Etimología de HUMANISMO

HUMANISMO

La palabra humanismo define esencialmente a una doctrina y postura intelectual y ética basada en el ser humano como centro y criterio de todo. El vocablo se compone del sufijo de origen griego -ismo (doctrina, creencia, postura vital) y el adjetivo del latín humanus (humano, referido al hombre en cuanto especie), que es un derivado de humus (suelo, tierra) y hace referencia a la autoctonía de la especie humana en el planeta y a las distintas creencias míticas que lo hacen proceder del barro y la materia terrestre. la palabra hombre, del latín homo, hominis, también comparte esa raíz.

El humanismo nace y se desarrolla con las culturas griega y romana que hacen del ser humano el canon fundamental de la cultura, la ciencia, la sociedad, la filosofía, la ética y el arte. Hasta las posturas religiosas son esencialmente antropocéntricas. Una de las divisas más conocidas del humanismo en sus implicaciones éticas es un verso escrito por el poeta latino Terencio en el s. II a.C. que dice: Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Soy un ser humano, nada de lo humano considero ajeno a mí).

Pero lo que de una manera más específica se conoce como Humanismo es un movimiento cultural europeo que se inicia en la Italia del s. XIV y domina la cultura europea de los siglos XV y XVI. Frente a la cultura de la Edad Media europea, fuertemente teocentrista, dominada por un cristianismo que desprecia el cuerpo y la naturaleza y los ve como estados corruptibles y fuente de pecado para un alma cuya vida en un más allá es lo único que verdaderamente importa, el Humanismo recobra en casi todos los sentidos el antropocentrismo grecorromano. Lo primero que supone es una vuelta a las formas más puras y clásicas del latín (el latín medieval en parte las había corrompido) y la recuperación integral de todos sus textos y modelos. A ello se suma la recuperación del griego clásico, en gran medida gracias a la venida al occidente europeo de eruditos huidos de Constantinopla (conquistada por los turcos en 1453) que también trajeron muchos textos. La intensa recuperación de textos antiguos sirve de base a un florecimiento de todo tipo de saberes (literarios, lingüísticos, artísticos, científicos y técnicos…) que se difunden con mucha más facilidad gracias a la invención y generalización de la imprenta, y va a producir las figuras de intelectuales altamente polifacéticos características del Renacimiento. La valoración de la razón, del cuerpo humano, de la naturaleza, etc. permitirán un despegue de la ciencia, y la profunda recuperación del lenguaje latino y griego proporcionarán las bases para el léxico exacto y unívoco que ésta precisa. La concepción del género humano como entidad única también es característica. Al mismo tiempo, el neoplatonismo filosófico permitirá casar todo esto con una religiosidad cristiana aún muy dominante: el neoplatonismo permite interpretar la naturaleza y el cuerpo humano y sus capacidades como obra maestra divina, y por tanto digna de ser el centro de toda la cultura. Los humanistas tienen un gran papel en la creación y consolidación de la cultura europea y su huella ya nunca se perdió.

Sin embargo la cultura humanista del Renacimiento que en lo religioso propugnó una vuelta a las esencias más simples y primitivas del cristianismo y un acercamiento de sus textos a las masas, produjo una gran libertad interpretativa que dio lugar a diferentes movimientos. Frente a esto al final hay una reacción de cerrazón en la Iglesia católica que llamamos contrarreforma, y también en buena parte una cerrazón de posiciones en las distintas ramas cristianas que desde el s. XVI se habían separado de ella (luteranos, calvinistas, anglicanos...). Por eso desde la segunda mitad del XVI y en el XVII asistimos a una reacción contraria y, frente a la libertad del Humanismo y Renacimiento, las guerras de religión y las posturas enconadas contra intelectuales se agudizan. Asistimos a posiciones inquisitoriales (y no sólo en la iglesia católica, también entre protestantes y calvinistas) y una vuelta a una religiosidad oscurantista que intenta desde sus jerarquías de nuevo inculcar un desprecio por todos los aspectos de la vida material.

Frente a esto hay en Europa una importante reacción en el s. XVIII. Se trata del movimiento llamado la Ilustración que enlaza directamente con los postulados del Renacimiento profundizándolos. La Ilustración postulará que sólo el hombre y sobre todo la razón humana han de ser la medida de todas las cosas, que el género humano es único y por tanto los derechos de sus integrantes han de ser únicos para todo el planeta, y que los mayores enemigos de la razón son los exponentes del oscurantismo, a saber, las guerras y la religión. La Ilustración pone el acento en la educación y la prosperidad del pueblo. La Ilustración vuelve la vista al mundo clásico, para seguir recuperando, pero no ya tanto sus formas literarias, estéticas, filosóficas, etc. que los renacentistas ya habían recobrado y revitalizado, sino para recuperar sus concepciones sociopolíticas, como el concepto de ciudadano, integrante de un pueblo depositario y fuente del poder, la soberanía y la legitimidad política, para oponerlo al concepto de súbdito, sometido a un monarca cuyo poder en teoría procede de Dios, concepciones arrastradas por el feudalismo medieval aún vigente en lo político-jurídico. Los ilustrados propugnan unos estados laicos y al final todos ellos alimentarán los movimientos constitucionalistas que se extenderán por Europa y América y sirven de base a las concepciones políticas contemporáneas. Son internacionalistas y su ideal final es el logro de una constitución única y perfecta para el género humano. Se trata en cierto modo de una profundización del humanismo en lo social y político.

- Gracias: Helena


La palabra humano viene del latín humanus, compuesta con humus (tierra) y el sufijo -anus, equivalente a -ano (como en italiano, pagano y villano), que indica procedencia o pertenencia.

Otras palabras que están relacionadas con humus incluyen: inhumar, humificación, póstumo, humillar, humildad, hombre y hominoideo.

La palabra latina se asocia con la raíz indoeuropea *dhghem- (tierra), que daría χθών (khthon = país, tierra) en griego y de ahí la palabra autóctono.


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