Etimología de ESCUDO

ESCUDO

La palabra escudo viene del latín scutum, que designa a un tipo de escudo grande, primero oblongo u oval ligeramente convexo, y luego rectangular algo convexo y con cierta forma de teja, variante esta que apareció en el s. I d.C. y que sería el característico de los legionarios romanos de época imperial. Estos escudos estaban conformados por varias capas de láminas de madera reforzadas por listones en el interior que configuran también el asidero para embrazar el escudo, van enteramente forrados de piel curtida, y con una zona central de chapa de bronce o hierro, chapa que también ribetea todo el borde del escudo. Es diferente del clipeus, palabra que designa a un escudo enteramente de metal, muchas veces redondo, y de tamaño algo menor (los escudos completamente metálicos son algo más pesados y si son de gran tamaño, su excesivo peso obstaculiza al guerrero).

Los romanos pensaban que su vocablo scutum era préstamo del griego σκῦτος ("skýtos") que significa piel, dado que la piel curtida fue siempre un material importante en el recubrimiento de escudos. De ser así, el vocablo procedería de la raíz indoeuropea *(s)keu- (cubrir), que es la misma que nos da en latín palabras como cutis y obscurus. El problema para esta etimología es que el vocablo scutum tiene diversos paralelos en otras lenguas indoeuropeas, en todos los casos ya con el significado de escudo que en griego no tiene, que hacen pensar que la forma scutum no depende del griego, y además que la vocal radical u, no está nada claro que provenga del grupo -eu- de ese radical indoeuropeo por los vocalismos que presenta en otras lenguas.

Lo cierto es que el escudo formó siempre parte de la panoplia de un guerrero o un soldado desde culturas muy remotas, hasta que las armas de fuego lo hicieron inoperante. Si nos remitimos al mundo griego y al mundo romano, tenemos la siguiente situación. En la cultura griega más arcaica, la etapa micénica en que se produjo la guerra de Troya (s. XIII a. C.), narrada de manera poética y legendaria en la obra de Homero y otras posteriores, sólo los líderes, élite aristocrática de la guerra, disponían de un buen armamento de bronce. Aunque tenían caballos, ni eran jinetes ni luchaban a caballo. Recorrían el campo de batalla montados en la plataforma de un carro, generalmente de dos caballos y conducido por un auriga, hasta que se encontraban con otro líder enemigo: entonces desmontaban del carro y tras un reto, establecían un combate singular, mientras sus huestes, armadas de modo muy simple, con piedras, palos, hondas y escasos arcos y flechas secundaban a su líder hostigándose entre sí. La guerra se regía por las proezas individuales de estos señores de la guerra, que si eran derrotados, provocaban la desbandada de sus escasamente armadas huestes de base. Homero alude muy bien a los escudos de estos guerreros, y nos describe tres tipos: el gran escudo en forma de ocho que es una herencia minoica, enormes escudos rectangulares combados que eran auténticos parapetos (hechos de mimbre o madera iban forrados por capas sucesivas de piel curtida, generalmente de buey, se colgaban del cuello y llegaban casi hasta los pies envolviendo algo el cuerpo por los costados) y también algunos escudos redondos que se supone que se embrazaban. Algunos autores dudan de si estos últimos no son un anacronismo de Homero, que mezclaría tradiciones micénicas de los aqueos con cosas propias de la época oscura posterior, pues los que generalizaron el escudo redondo embrazado fueron los dorios, que invadieron Grecia en un momento comprendido aproximadamente entre el 1200 y 1000 a.C. (más bien la arqueología remite a la última fecha, mientras las tradiciones literarias parecen fundamentar la más antigua). Lo cierto es que al final de la etapa oscura con posterioridad al año 800 a.C. se van gestando las poleis, cuya estructura e historia está absolutamente regida por la rivalidad y la guerra entre ellas. La necesidad de aprovechar realmente en la guerra todos los efectivos humanos generaliza la formación militar de todos y un tipo de guerra colaborativa y mucho más efectiva. Nace así poco a poco después del año 700 a.C. lo que conocemos como "falange", un ejército cuya fuerza está en una infantería igualmente equipada que llamamos hoplitas, derivado de ὅπλον ("hoplon"), palabra que quiere decir "arma", pero que luego se aplica también al escudo redondo grande que llevan, genéricamente llamado ἀσπίς ("aspís"). Se trata de formaciones en filas compactas de guerreros codo con codo, en que el escudo tiene un papel principal. Embrazado en el brazo izquierdo protege la mitad izquierda del cuerpo del portador y la mitad derecha del compañero que tiene a su izquierda, mientras el portador tendrá su flanco derecho protegido por el escudo del soldado que tiene a su derecha. Entre escudo y escudo, quedan libres los brazos derechos de los combatientes para empuñar un arma. Es pues una línea acorazada que barre el campo enemigo, en que es vital nunca romper la fila, pues se abre una brecha y se deja desprotegido al compañero: toda proeza individual está incluso mal vista, pues exige abandonar la fila para actuar por cuenta propia. Esto influyó bastante en la contrapartida de iguales derechos al botín, e incluso de iguales derechos en la polis de pertenencia, y propició, en algunas de ellas, sistemas políticos más participativos. No sólo eso, también contribuyó a una mejora del armamento. Así, comprobada la efectividad del escudo no sólo como protección compartida, sino también como medio de empuje sobre la línea enemiga, se intentó poco a poco mejorar sus anclajes y la solidez de sus asideros, y así en el s. V asistimos a innovaciones en el asa: la pieza de embrazar presenta una forma anatómica y se desarrolla un asidero para el puño. También más tardíamente, los macedonios incorporan las sarissas, larguísimas lanzas de los guerreros de vanguardia, capaces de ensartar a distancia cualquier carga enemiga mucho antes de tener que recurrir a la espada, sarissas que caracterizaron a las falanges de Alejandro Magno.

En cuanto al ejército romano, desde sus orígenes se basa en la fuerza de la infantería, siendo la caballería reducida, y mera auxiliar de la infantería. Su unidad, la legión, conlleva también la lucha en filas compactas de la falange griega, pero la supera mucho en efectividad por su mayor maniobrabilidad y tácticas, y la posibibilidad de desglosarse según circunstancias en unidades tácticas menores, lo que hace que las legiones, mucho más operativas, acabaran derrotando a las falanges orientales. El escudo aquí también tiene un gran papel, pues el escudo romano, sobre todo el rectangular combado, tiene además la posibilidad de imbricarse como las tejas, y si es necesario, acorazar una formación por los flancos e incluso por la parte superior de la formación que protege también de proyectiles venidos desde lo alto.

Con la Edad Media realmente pasamos a un uso nuevamente individual del escudo y a una gran variedad de formas.

- Gracias: Helena


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