Etimología de GLADIADOR

GLADIADOR

La palabra gladiador proviene del latín "gladius" que significa espada.

- Gracias: Emmanuel


La palabra gladiador propiamente viene del latín gladiator, gladiatoris, en origen, espadachín, especialista en lucha a espada porque se deriva en efecto del nombre gladius (espada), del que también procede gladiolo ("espadilla"), nombre de flor cuya planta, de idéntica denominación, tiene hojas en forma de hojas de espada. La palabra se deriva de una raíz indoeuropea *kel-2 (cortar, batir), que dio en latín también la palabra calamitas (que significa azote, golpe, daño, y en sentido figurado se usa con el valor de desastre o desgracia) que nos da calamidad, y el adjetivo incolumis (sin daño, sano y salvo, intacto), que nos da incólume.

En griego principalmente a partir de esta raíz indoeuropea tenemos el verbo κλάω ("kláo" romper, quebrar), de donde vienen clástico (quebradizo, se aplica a rocas) e iconoclasta (literalmente, que rompe imágenes). También la palabra κόλαφος ("kólaphos",bofetón), que fue prestada al latín con la forma colaphus y generó en latín vulgar la forma colupus, de donde viene la palabra golpe.

Los juegos gladiatorios son una tradición de diversos pueblos que tiene su origen en los juegos de lucha a muerte que se celebraban, en un honor de un difunto ilustre, como parte de sus fastuosos funerales. A Roma parece que llegan por influencia etrusca, pero lo característico es que en Roma estos feroces juegos se convierten en un espectáculo de masas y por ende en un negocio. Esto no sólo hizo que se multiplicaran los diversos tipos de gladiadores según su equipamiento, armas y formas de lucha (secutores, tracios, mirmillones, reciarios, andábatas, dimacheros…etc.), que muchas veces imitaban de forma fantaseada los armamentos y vestimentas de diversos pueblos a los que Roma se había enfrentado, escenificándose incluso batallas famosas. Produjo también una profesionalización y la existencia de empresarios, llamados lanistas, que tenían una pequeña escuela de gladiadores en la que adiestraban, bien a esclavos de buenas aptitudes para ello que al final de su carrera obtenían la libertad y una buena suma, bien a hombres libres que aceptaban un contrato de duras condiciones con la contrapartida de pingües beneficios al final de su carrera proporcionales a los combates ganados. Los lanistas eran contratados para los juegos y llevaban cada uno su troupe. Si un gladiador moría, al lanista había que pagarle una gruesa cantidad, bien por el alto valor de un esclavo perdido con años de adiestramiento (los esclavos gladiadores eran carísimos) o por la rescisión de contrato (suma muy elevada) de un hombre libre. Eso hizo que, frente a lo que nos muestran las películas que se recrean en el morbo, la inmensa mayoría de los combates fueran meras simulaciones de especialistas, que incluso llevaban en lugares estratégicos alguna vejiga urinaria de cerdo repleta de sangre fresca para simular heridas mortales (los rasguños, pequeñas heridas y contusiones sí eran frecuentes). Pocas veces los magistrados, editores y emperadores podían permitirse verdaderos juegos de combates a muerte, por su elevadísimo coste, que además podía suponer la ruina o un largo tiempo de recuperación para los lanistas participantes que tenían en sus hombres su negocio. Suele ignorarse además que el emperador Augusto prohibió por ley los combates a muerte, si bien sus sucesores en alguna ocasión se saltaron la norma. Aún en el Satiricón de Petronio (s. I d. C.) vemos quejarse a un furibundo aficionado, que se lamenta de no poder contemplar ni una vez en la vida verdaderos combates a muerte, como en los tiempos antiguos.

Los buenos gladiadores eran figuras absolutamente adoradas por el pueblo, y parece que muchas de las romanas de alcurnia soñaban con pasar una noche de amor con alguna de esas varoniles estrellas dotadas de excelentes musculaturas logradas a base de ejercitación y dietas alimenticias muy estrictas y específicas. Los soldados en cambio los despreciaban, pues para ellos eran acróbatas, danzarines de la lucha, señoritas metidas a combatientes y no auténticos luchadores.

- Gracias: Helena


La palabra latina gladiator está compuesta con el sufijo -tor (agente, el que hace la acción, como en autor, doctor, editor, etc.), sobre el mencionado gladius. Este sufijo suele sonorizar a -dor, como vemos en curador, depredador y traidor.

La palabra gladius nos dio la palabra gladio en español. Según el DLE la voz latina gladius viene del celta.


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