Etimología de SECUOYA

SECUOYA

La palabra secuoya, según el DRAE, procede del inglés sequoia, y designa a las plantas del género (Sequoia), árboles del grupo de las coníferas (véase en este mismo diccionario), pertenecientes a la familia Taxodiaceae, que comprende una especie: S. sempervivens, nativa de las montañas costeras desde Monterey, California, hasta el sur del estado de Oregon, en Estados Unidos, caracterizados por su gran porte (altura hasta de unos 115 m y diámetro del tallo entre 3 y 6 m, así como por su excepcional longevidad). Existen otros dos géneros emparentados o relacionados: Sequoiadendron, de la Sierra Nevada, California y Metasequoia, de China.

Para empezar, debemos tomar en cuenta que de la existencia de estos enormes árboles y su posterior estudio científico, los europeos colonizadores se dieron cuenta hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

La primera mención documentada de estas plantas fue la del misionero y explorador español Juan Crespí (1721-1782), en un informe fechado el 10 de octubre de 1769 sobre la expedición de San Diego a Monterey, liderada por el militar, político y explorador de la misma nacionalidad Gaspar de Portolá (1716-1784).

En 1791, Tadeo Haenke (1761-1816), naturalista alemán, fue el primero en hacer una descripción de las secuoyas en términos científicos o botánicos, durante una expedición española realizada entre 1789 y 1794, encabezada por el italiano Alessandro Malaspina (1754-1810).

En 1824, el botanista escocés David Don (1799-1841) llamó Taxodium (del latín, taxus, 'tejo' y el sufijo griego -eidos, 'semejante', es decir, parecido al tejo, otra conífera del género Taxus) al género de las secuoyas.

Stephan Ladislaus Endlichler (1804-1849), botánico austriaco, fue quien acuñó el término Sequoia para dar nombre al género, sustituyendo a Taxodium, en una monografía publicada en latín, llamada Synopsis Coniferarum, el 14 de mayo de 1847, pero nunca explicó el motivo por el cual seleccionó esta palabra, en contraste con otros tres géneros de coníferas que él bautizó, para cuyas denominaciones sí dio cuenta: Widdringtonia, género del ciprés africano, en honor a un colega, el capitán Widdrington, quien escribiera mucho sobre España a finales del período 1830-1840; Libocedrus, o cedro de Líbano; Glyptostrobus, del griego, glyphē, 'trabajo grabado' y strobus, 'un cono', por las características de los conos.

Ante la carencia de explicaciones por parte de Endlicher, sobre el motivo para acuñar Sequoia, se han propuesto dos posibles, pero muy diferentes explicaciones. La primera, acaso la más difundida, sostiene que el nombre surgió en honor al indio americano Cherooke, de sangre mestiza Sequoyah (1760 o1770-1843), también llamado Sequoya, Sequoia, Sikwayi, en la lengua Cherokee, o George Guess, en inglés, quien inventó en 1821 un alfabeto y silabario para que los indios de su tribu aprendieran a leer y escribir. Otros creen que esta explicación carece de fundamento y encuentran otras posibles derivaciones del nombre Sequoia; así, por ejemplo, dicen que viene del latín sequens, sequentis (que sigue) del verbo sequi, 'seguir, suceder, ser posterior, continuar', debido a que las secuoyas actuales son una sucesión, continuación, continuidad o secuencia de ciertas especies arbóreas hoy extintas que existieron desde el Mesozoico. También se ha sugerido la posibilidad de que quisiera decir secuencia en el sentido 'que sigue en orden de sucesión después del nombre Taxodium.

En 1858, el botanista británico George Gordon (1806-1893), en su escrito The pinetum (cultivo o plantación del pino), también afirma haber encontrado una posible explicación para el nombre Sequoia; y en la segunda edición, en 1875 agrega una etimología, diciendo que "quizás deriva del latín sequens, es decir, que sigue en el orden de una sucesión, después de Taxodium".

El botánico y exmilitar estadounidense John Gill Lemmon (1831-1908), quien fuera colaborador en el Pacific Rural Press, en una serie llamada The Cone-bearers (las coníferas), en 1876 expresó: que "el nombre del género Sequoia se ha dicho que deriva de Sequoya, el célebre indio Cherooke; pero esto es, sin duda, una ocurrencia y una afirmación que carece de sustento y credibilidad". Y en 1879 Lemmon afirma enfáticamente: "El nombre Sequoia fue dado por Endlicher porque este género es una consecuencia (en latín, sequi, 'seguir') de bosques colosales ya extintos". Además, en 1890 reporta: "En 1877 el botánico y explorador británico Joseph Dalton Hooker (1817-1911) y su colega de expedición el estadounidense Asa Gray (1810-1888), conversan mientras exploran la costa oeste de América del Norte, y se preguntan sobre el verdadero origen del término Sequoia. Gray replica de inmediato: "sin duda, Endlicher derivó el nombre del verbo latino sequi, aludiendo al hecho que estos bosques son la continuidad de aquellas enormes especies extintas". Asimismo, sequens, (que sigue), que deriva del verbo latino sequi (seguir), también ha originado en el castellano actual: secta, secuaz, persecución, proseguir, etc. Para más detalles acerca de estas voces latinas sugiero que se consulte la entrada 'secuencia' en este mismo diccionario.

La tesis de que el nombre proviene del indio Cherooke se inició en 1868, con la publicación The Yosemite Book en un artículo escrito por el geólogo californiano Josiah Dwight Whitney (1819-1896) en el capítulo sobre The big Trees (Árboles grandes) dice: "El género fue llamado en honor de Sequoia o Sequoyah, un indio Cherooke de sangre mestiza, nombrado en inglés como George Guess... conocido en el mundo por su invención de un alfabeto y lenguaje escrito para su tribu".

De este modo, se puede concluir que existe un desacuerdo sobre las verdaderas razones que motivaron al creador del vocablo Sequoia, pero por la información consultada, aparentemente la versión del indio Sequoyah parece más popular o difundida. Y esta controversia se la debemos a Endlicher.

Fuentes.

  1. Encyclopaedia Britannica Ultimate Reference Suite. Chicago: 2012.
  2. Gary D. Lowe. January 2012 and May 2012. Endlicher's sequence: the naming of the genus Sequoia. Fremontia Journal of the California native Plant Society. Vol 40, No 1 and Vol 40, No 2.
- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rodríguez.


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