Etimología de SER

SER

"Ser o no ser", se preguntaba el personaje Hamlet de Shakespeare. Bueno, en realidad dijo: "To be or not to be". Lo interesante es que el inglés y el castellano son dos lenguas indoeuropeas. Uno puede ver ciertas similitudes en este verbo. Aunque "ser" no se parece a "be", cuando conjugamos la tercera persona, vemos que (él) es, es muy similar a (he) is. Además, en ambos idiomas la conjugación es muy irregular. Es decir, no decimos "el ses" y en inglés no dicen "he bes". Lo que pasa es que el verbo ser es muy usado por toda la gente. A diferencia de las palabras que nos llegan por vía culta (cultismos), que son celosamente cuidadas por los eruditos, las palabras que nos llegan por vía vulgar (patrimonial), como "ser", se van deformando. Es como las cosas, cuando más se usan, más se desgastan. Si uno sólo las tiene en libros, donde unos pocos eruditos las leen, no cambian mucho. Pero cuando se van pasando de boca en boca, entonces van evolucionando y pierden toda semejanza a lo que eran originalmente.

En ruso el verbo "ser" es "быть" (bitch), que tiene un parecido al inglés "be" (se pronuncia bi). Pero la conjugación en ruso está tan gastada, que ha desparecido. Por ejemplo:
Español Inglés Ruso
El es viejo. He is old. Он стар.

El verbo ser es una fusión de dos verbos latinos esse (ser) y sedere (estar sentado). La mayoría viene de esse por ejemplo:

Castellano (Ser) Latín (esse)
Yo soy Ego sum
Tu eres Tu es
El es est
Nosotros somos Nos sumus
Vosotros sois Vos estis
Ellos son sunt

Pero el infinito (ser) viene de sedere (sedere -> seer -> ser). De ahí también el condicional (sería), el futuro (seré, serás, etc.), el gerundio (siendo), el participio (sido), el imperativo, y el pasado (sería, serías, etc.).

El verbo latino esse se relaciona con una raíz indoeuropea *es- (ser), mientras que sedere con *sed- (sentarse).


El verbo ser es uno de los verbos copulativos del español (además de estar y parecer) y tiene un carácter perfectivo: indica que no es posible tiempo interior alguno en el significado de la predicación: "La pared es azul", ''Los perros son bravos''.

Es un verbo polirrizo, o sea, proviene de varias raices pues sus formas imperfectas, como el presente e imperfecto, vienen de una raíz (e)s* (soy, es, eras), sus formas perfectas, como pretérito, pluscuamperfecto, de una raíz fu* (fuera, fuiste) y sus formas futura y condicional, del infinitivo más el verbo haber como enclítico: ser* + haber* (seré, serás, será, seremos).

El castellano ser, y todos sus análogos con otras lenguas romanicas, provienen de un latín tardío essere, que viene a ser una regularización del verbo latino clásico esse, ya que de los pocos con terminación irregular; no terminaba en are, ere, ire, como los demás verbos. Otros verbos irregulares, ferre (cargar) o velle (querer) desaparecieron, o adquirieron la regularidad are, ere, ire tambien.

De essere del latín vulgar, se mantuvo en romance, italiano y sardo intacto, en catalán se mantuvo dos formas, una más conservada que la otra: ésser y ser; De igual manera, en francés se abrevió essere-> esre-> estre, como se encuentra en textos de francés antiguo, pero terminó perdiendo la s, quedando en être (el acepto circunflejo, ^, indica la existencia de S antigua como en pâté). Se dice que en español, portugués y siciliano (ser, ser, siri) el infinitivo y el subjuntivo pudo provenir de alguna o ambas de estas formas:

essere->esser->ser (como en catalán)
sedere->seer, seyer->ser

El origen del verbo esse latino, (contracción arcaica,de esese1), y de sus lenguas hermanas, es el verbo indoeuropeo regular ésm, que por acción de la fonética de cada una de ellas empezo a deformar:

  • en sánscrito por su falta de e y o, cambia a asmi, assi, asti, smas ...
  • en el griego la sm, sn se elide por ei-eimi, essi, eimen, eisi.
  • en gótico es- cambia a is, sm, st, sn, se apoyan de una -ij- intermedia
  • en latín las iotas breves finales se pierden (esm, est, smus, stis, snt), lo que provoca a su vez que aparezcan vocales iniciales o intermedias de apoyo (esum, sumus, estis, sunt).
indoeuropeo
es-mi
es-si
es-ti
(e)s-més
(e)s-thé
(e)s-nti
sanscrito
asmi
asi
asti
smas
stha
santi
hitita
esmi
essi
eszi
asweni
esten
asanzi

griego
eimi
essi2 ei
estí
eimen2 esmen
este
eisi

gótico
im
is
ist
sijum
sijuth
sind
latin
sum
es
est
sumus
estis
sunt


español Portugués
soy sou
eres és
es é
somos somos
sois sois
son são



Ahora bien, del paso del latín al español el verbo ser sufrió más cambios fonéticos casi más que ningun otro lenguaje romance (el gallego lo conserva más que bien, ni que se diga el sardo o la ortografía francesa): pérdidas de tes, ues y emes finales, no propias del español: (est->es, sumus->somos, sunt->son). Y varios casos de innovación: soy con yod de apoyo final como en todos los verbos en primera persona de una sílaba: voy, doy. es-> eres como analogía presente de eras* para diferenciar del nuevo est sin t, y sois como regularización de estes, pues además de que sería la única conjugación con -tes en lugar de aís, eís, suena a estos, estas.

Notas:
  1. Los infinitivos de latín arcaico son -se, que por rotacismo cambió a -re.
  2. Griego homérico.

- Gracias: niaroel


Interesa rectificar aquí una serie de ideas erróneas anteriormente expresadas, como que nuestro verbo ser es una fusión de dos verbos latinos esse y sedere (idea muy grata a Corominas, pero ya bastante descartada). No es cierto lo afirmado, pues ni el condicional, ni el futuro, ni los pasados ni el participio de nuestro verbo ser vienen de sedere. O que el verbo ser ha sufrido más "desgaste" y variaciones que otros verbos, cosa en general falsa, o que el verbo esse latino del que procede era un verbo perfectivo, también falso: tiene formas perfectivas y no perfectivas. Tenemos que examinar para entender todo esto, cómo es el verbo esse latino y por qué, y cuál es el origen de cada una de las formas del verbo ser español.

El verbo que da origen a nuestro verbo ser es el latino sum, esse si lo nombramos en infinitivo, y si decimos su enunciado completo, sum, esse, fui. Se trata de un viejo verbo indoeuropeo que presenta aparentes irregularidades en todas las lenguas indoeuropeas. Si nos atenemos al verbo latino que es el que nos interesa, de él hay que decir que su significado más arcaico es la expresión de la mera existencia, es decir, significa existir, y en muchos casos es equivalente a nuestro verbo haber impersonal. De manera que expresiones como vita est in terra, significan "existe vida en la tierra" o "hay vida en la tierra". Pero el habitual desarrollo de expresiones del verbo acompañado de un atributo hicieron de él el principal verbo copulativo latino, tanto para la expresión de situaciones esenciales como para la indicación de estados, en oraciones como Iulius altus est (Julio es alto) o Iulius aegrotus est (Julio está enfermo). Es cierto que en latín es un verbo polirrizo, pero es absolutamente falso que tenga tres raíces como se dice más arriba, y que una sea la combinación de ser + haber (se están confundiendo cosas como la formación de todos los futuros imperfectos en las lenguas romances).

Su raíz tiene dos variantes, lo cual no es nada raro, pues lo normal es que todos, absolutamente todos los verbos latinos tengan tres, es decir, que tiene menos que los demás verbos. La diferencia es que generalmente en los verbos latinos las tres variantes de la raíz proceden de una sola originaria, que ha recibido distintos alargamientos. Pero las dos raíces del verbo sum proceden de dos raíces indoeuropeas independientes y diferentes, por eso se considera polirrizo. Una es la raíz indoeuropea *es- (ser, existir), que tiene la capacidad de presentarse en el verbo en grado e (es-) o en grado cero (s-), y se emplea en la generación de los tiempos imperfectivos o durativos. Así la vemos unas veces como es- (por ejemplo es-t, "él es", es-tis, "vosotros sois", es-sem, "yo fuera", etc.), y otras veces como s- (s-um, "yo soy", s-umus, "somos", s-im "yo sea", etc.). Cuando la raíz es- va seguida de vocal, ha sufrido rotacismo. El rotacismo es un fenómeno que afectó al latín durante el s. IV a.C., que sonorizó tanto las eses simples situadas entre vocales que las alteró y transformó en una erre: es por eso que el pretérito imperfecto de sum muestra la forma eram (yo era), y no "esam" que era la forma arcaica, y el futuro imperfecto es por ejemplo erit (él será), y no "esit". El infinitivo de infectum esse, es absolutamente regular y emplea como todos los verbos el sufijo -se (es-se), lo único que sucede es que en los demás verbos el sufijo iba precedido de una raíz acabada en vocal (ama-se, vide-se…) y el rotacismo cambió su ese a erre (amare, videre), mientras en esse permaneció inalterada al no estar en posición intervocálica.

Su otra raíz es la raíz indoeuropea *bheuƏ- (ser, existir, crecer), que evoluciona en latín a la forma fu-. Esta raíz se emplea para los tiempos perfectivos o de acción acabada, que son los que más o menos equivalen a nuestros tiempos compuestos, como el pretérito perfecto de indicativo (fui, fuisti, …"yo fui, tu fuiste.."), el pluscuamperfecto de indicativo (fueram, "yo había sido"), el futuro perfecto (fuero, fueris…, "yo habré sido, tú habrás sido…"), el pretérito perfecto de subjuntivo (fuerim, "yo haya sido") y el pluscuamperfecto de subjuntivo (fuissem, "yo hubiera sido"). También sobre esta raíz se forma un participio de futuro, que es futurus ("que ha de ser"). En verbo sum es defectivo, pues carece de ciertas formas, como el supino o el participio de perfecto, y por definición no admite pasiva, aunque él mismo sirve de auxiliar en latín en la formación de ciertos tiempos pasivos de los restantes verbos.

Y vistos los rasgos del verbo latino que generó nuestro verbo ser, vamos ahora a ver realmente cómo se generó nuestro verbo castellano.

Lo primero que hay que decir es que los hablantes del latín vulgar tardío, regularizaron por analogía ciertas formas de sum que les resultaban ya extrañas. Como se dice arriba, crearon un infinitivo essere atestiguado en toda la Romania, dado que todos los infinitivos acababan en -are/-ere/-ire. De la aféresis de la vocal inicial viene ser, que por ese motivo acaba confundido con el infinitivo de sedere (con el significado de permanecer o continuar siendo), que al perder la d intervocálica, será seer y luego ser. Por lo tanto nuestro infinitivo es resultado de una confluencia de ambos verbos, viene de ambos, en los textos antiguos alternan seer y ser con el mismo significado, hasta que se confunden.

El presente de indicativo viene de sum enteramente. La forma soy en castellano antiguo era so, evolución normal de sum con pérdida de la m final y apertura de la u. La adquisición de esa yod en el s. XIV tiene un origen muy discutido. Para unos resulta de la adición enclítica del pronombre yo en verbos monosilábicos (doy, voy, de do-yo, vo-yo), para otros es una sobrecaracterización con una desinencia de primera persona -e/-i testimoniada en muchos lugares de la Romania y procedente del perfecto latino. En cualquier caso es un recurso prolongador de los hablantes para alargar formas monosilábicas, sentidas como anómalas. La segunda persona "eres" la obtuvieron los hablantes del futuro latino (eris= serás), destinado a perderse como todos los futuros latinos, para evitar la forma latina es, sentida como irregular. Es, somos y son, vienen directamente del latín est, sumus y sunt. La forma sois es una refección regularizadora de los hablantes sobre sumus, dado que la forma latina propia estis se sentía irregular.

Los pasados del verbo ser son herederos directos de los de sum. Por un lado el pasado durativo o pretérito imperfecto, yo era, tu eras, etc., viene directamente del latino eram, eras, erat, eramus, eratis, erant. Por otro el pasado perfectivo o puntual, es decir, el pretérito perfecto, yo fui, tu fuiste, etc., viene del mismo tiempo latino de sum: fui, fuisti, fuit, fuimus, fuistis, fuerunt.

El presente de subjuntivo yo sea, tu seas, etc., sí puede considerarse resultado de una confluencia. En latín clásico en el verbo sum era sim, sis, sit, etc. Pero en latín arcaico era siem, sies, siet,… y sabemos que esa forma era habitual en el habla popular o vulgar hasta tiempos bien tardíos. Por el hecho de que los verbos mayoritariamente empleaban una -a para el presente de subjuntivo (scribam, legam > yo escriba, yo lea), los hablantes regularizaron esa forma de siem a sia, que justifica plenamente la evolución a nuestro sea. Pero es posible y constatada ahí la confluencia del presente de subjuntivo de sedere, sedeam, que al perder la d intervocálica nos daría un seea, que luego contraería en sea.

El pretérito imperfecto de subjuntivo yo fuera o fuese, procede de los pluscuamperfectos de sum, fueram (=yo había sido, plusc. de indicativo) y fuissem (=yo hubiera sido, pluscuamperfecto de subjuntivo), como sucede absolutamente en todos los verbos (escribiera o escribiese, amara o amase, etc.), pues estos dos tiempos, empleados impropiamente por el latín vulgar tardío en cláusulas hipotéticas, pierden su antiguo valor temporal y pasan a expresar el llamado "irreal de presente", sustituyendo al verdadero pretérito imperfecto de subjuntivo latino que se pierde en todos los casos.

El romance crea también un futuro de subjuntivo eventual o hipotético (yo fuere), hoy bastante mal usado o desusado, forma inexistente en latín, y lo crea siempre a partir de la confluencia del futuro perfecto y el pretérito perfecto de subjuntivo latinos, que en el verbo sum era fuerit.

En cuanto al futuro imperfecto (yo seré), este tiempo es una creación romance en todos los verbos. Los auténticos futuros latinos se pierden en todos los verbos, ya que fueron sustituidos en el latín vulgar tardío por perífrasis con el verbo habere (=tener) y el infinitivo del verbo, de manera que en lugar de decir el verbo en futuro, decían "yo tengo que ser", "tú tienes que escribir", "el tiene que amar", y finalmente lo hicieron posponiendo la forma de habere al infinitivo, como yo ser-he, tú ser-has..(> seré, serás…), como yo amar-he, tú amar-has, etc. De modo que el futuro del verbo ser no viene ni del futuro de sum (ero, eris, erit…), ni del futuro de sedere (sedebo, sedebis, sedebit,…). Los futuros imperfectos latinos se pierden en todos los verbos.

El condicional simple es un tiempo creado tardíamente por la lengua romance en los verbos, que en latín no existía, pues la idea condicional la expresaban también ciertos tiempos subjuntivos. Al perderse estos o su valor, la lengua siente la necesidad de una nueva creación, y lo hace analógicamente partiendo de los futuros (seré, trabajaré, escribiré), sustituyendo su terminación por el sufijo -ía de pretérito imperfecto (sería, trabajaría..). El sufijo regular de pretérito imperfecto en latín era -ba-, lo que producía formas en -aba- y -eba- (amabam, scribebam, etc.). Las formas en -aba- se mantuvieron (amaba, cantaba…), pero en las en -eba-se produjo la pérdida de la b, dando -ea-, que por disimilación dio la forma -ía (había, escribía, lucía…). De modo que este tiempo es un neologismo en todos los verbos, y en ser no procede ni de esse ni de sedere, ya que no existía en ninguno.

En cuanto a nuestros tiempos verbales compuestos, que utilizan el auxiliar haber (he amado, había amado, habré amado, hubiera amado, etc.) son una creación romance regularizadora a partir de frecuentes perífrasis habituales en latín vulgar con el verbo habere (tener) y un participio predicativo. En efecto en latín vulgar se empleaban giros como habeo factum (lo tengo hecho), habebat dictum (lo tenía dicho), habebam auditum (lo tenía oído). Dado que los tiempos perfectivos del paradigma verbal latino alteran su valor, por ejemplo fueram ya no va a significar yo había sido, ni amaveram yo había amado, sino "fuera" o "amara", etc., la lengua necesita recurrir a giros sustitutorios del tipo habebam auditum, "lo tenía oído", que con el tiempo hace que habere pierda su primitivo valor de tener para adquirir la auxiliaridad perfectiva de un "había oído", creando una parte nueva en el paradigma verbal. Para ello el verbo ser necesita un participio de perfecto, del que carecía en latín por falta de necesidad semántica. Y dado que los participios de perfecto más regulares, en latín acabados en -atus/-itus, han dado las formas regulares en -ado/-ido, los hablantes, a partir del radical s- de ser, formarán un participio analógico y regularizado "sido", que no viene ni de esse ni de sedere (el participio latino de sedere era sessus), y que puede ser empleado en formas de tiempos compuestos como he sido, había sido, habrá sido, etc.

Como puede verse, en general los cambios evolutivos del verbo esse latino, para pasar a nuestro "ser", no son en su conjunto y salvo algún detalle, ni más ni menos que los cambios evolutivos sufridos por todos los verbos.

- Gracias: Helena


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