Etimología de ALBEDO

ALBEDO

La palabra albedo viene del latín tardío albēdo, 'blancura, blanco', de albus, 'blanco, pálido, blanqueado'; originado de la raíz indoeuropea *albho-, 'blanco', de donde procede la voz germánica Elfe, 'una manifestación fantasmagórica de apariencia pálida, o en inglés, elf, 'fantasma'. También se originaron de *albho-, muchas voces y expresiones en latín: tunica alba o vestis alba, 'vestimenta o túnica blanca'; albumen, de donde albúmina, (ovolabúmina presente en la clara del huevo y lactoalbúmina, en la leche); albatus, 'vestido blanco'; albidus, 'blanquecino'. Otros vocablos derivados: alba 'amanecer'; cuatralbo, animal con las cuatro patas blancas, como los caballos; albura, región clara en el corte transversal de un tallo leñoso, que rodea al duramen, más oscuro; Albugo, cierto género de hongos; albino, álbum, alborada, albeo; y por supuesto, albedo, que del latín pasó sin cambios al italiano, inglés, español, alemán, polaco, rumano, etc. Entonces, puede traducirse literalmente como "blancura o blanco".

Albedo es un término utilizado en óptica, fotometría, astronomía y meteorología principalmente, y aunque es un concepto cuya comprensión implica el concurso de muchos conocimientos, en especial de física y matemáticas, se puede definir de manera general como la razón o proporción que existe entre la cantidad de luz reflejada o difundida por un cuerpo o superficie y el total de luz que incide sobre él, y se expresa en fracciones decimales o porcentaje, entre 0 (0%) y 1 (100%); así, por ejemplo, la Tierra tiene un albedo de un 33% o 0,33, o 1/3; la Luna, 12%; Venus, entre 65 y 75% (por la densa capa de nubes que rodean su superficie permanentemente); Mercurio, 11%; Encélado (satélite de Saturno), 99%; algunas nubes y la nieve, hasta un 85%; el carbón, prácticamente 0%, etc.

La palabra albedo fue utilizada por primera vez en 1760, por el astrónomo y matemático suizo Johann Heinrich Lambert (1728-1777), en su obra Photometria. Un siglo después, entre 1859 y 1861, el astrónomo estadounidense George Phillips Bond (1825-1865), profundizando mucho más en este fenómeno, volvió a retomar el término, cuando publicó una comparación entre el brillo del Sol, la Luna y Júpiter; desde entonces, surgió el nuevo término o concepto de Albedo de Bond.

Albedo también suele aplicarse en el vocabulario botánico, a la capa blanca de la cáscara de los cítricos, donde abunda la pectina.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rdgz.


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