Etimología de MNEMOTECNIA

MNEMOTECNIA

La palabra mnemotecnia está formada con los siguientes elementos:

  • La palabra μνήμη (mnéme = memoria), de donde tenemos amnesia y anamnesis. Se asocia con una raíz indoeuropea, *men-, que dio: mente (mens, mentis), mentir (mentiri), mención (mentionis), comentario (commentarium) en latín.
  • La palabra τέχνη (techne = técnica), como en tecnicismo, tecnócrata y tecnología. Se vincula con la raíz *teks- (tejer, fabricar), que estaría presente en tela y texto, a través del latín.
  • El sufijo -ia que indica cualidad y es usado para crear abstractos femeninos.
La mnemotecnia se refiere a un método que ayuda a recordar algo. Por ejemplo, frases que ayudan a recordar la secuencia de algo. Así tenemos:
  • Orden de los planetas:
    • Mi Verdadero Talentoso Método Juntará Seriamente Unos Nueve Planetas
    • Martes, Venus, Tierra, Mercurio, Júpiter, Saturno, Uranio, Neptuno, Pluto
  • Músculos de la lengua:
    • Genio es hijo de papá faringeo y amigo de Lili transversa
    • Geniogloso, Estilogoso, Hiogloso, Palatogloso, Faringogloso, Amigdalogloso, Lingual Superior, Lingual Interior y Trasverso.
  • Ecuación general de los gases:
    • Pájaros Volando es igual al número de Ratones Trotando.
    • PV=nRT (Presión multiplicado por Volumen es igual al número de moles multiplicado por la constante universal de los gases ideales (R) y la Temperatura).

Conozco otro viejo recurso mnemotécnico muy interesante:

Para recordar la secuencia de las cuatro etapas de la mitosis (profase, metafase, anafase y telofase) la expresión "Prométeme Ana Telefonearme".

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rodríguez.


Es curioso que la palabra mnemotecnia se ha acuñado modernamente para algo que ya casi no existe salvo un posible conjunto de reglitas dispersas aquí y allá para recordar cosas concretas. Pero no existe una materia de estudio que se llame mnemotecnia con sus especialistas, etc. Muy al contrario de lo que ocurría en la antigüedad, pues es en Grecia y Roma donde existía de verdad, sólo que se llamaba mnemonĭca en latín, que es un neutro plural, préstamo del griego τὰ μνημονικά ("las cosas de la memoria, la mnemónica o técnica de la memoria) y cuyos especialistas recibían el nombre de μνημονικός, es decir mnemónico. Es una especialidad del conocimiento que surgió entre los siglos VI-V a.C. entre los sofistas, y que llegó a un elevado grado técnico, desarrollándose durante toda la época helenística y el Imperio Romano, toda una rama de la filosofía con complicadísimas técnicas que lograban una efectividad pasmosa y un desarrollo tremendo de la memoria en los individuos que se sometían a sus enseñanzas.[1] Su estudio era complemento indispensable también dentro de los estudios de retórica, pues no hay nada peor que un orador que no pueda recordar su propio discurso y someta a un auditorio a aburridas lecturas, lo cual en la antigüedad era inconcebible (incluso leer un power point se hubiera considerado deleznable).

Porque en efecto la memoria de lo que uno ha primero entendido y asimilado fue siempre un factor importantísimo en la cultura, y en la antigüedad se consideraba sabio a aquel que atesora aquilatado conocimiento y como el sabio Biante puede decir "todo lo mío lo llevo conmigo" y nadie me lo puede arrebatar, y considerarían que hoy hay demasiado tonto que no puede resolver sus problemas sin estar conectado permanentemente a una máquina en dependencia de "san Google".

Y en efecto parece que estos expertos eran muy eficientes en desarrollar la memoria. Cicerón en De finibus, II, 33, 104, nos cuenta una anécdota sobre el famoso estratega ateniense Temístocles (s. VI-V a.C.) y el famoso Simónides de Ceos, que se considera el creador e iniciador de la mnemónica, que le ofreció a Temístocles sus enseñanzas. Dice así:

Themistocles, cum ei Simonides artem memoriae polliceretur: "Oblivionis", inquit, "mallem, nam memini etiam quae nolo, oblivisci non possum quae volo".

Es decir: Temístocles, al ofrecerle Simónides la técnica de la memoria, le dijo: "Preferiría la del olvido, pues recuerdo incluso lo que no quiero y no puedo olvidar lo que quiero".

Nota:

[1]Es muy interesante al respecto el análisis que hace de ello Ignacio Gómez de Liaño en el primer tomo de su monumental obra El círculo de la sabiduría, el tomo que dedica a Grecia y Roma.

- Gracias: Helena


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