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Etimología de PELAGRA

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PELAGRA

La palabra pelagra denomina a una enfermedad producida por falta de vitamina B1 en la alimentación, y caracterizada por erupciones cutáneas en las partes expuestas al sol, y otras alteraciones digestivas y nerviosas. El DRAE dice que viene del italiano pellagra que significa lo mismo, pero en italiano no era una palabra del fondo común latino, parece ser que los médicos del siglo XVIII tomaron el nombre del habla popular de Lombardía.

Como enfermedad la pelagra fue identificada por primera vez en 1735 por el médico catalán Gaspar Casal, que la observó en campesinos asturianos, y la describió en su Historia natural y médica del Principado de Asturias, que se publicó dos años después de su muerte, en 1762, con el nombre de mal de la rosa por el color que tomaba la piel, especialmente en el entorno del cuello y el escote, en el llamado "collar de Casal". Pero el nombre de pellagra fue consagrado por el médico italiano Francesco Frapolli en 1771, pues se estaba empezando a identificar esta enfermedad nueva y todavía no estaba claro cómo llamarla, así que algunos se referían a ella como scorbuto alpino, otros decían lepra arabum y alguno llegó a llamarla lepra asturiensis. Frapolli recogió esta denominación del habla popular de Lombardía, y lo hizo notar en el propio título del libro, Animadversiones in morbum vulgo pellagram ["Observaciones acerca de la enfermedad (llamada del) vulgo pellagra"].

Hay quien sostiene que el nombre se habría formado con las palabras italianas pelle agra con el significado de "piel agria", pero tiene toda la pinta de una etimología popular, pues la piel del pelágrico no tiene por qué ser más ácida ni más agria, ni es esto lo que la caracteriza. Otros la ven como un cultismo surgido del latín pellis aegra ["piel enferma"], pero también tiene toda la pinta de ser otra etimología popular forjada a posteriori, pues todos los que escriben sobre ella corroboran que se trata de una denominación popular, por ejemplo, Zanetti (1775), Sulla malattia chiamata volgarmente pellagra, o G.M. Albera (1781), Trattato teorico-pratico delle malattie dell'insolato de primavera, volgarmente detto della pellagra.

La etimología del primer formante de esta palabra no ofrecía duda porque la denominación popular en Lombardía tenía otras variantes también derivadas de pelle, como pellarella o pellarina, pero esta variante de pellagra estaba destinada a tener un gran éxito en la literatura médica, probablemente porque su forma recordaba el de otra enfermedad mucho más conocida y cuya literatura se remontaba a los arcanos de la medicina grecorromana, la podagra o gota. El latín podagra se había tomado del griego, donde ποδάγρα significaba "cepo" o "trampa que agarra el pié", pero ya desde el siglo IV aC Aristóteles había empleado esta palabra para enfermedades que despeaban a los perros, las vacas o los caballos, y en el siglo I dC Dioscórides emplea este término para denominar la gota, la dolorosa enfermedad provocada por acúmulo de ácido úrico en las extremidades, que hacía ver las estrellas al desdichado paciente como si tuviera atrapado el pie en un cepo para jabalíes.

Como la palabra podagra no se le escapaba a nadie que estaba relacionada con el pie, se debió de creer que el mismo proceso podría establecerse entre pelle y pellagra. Esta analogía en paralelo no es nada extraño, suelen producirse en todos los idiomas mezclas de palabras, especialmente en una época como el siglo XVIII en la que los médicos ya estaban abandonando el cultivo de la lengua latina y no les resultaba tan llamativo un disparate semejante, más o menos como en el momento presente en el que los industriales hacen mezclas tan atrevidas o más, por ejemplo viagra o velcro. Aunque fuera una creación popular, tal era la pinta de nombre culto de enfermedad que los médicos la aceptaron rápidamente y se extendió desde el italiano al latín de los libros de medicina y a las demás lenguas de Europa con muy pocas diferencias (francés pellagre, inglés, alemán, holandés, danés, sueco pellagra, catalán pel·lagra, español, portugués y polaco pelagra, etc.).

- Gracias: Joaqu1n


En realidad, la pelagra o pelagrosis, no se debe a la deficiencia de la vitamina B1 o tiamina, sino a la carencia de la vitamina B3, también llamada niacina, niacinamida o ácido nicotínico, cuya fórmula general es C6H5NO2; o a veces también a una falla del cuerpo para absorber esta vitamina, o a una ingesta baja del aminoácido triptófano, el cual se transforma en niacina en el organismo.

La pelagra, se caracteriza por la 'tríada de las d', es decir, dermatitis, diarrea y demencia. El síndrome dermal, consiste en la pigmentación anómala de la piel, sobre todo en superficies expuestas al sol, eritema e hiperqueratosis, así como inflamación de las mucosas; en los trastornos gastrointestinales predomina la diarrea; y los principales desórdenes demenciales son: irritabilidad, depresión, alucinaciones, confusión, ansiedad, etc.

En 1914, el médico y nutriólogo estadounidense, de origen húngaro Joseph Goldberger (1874-1929), descartó que la pelagra fuera problema infeccioso, como en algún tiempo llegó a pensarse, y propuso que se debía a un problema dietético. Posteriormente, el bioquímico también de los Estados Unidos Conrad Elvehjem (1901-1962) encontró que ciertos extractos obtenidos de hígados, curaban la 'lengua negra' en los perros, un padecimiento equivalente a la pelagra, y lo llamó vitamina G, en honor a Goldberger; posteriormente logró aislar e identificar la niacina. Finalmente, en 1937, otro nutriólogo de la misma nacionalidad, texano, Tom Douglas Spies (1902-1960), confirmo de manera definitiva las propiedades antipelagrosas de la niacina.

Según el New World Dictionary, Segunda Edición (1984) (otra versión, acaso más simplista sobre su etimología), el término pelagra proviene del latín pellis, 'piel', más el elemento griego -agra, 'ataque', como en la podagra o gota, es decir, una "crisis o ataque dermatológico". Aunque los orígenes del vocablo pellagra (pelagra), se remontan hasta el s. XVIII, La palabra está oficialmente documentada en la literatura médica moderna desde el año de 1811.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rdgz.



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