Etimología de EL

EL

El artículo el viene del latín ille (aquel). Este se asocia con la raíz indoeuropea *al-1 (más allá) presente en alienar, alienígena, ajeno, alarma, alerta, altercado, altruista, adúltero, ultraje, ultratumba y muchas palabras más.

El demostrativo latino ille, illa, illud (aquel, aquella, aquello), no sólo ha dado lugar al artículo determinado el, la, lo, los y las, sino también a nuestros pronombres personales él, ella, ello, y a sus formas flexionadas lo (de los acusativos singulares illum e illud), la (del acusativo femenino illam), le (del dativo singular illi), los (del acusativo plural masculino illos), las (del acusativo plural femenino illas) y les (del dativo plural illis).

El latín carecía de artículos, tanto determinados como indeterminados, de modo que al intentar traducir a nuestra lengua una frase como vir feminam laudavit, deberemos interpretar según contexto, si es mejor entender "el hombre alabó a la mujer" (si se trata de un hombre y una mujer determinados que ya han aparecido previamente en el discurso), o bien "un hombre alabó a la mujer", "el hombre alabó a una mujer" o "un hombre alabó a una mujer" (si uno de ellos o los dos son elementos no conocidos que aparecen por primera vez en el discurso). Generalmente el contexto hace entender perfectamente esta idea que el latín no especifica mediante articulaciones. También carecía el latín de pronombre personal de 3ª persona, y en su caso utilizaba propiamente un pronombre fórico para referirse a un elemento ya nombrado (generalmente el pronombre is, ea, id, o a veces ille, illa, illud).

Pero en el habla vulgar del latín tardío, reflejada en mucho material escrito de la época, asistimos cada vez con mayor frecuencia a un uso de ille, illa, illud junto a los sustantivos, debido a una necesidad del hablante de especificar que un elemento que nombra es exactamente "aquel" que hace un poco ya nombró. Es así como "ille homo", en principio "aquel hombre" (que ya nombré hace un poco) pasa a ser "el hombre" (un hombre determinado). Y es así como ille, aisladamente empleado, en principio "aquel" que ya nombré, pierde su carácter de ubicar a uno en la lejanía de los que hablan, para transformarse en "él" y remitir a alguien ya nombrado ausente del diálogo entre un tú y un yo. Y es así como queda en las lenguas romances.

Paralelamente, y como el viejo demostrativo ille pasó a tener un nuevo valor, los hablantes debieron recurrir a un giro para crear un nuevo demostrativo "aquel" y cubrir ese vacío, lo cual efectúan por diversos procedimientos. En nuestro caso tenemos un giro compositivo a partir de ecce/ eccum (ecce+ eum), "he aquí" + ille (aquel, él), que por contracción nos dará la forma "aquel".

- Gracias: Helena


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