba PA 137. Gloss IV, 547, 51 y V 509, 9 y 608, 21. in Thesaurus Linguae Latinae.Bayerische Akademie der Wissenschaften. München, 2004 (DVD ed. K. G. Saur).

[6] Mistral, F., Lou Trésor dou Félibrige ou Dictionnaire provençal-français embrassant les diverses dialectes de la langue d'oc moderne. Aix-en-Provence, 1886. T. II, p. 501

[7] Ibidem, p. 499.

[8] http://www.etimo.it/?term=pantofola&find=Cerca

[9] http://www.cnrtl.fr/etymologie/pantoufle

[10] Las variantes diminutivas quizá podrían tener cierta relación con el catalán patuf (niño pequeño) y su diminutivo patufet. Patuf es también en el Ampurdán bruto, sucio y de malas hechuras.

[11] Vide paconantes in Thesaurus Linguae Latinae.Bayerische Akademie der Wissenschaften. München, 2004 (DVD ed. K. G. Saur).

[12] Ibidem, p. 499.

[13] PINGARRÓN SECO, Elena, La palabra "pata" y sus correlatos romances: una propuesta etimológica global para la Romania. BRAE · Tomo XCIX · Cuaderno CCCXIX · Enero-Junio de 2019 (http://revistas.rae.es/brae/article/view/150/788 )

- Gracias: Helena


En Perú, pata no solo es el "pie" de un animal, sino además, es el mejor amigo o grupo de mejores amigos de una persona. Y es que las patas siempre andan juntas. Ejemplo:

"Juan y Pedro son mis patas del alma".

- Gracias: cerwill


En Argentina, los amigos son los que te hacen pata (imagino que en el sentido de apoyo). Tal vez en Perú tenga el mismo origen.

- Gracias: Wiyo

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