Etimología de SEMILLA

SEMILLA

La palabra semilla es de origen incierto según el Clave y el DRAE. El Larousse por otro lado dice que proviene del latín semen (semen, semilla), seminis. El Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, de Joan Corominas, dice que es una palabra tardía (1595), la cual podría venir del dialecto mozárabe xeminio, presente en el siglo XII y este del latín seminia, plural de seminium. Este es un derivado de semen, seminis (semilla), de donde tenemos semen, simiente, sembrar y seminario. Se vincula con una raíz indoeuropea *se-1 (sembrar).


Informaciones complementarias y elucubraciones del autor de este sitio

En mi página de estímulo doy un ejemplo de un chiste que nos hace reír. Pero, ¿nunca te ha pasado que te cuentan un chiste que no te hace reír inmediatamente? Pasa un largo tiempo, a lo mejor al otro día, hasta que entiendes el chiste y te da risa. A esos chistes los llamo, chistes semillas, pues necesitan un tiempo de gestación antes de hacerte reír.

La vida empieza con una semilla. Cuando la semilla detecta que está en un lugar fértil y con condiciones apropiadas empieza su cambio de paradigma. Es decir, en ese momento, cuando la tierra, la humedad y el sol están a un nivel apropiado causa un evento que estimula el cambio en la semilla.

En los mamíferos (como los humanos), la semilla es el semen y el lugar fértil es el huevo. El punto en que el semen detecta que está en el lugar fértil se llama concepción. Ese es el evento (usando mi modelo de cambio de paradigma) que nos da vida. La palabra concepción proviene del latín conceptio, combinando las palabras com- (con) y capere (capturar), ver concepto.

Alguien me preguntó si creo que la tierra, nuestro mundo, es un ser viviente. Yo le respondí que sí. Entonces él me planteó esto: "Si todos los seres vivientes se reproducen. ¿Cómo se reproduce la tierra?, ¿Cuál es su semilla?". Yo le respondí: "Nosotros somos su semilla. Algún día, antes de que se acabe nuestra tierra, viajaremos estelarmente a otro mundo. A un mundo virgen y fértil, que actuará como el huevo, para nuestra semilla. Allí llevaremos nuestras plantas, animales, etc. y reproduciremos un mundo semejante al nuestro". Claro que resulta arrogante pensar que los (¿humanos?) seamos necesarios para reproducir la tierra, yendo a un mundo nuevo, en una especie de arca de Noé. Es más fácil mandar un cohete con las semillas adentro. Ver: panspermia.


Parece bastante claro que la palabra semilla no viene de semen, seminis (semilla) sino de un derivado suyo seminium del mismo significado, palabra atestiguada desde el s. III a.C. en diversos autores, como Plauto, Varrón, Lucrecio y Apuleyo entre otros. Semilla vendría de su plural neutro seminia, que en castellano lo más regular es que hubiera palatalizado en ñ dando "semiña", pero es posible ahí una evolución dialectal o que la palabra se hubiera generado en otro romance, como por ejemplo el romance andalusí que es lo que defiende Corominas, o cualquier otro.

Pero lo que es espeluznante en esta entrada es ver escrita en pleno siglo XXI la misma bárbara consideración, hoy ultramachista, acerca de la reproducción animal que defendía Aristóteles con su visión androcéntrica. Él en efecto, trasladando a la biología los prejuicios sociales propios de la misógina sociedad griega, dice que la semilla de un nuevo ser es el esperma del macho y todo lo demás, incluido el huevo y la mujer, es "suelo fértil" para que esa semilla, único origen del nuevo ser, se desarrolle. Es por esa consideración androcéntrica que los antiguos llamaron erróneamente "semilla" al líquido reproductivo del varón (sperma en griego, semen en latín), cuando no es ninguna semilla, y es un error terminológico que mantenemos. Una semilla en los vegetales es aquello que puede desarrollar un nuevo ser y sus envoltorios naturales, es decir un embrión. Una semilla en los animales es también un embrión y sus envoltorios: es decir, un huevo o cigoto. Eso es la semilla tanto en vegetales como en animales. El semen de los machos aporta sólo un gameto que por sí solo no sirve para nada: ha de combinarse con otro gameto procedente de la hembra y que llamamos óvulo, con un aporte genético paritario, y entonces produce una semilla que es el huevo o cigoto, que una vez formada, si encuentra suelo fértil en que insertarse y desarrollarse (la pared interna del útero de una hembra) y no es expulsado por una situación hormonal desfavorable, se desarrollará.

Por lo demás opino que es una barbaridad considerar que "nosotros los humanos somos la semilla de la tierra". Semejante orgullo ciego es una falsedad, es la soberbia de considerar nada más y nada menos que la Tierra somos nosotros. Nosotros somos una especie dominante que ha acabado con todos los equilibrios naturales terrestres, absolutamente sobredimensionada a costa de otras, como cuando en una planta se produce un desequilibrio que sobredimensiona una de las especies que sobre ella viven: eso tiene un nombre en biología y el nombre exacto es plaga. Somos una plaga, nos guste o no, que le ha salido al planeta, biológica y ecológicamente hablando. Y si colonizáramos otro planeta jamás llevaríamos allá nuestra esplendorosa Tierra, llevaríamos los cuatro tomates transgénicos que nos sirvieran a nosotros, nuestros cacharros mecánicos y como mucho los animales de granja que sirvieran a nuestros intereses, destrozando de paso el equilibrio y evolución natural del planeta al que llegáramos. Sería en términos biológicos un puro contagio de una plaga. No voy a ser falsaria y a propugnar que por eso debemos suicidarnos: yo quiero sobrevivir a toda costa, y quiero que sobrevivan mis hijos y los hijos de mis hijos, y nuestra cultura, etcétera, pienso que nuestro proceso es bastante imparable y nadie va a querer detenerlo. Pero la verdad es la verdad.

- Gracias: Helena


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