Etimología de TUMBÍTULO

TUMBÍTULO

La palabra tumbítulo es un localismo propio de Castilla la Vieja y algunas zonas de León, muy especialmente de áreas de la provincia de Burgos y cercanías, probablemente cada vez menos usado. Significa jaleo, estrépito, escándalo, estruendo. Jose Luis García Remiro, en un pequeño artículo, localiza sobre todo el vocablo en la zona de Aranda de Duero. Pero lo más curioso es el origen de este vocablo que es uno de los montones de palabras que por hache o por be se inspiran en un latín hasta casi hoy usual, tanto en los medios estudiosos como en los religiosos o litúrgicos. En efecto son bastantes las palabras generadas modernamente en deformaciones o raras adaptaciones del latín, bien por motivos sarcásticos o burlescos de los usuarios, o bien por confusiones del vulgo como este último caso.

La palabra se origina en un ritual religioso vivo hasta no hace tanto, pero que ya al menos en España no suele practicarse, llamado el "Oficio de Tinieblas" propio de días de Semana Santa y especialmente solemne en el atardecer del Viernes Santo. En él se encendían todas las velas de la iglesia y un candelabro especial llamado "tenebrario" con 15 velas que representaban a Jesucristo, las dos Marías y los 12 apóstoles. En el oficio se iban cantando o recitando salmos, y progresivamente se iban apagando las velas, hasta que sólo quedaba una que representaba la vida de Jesús, momento en el cual se entonaba por el oficiante el salmo final, salmo 51 o Miserere, al acabar el cual se apagaba la última vela, quedando la iglesia a oscuras, lo que conmemoraba la muerte de Jesús y su bajada al sepulcro. Y en ese momento, en completa oscuridad se iniciaba por parte de los fieles un estrépito atronador logrado con matracas y carracas, y los que no disponían de ellas golpeaban con los misales o cualquier cosa los respaldos de bancos y sillas: con ello simulaban los truenos y las tinieblas que según el evangelio se produjeron al morir Jesucristo en la Cruz.

Pues bien, el miserere o salmo 51, que por supuesto se recitaba o cantaba en latín, acaba diciendo: "…tunc imponent super altarem tuum vitulos" (="entonces ofrendarán sobre tu altar becerros"). De manera que al pronunciarse las últimas palabras, era como un anuncio para apagar la última vela e iniciar el fenomenal estrépito. La gente oía "tumbítulos" (=tuum vitulos) y empezaba el jaleo, por lo que acabó tomando la expresión por un "que empiecen los estrépitos" y extrayendo de ella la palabra "tumbítulo", extrañamente formada pues por el acusativo del posesivo latino tuus-a-um (tu, tuyo), derivado del pronombre personal tu, que suele vincularse a una raíz indoeuropea *yu- que alternaba con la forma *twe- para la segunda persona del singular, y por el acusativo plural del vocablo latino vitulus (becerro, ternero de un año), que se asocia a una raíz indoeuropea *wet- (año), también presente en el adjetivo latino vetus, vetĕris (viejo, que tiene muchos años), de donde viejo, vetusto y veterano.

La información básica sobre este vocablo y su extensión y uso me la proporcionó mi antiguo colega, catedrático de griego clásico, Fernando Estébanez García.

- Gracias: Helena


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