Etimología de LUGAR

LUGAR

La palabra lugar viene del latín localis (relativo al lugar) y de locus (lugar). La evolución fonética de locu(m) manda la diptongación de o a ue (como en buey de bovis y fuego, de focus) y la sonorización de c (como en colgar de colocare y fregar de fricare). Así daría luego, pero este se remplazó por logar, de local(em), en que la o no es tónica y no diptonga, para diferenciarlo del adverbio luego. De ahí también tenemos lugarejo, lugarete, lugarteniente y lugareño.

Por vía culta tenemos local, localismo, localizar, localización, locávoro, colocar, dislocar, etc.

Por mucho que la RAE se atenga últimamente a la etimología de lugar a partir de localis, esto no es aceptado por los especialistas. La confusión viene dada por la existencia de un vocablo en competencia confundido por la etimología popular que es logar, que sí viene de la evolución vulgar de localis. Nada explica en él el paso de la o a una u en el radical. Logar y lugar son formas diferentes y de distinto origen.

La palabra lugar en realidad viene de lūcaris, en que la naturaleza larga de la u hace que se mantenga y la c intervocálica sonorice en g (lucar(em)>lugar). El vocablo lūcaris es un dialectalismo itálico dentro del latín, perfectamente atestiguado por la epigrafía arcaica desde el s. IV a.C. y al parecer muy extendido en el habla vulgar, en que sustituye en la práctica a la forma clásica lūcus (claro en el bosque, bosquecillo sagrado, pradera rodeada de árboles). Un lucus o un lucaris, o bien se destinaba a la protección de una divinidad, o, sobre todo en épocas más tardías se consagraba como espacio de habitación y sede de establecimiento de una aldea o pequeña población. Y este es el primer sentido de la palabra lugar en lengua romance (pequeña población establecida en un claro del bosque) y fue el único valor que conservó al eliminar el cristianismo cualquier dedicación sagrada de un lucus o lucaris a una divinidad de la naturaleza, que era propio de la religión tradicional romana. Es la misma etimología que la del nombre propio de la ciudad de Lugo (en Galicia, España), procedente en este caso de la variante lucus. Lugarteniente, lugareño, lugarejo, lugarete y lugarejo, son derivados de lucaris y lucus, y no de locus.

La palabra lucaris está formada sobre lucus con un sufijo de relación que en origen es -alis (>-al), pero este sufijo, ya en latín, sufría una disimilación consonántica cuando se aplicaba a una raíz que ya contenía una l, pues resulta incómodo o malsonante a los hablantes pronunciar dos eles tan seguidas, y la segunda l disimila convirtiéndose en la otra líquida que es la r. Ello da lugar a la variante sufijal latina -aris (>-ar), presente en esas palabras, como lunar, ejemplar, altar, lobular, etc.

Las palabras lucus y lucaris que en origen significaban "claro, claridad", no tienen nada que ver con locus. Son un derivado de la raíz de la palabra lux (luz), y comparten raíz con multitud de vocablos de origen latino, como lucir, lucero, lumbre, luminoso, ilustre, luna, lunación, lunes, lucubrar o elucubrar. Su raíz indoeuropea es *leuk- (luz, esplendor, claridad).

- Gracias: Helena


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