Etimología de GEOCRONOLOGÍA

GEOCRONOLOGÍA

La palabra geocronología es un neologismo de reciente creación, que proviene de las raíces griegas -, geō, 'tierra, lo relativo a la tierra'; chronos, 'tiempo', y -logia, de logos, 'palabra, pensamiento, estudio, teoría'. Así que textualmente se traduce como "El estudio o teoría sobre el tiempo de existencia o edad de la Tierra".

Geō, de Gaia, esposa de Urano, se relaciona con la raíz indoeuropea prehistórica *, 'tierra' y de ella han surgido infinidad de palabras como: geología, geotermia, perigeo, apogeo, geopolítica, geociencia, geomorfología, geosinclinal, geoide, etc.

Chronos, khronos, 'tiempo', se relaciona con la figura mitológica griega de Cronos (que los romanos llamaron Saturno), que es entre los titanes, el hijo menor de Urano y de Gea, el único que ayudó a su madre a tomar venganza de su padre. Y se le considera como la personificación del tiempo. Cronos, en griego khronos, procede del verbo kairein, cuya raíz kra- se realciona con el verbo latino creare. De chronos también surgen muchos vocablos de uso común: cronología, cronómetro, isocronía, sincronía, diacronía, dendrocronología y, por supuesto, geocronología

Logia, logos, se vincula a la raíz indoeuropea *leg-, 'recoger, juntar, reunir', también asociada a la voz latina legere, 'colectar, escoger', que dio lugar a inteligencia, elegir, sacrilegio, colega y leer. Pero es sobre todo el nombre de las ciencias donde logia, ha sido muy productiva: geología, biología, ecología, mineralogía, citología, histología, zoología, entomología, herpetología, ictiología, malacología, vulcanología, sismología, liquenología, edafología, pedología, pedagogía, tanatología, gastroenterología, dermatología, micología, bacteriología, virología, osteología, neumología, radiología, cardiología; además de analogía, lógica, simbología, etc.

El término geocronología es de finales del siglo XIX (1893); surgió después de estratigrafía (ver en este diccionario), pues mientras que esta última describe los estratos sedimentarios o rocosos, la geocronología responde a la pregunta de cuántos años o qué edad poseen los hallazgos. De este modo, se encarga de calcular o determinar la edad de la Tierra, y por extensión, de meteoritos, la Luna, cometas, otros planetas, el Sol; así como fósiles, restos arqueológicos, yacimientos y todo aquello cuya edad queramos indagar.

Uno de los debates más interesantes de que se encarga la geocronología es sobre la antigüedad de la Tierra. Desde el tiempo de la Grecia Antigua, los hombres de ciencia se han planteado esta interrogante, pasando por la Época Medieval y el Renacimiento. Pero fue hasta los siglos XVIII y XIX, cuando la geología mostró cambios significativos en su teorías. En la medida en que se comprendía la sucesión y composición de las rocas, y más fósiles se fueron descubriendo, la cuestión de la verdadera edad de la Tierra se convirtió en una discusión cada vez más intensa. La edad de 6000 años apoyada en los escritos bíblicos se tornó progresivamente menos plausible, y los científicos se dieron cuenta que tenían que considerar la posibilidad de que la historia de nuestro planeta fuera mucho mayor, de lo que antes se había supuesto.

Sobre este tema, existen numerosos sucesos y personajes que fueron contribuyendo al esclarecimiento final de las cosas. Aunque algunas fuentes no coinciden en todos los hechos narrados, mencionaré ciertos hitos que culminaron en la explicación más aceptada hasta nuestros días:

El religioso e investigador irlandés James Usser (1581-1656), en 1648 escribió Annales veteris testamenti a prima mundi deducti (Anales del Antiguo Testamento que deducen los orígenes primeros del mundo), en donde calculó la creación de la Tierra hacia el año 4004 a. C.

George Louis Leclerc (conde de Buffon), naturalista francés (1707-1788), hacia 1744 estimó en 75 000 años la edad de nuestro planeta.

En 1788, el médico rural escocés James Hutton (1726-1797), considerado por algunos como el Padre de la Geología Moderna, escribió: "El resultado, por lo tanto, de nuestra presente investigación es que no encontramos pruebas de un inicio ni de un fin", al referirse a la edad y futuro de la Tierra.

Jean-Baptiste Joseph Fourier (1768-1830), famoso matemático y físico francés, en su obra Théorie analytique de la chaleur, de 1822 (Teoría Analítica del Calor), al ocuparse del tiempo que debió necesitarse para que la Tierra se enfriase hasta lograr la temperatura actual, lo calculó en 100 millones de años; algo más del 2% (1 ⁄ 50) de la edad de nuestro planeta ahora aceptada: unos 4650 millones de años.

William Thompson (Lord Kelvin) (1824-1907), científico británico, y el geólogo estadounidense Clarence King (1842-1901), a pesar de no llegar a acuerdo unánime, entre 1882 y 1884, estimaron la edad del planeta en 24 millones de años, tiempo necesario para que la Tierra se enfriara desde su formación.

Pero los cálculos termológicos o termodinámicos, realmente no fueron la solución al problema de la estimación de fechas, sino el método radiométrico, que se basa en las leyes de la desintegración radiactiva; es decir, el tiempo que tarda el isótopo de un elemento en transformarse en otro, por ejemplo: de potasio-40 a argón-40; de carbono-14 a nitrógeno-14; de rubidio-87 a estroncio-87, etc.

Esto fue posible por los avances en física y química, entre finales del s. XIX y los inicios del XX; en donde destacaron: Henri Becquerel (1852-1908), físico francés que descubrió la radiactividad en 1896; Marie Curie (1867-1934), física polaca, quien obtuvo el elemento radio en 1902; y el descubrimiento de los isótopos en 1910, por los británicos Ernest Rutherford (1871-1937) y Frederick Soddy (1877-1956). Así fue el nacimiento de la geocronología como vocablo y como ciencia. Siglos de investigación y debates... como en todos los campos de la ciencia.

- Gracias: Jesús Gerardo Treviño Rdgz.


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