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Etimología de ALUBIA

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ALUBIA

La palabra alubia viene del árabe اللوبيا (al-lūbyā), pero esta palabra en árabe es de origen griego. En griego se decía a la semilla, que tiene forma arriñonada, λόβιον (lóbion), diminutivo de λόβος (lóbos) "lóbulo (de la oreja)". Esta palabra λόβιον (lóbion) "lobulillo", tenía un plural λόβια (lóbia) "lobulillos", de aquí fue de donde salió un helenismo para denominar los frijoles en arameo: לוביא (lūbyā), que fue el que tomó el árabe. En español, como era costumbre, se tomó el nombre árabe con el artículo aglutinado y se dijo "alubia", pero obsérvese que este nombre no se emplea para la planta o para la vaina verde, sino sólo para la simiente, el grano, que es lo que parecía a los griegos el lobulillo de una oreja.

Este origen griego lo habíamos aceptado hasta ahora porque cuando uno llega al griego suele detenerse ahí, pues más allá apenas podemos contar con otra cosa que el indoeuropeo, con todos los inconvenientes de una lengua reconstruida a partir de los datos conocidos, lo que nos impide encontrar algo de lo que no tuviéramos ya cierto tipo de noticia previa. Sin embargo, se puede encontrar por otro camino un dato que parece retrotraer la etimología de alubia un par de milenios o más. Lo menciona Mercedes Torrecilla Fraguas en su libro Investigación sobre la lengua y la escritura sumeria del período presargónico de Lagaš. III milenio a.C. Sobre el origen de la palabra: Teoría del silabeo. Alicante: Editorial Club Universitario. ISBN: 84-8454-377-3, páginas 65, 84, 215, 385. En resumen viene a decir que se trata de la palabra monosílaba sumeria lu (= lusar, donde el superíndice sar no tiene valor fónico, sino conceptual), del III milenio a.C., que significa "judías" (= "frijoles", "alubias", "habichuelas", "porotos") y evoluciona así: lu-úbub = lu-up-pu y pasa al acadio como luppu. Está atestiguada en tablillas de principios de segundo milenio (1800 a.C.).

Llegados aquí parece evidente que la palabra ha pasado de alguna de las lenguas semíticas del norte (en época posterior al acadio) al ámbito helénico, donde se habría asimilado por etimología popular al gr. λόβιον [lóbion], "lobulillo (de la oreja)", que aparece en Dioscórides II 146, cuyo plural neutro λοβία [lobía], tomado como si fuera un singular femenino de la 1ª declinación griega ya vimos cómo dio origen al étimo arameo que a través del árabe produjo el español alubia

- Gracias: Joaqu1n


Es interesante aclarar una confusión que puede darse debido a las convenciones denominativas de los botánicos y biólogos, que a veces no son las más acertadas. En efecto en libros y páginas web pueden encontrar que las alubias, también llamadas judías, habichuelas, fréjoles, fríjoles o porotos, llamadas científicamente Phaseolus vulgaris, como todas las plantas del género Phaseolus, son originarias de América, y pensar entonces cómo es posible que en el Viejo Mundo se gestara el término alubia, ya posiblemente desde el sumerio, pasado al griego y desde él al árabe, o el término fréjol o fríjol, que en catalán es fesol, procedente del latín phaseolus (alubia), para denominar a este producto si no lo conocían y vino a Europa y los otros continentes desde América. Comprenderán que eso es imposible. Las alubias se conocían y existían en Europa, Asia y África muchos siglos, milenios incluso, antes de que los europeos llegaran a América. No sólo tenemos sus nombres y la descripción de esas leguminosas desde épocas antiquísimas, sino también el testimonio material de restos alimentarios en excavaciones arqueológicas, ofrendas de tumbas, en que al igual que otros productos alimentarios se detecta su presencia. Sólo que se trata de alubias pertenecientes a otro taxón distinto del americano. El término existe porque el producto se conocía, se cultivaba y se consumía, y además sabemos que había distintas variedades. Estas alubias eran alubias y no otra cosa, una leguminosa de semillas alargadas perfectamente diferenciadas de las habas, guisantes, lentejas y otras variantes. Y cuando los españoles llegaron a las Américas, llamaron sin pegas alubias, fréjoles o fríjoles, a todas las variedades que allí cultivaba la población autóctona porque el producto les resultaba perfectamente conocido e identificable, aunque se tratara de otras variedades. Lo que sucedió es que las variedades americanas se extendieron mucho, hasta el punto de ser hoy las más comunes, seguramente, como siempre sucede en estos casos, por alguna ventaja sobreañadida (un producto suplanta a otro casi idéntico, por ejemplo por ofecer plantas más productivas, o bien tener semillas más gruesas, o tener mayor número de semillas en sus vainas, etc.).

Luego vino la taxonomía científica, la conocida taxonomía binomial, que hay que recordar que empezó con Linneo en el s. XVIII y simplemente los científicos decidieron impropiamente usar el término latino, de la habichuela o alubia de los romanos, Phaseolus para denominar justamente al género y taxón americano, seguramente porque en su época era ya el más extendido, y llamar Phaseolus vulgaris a la especie más común. En cambio erróneamente al verdadero phaseolus romano no le dieron su propio nombre, el que le correspondía por tradición, y lo clasificaron dándole arbitrariamente el nombre de Vigna. De las diversas especies de alubias que cultivaron los sumerios, griegos, romanos, árabes y europeos antes de la llegada a América, algunas de las cuales hoy son especies extintas, unas de las más comunes son las llamadas Vigna unguiculata y Vigna sinensis, la primera de ellas cultivada aún de manera limitada en España en ciertas zonas de Extremadura y Castilla, conocida aquí como judía de careta, muy cultivada en Asia y también en América, adonde la llevaron los españoles, y conocida por allá como caupí, fríjol cabecita negra o poroto tape. Es decir, las especies, tras el contacto de Europa y Asia con América, cruzaron el charco en un sentido y en otro.

- Gracias: Helena



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