Etimología de MERITOCRACIA

MERITOCRACIA

La palabra meritocracia es un neologismo acuñado a mediados del s. XX. Se trata de un compuesto híbrido greco-latino. Su primer elemento deriva del latín merĭtum (valor, mérito, salario que se gana, ganancia o servicio) o de merĭtus (el que se ha ganado algo, merecedor) participio del verbo mereri (ganarse algo, merecer), vinculado a una raíz indoeuropea *(s)mer-2 (compartir, ganar una parte). El segundo elemento -cracia, muy empleado en términos políticos para expresar quién tiene el poder en un determinado sistema (democracia, aristocracia, burocracia, gerontocracia, etc.), deriva del griego κράτος (poder, fuerza), con un sufijo -ia de cualidad. Este vocablo griego se asocia a una raíz indoeuropea *kar- (duro, fuerte).

La meritocracia sería un sistema social o político, de organización de la sociedad, basado en el mérito, en que los puestos, jerarquías y funciones, sean candidaturas políticas o sean puestos laborales, se obtienen atendiendo exclusivamente a la evaluación del mérito y la capacidad personal de los individuos para ellos.

Aparentemente, un concepto tan sano y natural como este, nació cargado de un tinte negativo, pues sus acuñadores lo crearon precisamente para atacar la meritocracia. Argumentaban estos que en las sociedades más o menos meritocráticas los puestos principales seguían estando preferentemente en manos de las clases más privilegiadas o dominantes. Puede que sí, pero sin duda no por la meritocracia, sino porque junto a ella se dan prácticas menos justas. Por ejemplo, ¿existe en esas sociedades igualmente la necesaria igualdad de oportunidades?. Porque, claro, si sólo los ricos pueden ir a los mejores colegios y a las mejores universidades, es meritocracia "con truco". O si además del mérito están funcionando otros factores de selección que se infiltran por doquier como el enchufismo, el amiguismo, el sectarismo o el nepotismo, ya no podemos hablar de meritocracia pura, que puede que no se dé en ninguna parte, hay otros elementos arbitrarios en juego.

Y lo que no tienen en cuenta los detractores de la meritocracia, es que allá donde no existe el criterio del mérito para acceder a un puesto, han de existir otros criterios cualesquiera. ¿Y cuáles son?. Pues no hay muchos, los únicos que hay, normalmente la pertenencia a una etnia, a una religión, a un sexo, a un partido político, a un entorno ideológico… Y díganme si no es el más justo de ellos la meritocracia, porque no vamos a repartir los puestos por sorteo. Además el que ataca frontalmente la meritocracia, hace gala de una hipocresía sin límites. Pues él, como todos los mortales, si sufre un tumor cerebral, deseará o buscará ser operado por un neurocirujano eminente cuyos méritos le justifiquen en su puesto, si busca una escuela para sus hijos no querrá un centro desprestigiado de malos resultados, e intentará elegir un centro de mérito reconocido, si tiene un problema con las cañerías de su casa, deseará de la empresa de fontanería que le envié un técnico de conocimientos y experiencia probada, no a uno que contrataron por ser hijo del gerente o por pertenecer al mismo grupo religioso que el jefe o por dar trabajo a todos los del pueblo, y reclamará si un mecánico chapucero que no merece ejercer ese trabajo, hizo una barbaridad en el motor de su automóvil. Hay mucha falacia e hipocresía.

Sin embargo los antimeritocráticos están presentes en muchos sitios, a veces deteriorando todo aquello que tocan. Por ejemplo, si eliminamos una sana y razonable meritocracia de un sistema educativo, lo único que conseguimos es que el sistema pervierta a sus usuarios y bajen drásticamente sus resultados y efectividad. La meritocracia implica esfuerzo. Y una ley biológica insoslayable es la de la "economía de esfuerzos y energía": nadie está dispuesto a escalar un monte para buscar grosellas, si se las regalan a la puerta de su casa. Si todos los alumnos de un sistema pasan de un curso a otro, independientemente de sus resultados, y si todos pueden acceder a lo mismo hagan lo que hagan, sólo los muy excepcionales y raros por puro gusto hacia el trabajo harán algo.

- Gracias: Helena


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