Etimología de MASTURBAR

MASTURBAR

La palabra masturbar viene del latín masturbari. Suele decirse que proviene de "manu turbare", es decir "turbar con la mano"; Pero afirma Jorge Horacio Gonzáles (y el Dr. Mariano Grondona lo corrobora) que masturbación proviene de "Manu stuprare", es decir violar con la mano. La palabra "estupro", derivada de stuprare y significa "violación". Stuprare esta relacionada con la palabra stupere que significa quedar aturdido, y es la raíz de la palabra "estúpido".

La palabra masturbar significa estimular sus propios genitales hasta llegar al orgasmo. Esta palabra es un cultismo que aparece escrito por primera vez en el año 1857, en el libro del médico William Acton, titulado: "Funciones y Desórdenes del Sistema Reproductivo". En este libro el Dr. Acton afirma que los niños que son bien educados pueden resistir la inundación de deseos sexuales que aparecen en la adolescencia, pero los que no son educados se masturban constantemente. Según el Dr. Acton, un niño que se masturba antes de la adolescencia, daña su sistema nervioso, pues el sexo aturde el cerebro. Entonces podemos deducir que el Dr. Acton estaba pensando en stuprare como una auto-violación y aturdimiento del cerebro cuando inventó esta palabra.


Una pequeña apreciación. Masturbar procede del latín, manu turbare (expresión que es la más frecuente). Sin embargo eso no llega a explicar la extraña contracción con la presencia de la s. En nada tiene que ver el verbo con stuprum o con stupeo.

Lo primero que hay que saber es que en latín podía decirse también manu exturbare, cuya contracción podría explicar mucho mejor esa s, por relajación de la x.

Hay que tener en cuenta no obstante otro factor. Así como en épocas decimonónicas muchos varones consideraban que el francés era la lengua del amor, y que las mejores y más diestras amantes y prostitutas eran las francesas, en la época del imperio romano, con un vasto territorio unificado en que el oriente hablaba sobre todo griego, popularmente, el griego era en buena parte también considerado "la lengua del amor y el sexo", pues al parecer las prostitutas griegas eran valoradas, y sobre todo eran muchísimas. Por mucho que la prostitución está presente en la cultura romana tradicional, como en todas (vulgarmente a una prostituta se la llamaba lupa -loba-, igual que entre nosotros se la identificó con la zorra), en las áreas griegas, tanto en Grecia continental como en parte del oriente helenizado, la abundancia y tipología de las prostitutas era enorme (desde la fina hetera, a la vulgar porné callejera o de prostíbulo barato). Todo ello tiene una larga explicación sociológica. En las poleis griegas (y de manera muy aguda en Atenas), el concepto de ciudadanía era muy cerrado, y sólo era legítimo y posible un matrimonio entre un ciudadano y la hija legítima de otro ciudadano, que para ser legítima, debía ser fruto de un matrimonio legal entre otro ciudadano y la hija legítima de otro ciudadano. Y generalmente la sociedad griega no da otra salida a la mujer más que el matrimonio. Toda aquella que por condiciones de origen (y eran muchísimas) no podía aspirar a un matrimonio legítimo, era destinada al concubinato o las distintas formas de prostitución, ya que otra salida económica de vida no existía para la mujer. Es el derecho romano el que poco a poco va proporcionando otras salidas a las mujeres griegas. En Roma la situación no es tan drástica, los matrimonios son muy variados, y también la posibilidad de ejercicio de oficios diversos en las mujeres.

Es así como por tradición, uno de los lugares donde más se mezclan el griego y el latín, era el prostíbulo, y el vocabulario de todo lo relacionado con el sexo parece que estaba muy influido por el griego, y salta al lenguaje común. En griego μαστροπἐυω quería decir corromper a alguien, especialmente para lanzarlo a la prostitución o a andar con prostitutas, y más concretamente parece que μαστροπεἰα (mastropeia) designaba la estimulación sexual, muchas veces manual, practicada para favorecer un coito o lograr una máxima excitación. Los especialistas piensan que este término influyó en el resultado final de la expresión latina manu exturbare, o manu turbare, que por analogía o cruzamiento con el término griego, acabaría configurando el masturbari que daría nuestro verbo "masturbar".

- Gracias: Helena


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