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Etimología de SIRENA

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SIRENA

La palabra sirena viene de una forma tardía del latín sirena, sirenae, obtenida a partir de un acusativo a la griega sirena del vocablo latino clásico siren, sirenis. Este fue tomado del griego Seirén. Si bien algunos han intentado relacionar esta palabra con el vocablo griego seirá (cadena, cuerda, atadura), en general se piensa que se trata más bien de un viejo término del fondo mediterráneo adquirido por el griego y sin etimología segura.

Designa este vocablo a unos monstruos mitológicos femeninos con cuerpo de ave y alas y cabeza o torso de mujer. En los mitos clásicos griegos, las sirenas, cuyo número y nombres son variables (lo más frecuente es considerar que son tres o cuatro) estaban permanentemente vinculadas o "atadas" a ciertos escollos del mar. Desde allí atraían a los marineros con su melodioso e irresistible canto, logrando que las naves se acercaran a sus escollos y encallaran o bien que los marinos se lanzaran al mar para acercarse a ellas, y en cualquier caso los devoraban. Nadie podía escuchar su mágico canto sin ser atraído y morir.

Las sirenas en origen parecen ser viejísimos genios de carácter apotropaico, vinculadas al mundo de los muertos (las alas siempre indican la capacidad de tránsito entre dos mundos), que guardan entradas a este inframundo o que protegen tumbas espantando a los intrusos. Una vez insertas en el mundo de la leyenda mitológica griega, responden al prototipo griego del monstruo femenino que refleja los ancestrales tópicos sociales de carácter misógino de la mentalidad tradicional. El monstruo femenino del mito griego (quimeras, gorgonas, esfinges, sirenas, etc.) es siempre peligroso por la argucia atractiva y no por la fuerza (atracción de la voz, efecto de la mirada, planteamiento de un enigma, etc.), y sólo es peligroso para los hombres, y basa su acción por tanto en la inteligencia y no en la fuerza: se nos presenta precisamente como monstruoso porque siendo mujer es inteligente, luego el prototipo femenino ideal es que la mujer no lo sea, de lo contrario es peligrosa. El monstruo masculino es en cambio un prodigio de fuerza bruta y en eso está su peligro, pero carece de argucias e inteligencia, y en eso está su monstruosidad, en el hecho de carecer de inteligencia siendo varón. En cualquier caso sólo un héroe masculino e inteligente va a poder vencer a ambos tipos, aunque a veces para vencer al monstruo femenino requiera del consejo o adiestramiento de otra mujer.

En el caso de las sirenas, según el mito, fueron vencidas dos veces. Una vez por el irresistible músico y cantor Orfeo, cuyo canto amansaba a las fieras y le abría el paso a los parajes infernales, que, participando en la expedición de los Argonautas con Jasón, al pasar cerca de las rocas de las sirenas, contrarrestó su canto con el suyo propio, logrando que ningún marinero fuera vencido por el canto de aquellas y le escucharan a él, y que la nave no se acercara al peligro. La otra por Odiseo o Ulises, que, advertido por la maga Circe, antes de navegar por el área próxima a las sirenas, taponó con cera los oídos de todos sus marineros y se hizo atar fuertemente al mástil para poder escuchar él solo su prodigioso canto sin correr el riesgo de lanzarse al mar. En cualquier caso, los mitos dicen que vencidas las sirenas por la inteligencia de estos héroes, privadas ya por algún medio del único recurso que poseían para atraer a sus presas, se suicidaron lanzándose al mar.

La confusión medieval de las sirenas clásicas con las nereidas (ninfas del mar frecuentemente representadas con cola de pez), y la interferencia con otras leyendas de otras culturas que también presentan a seres femeninos con cola de pez, hace que mucha gente crea que era esta la apariencia de las míticas sirenas, cuando no es así.

En cualquier caso, la mitología griega es la responsable de que entendamos por sirena cualquier sonido estridente diseñado para atraer nuestra atención con distintos objetivos o finalidades. También justifica el hecho de que se haya empleado a veces la palabra sirena con el significado de "mujer fatal", del todo desaconsejable por su carácter traicionero o poco fiel, pero que con su irresistible atractivo causa la perdición de los hombres.

- Gracias: Helena



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