Etimología de ITIFÁLICO

ITIFÁLICO

La palabra itifálico es un cultismo formado de las siguientes raíces griegas: ἰθύς (ithys) que en griego significa derecho, recto, φαλλος (fallos, ver: falo), e ικος ( icos = "relacionado con"), es decir "Relacionado con un falo erecto". Aunque este cultismo tiene más de 400 años de existencia, es sólo recogido en la última edición del DRAE, el cual lo define simplemente como "que tiene el falo erecto."


Lo primero que hay que aclarar es que el cultismo itifálico no es que tenga más de 400 años de existencia, seguramente tiene más de 2500. Nos llega a través del latín ithyphallicus, que lo tomó del griego ἰθυφαλλικός, como muy bien indica el DRAE. Pero las muy escuetas definiciones del DRAE más bien llevan a error al lector desinformado, que leerá en itifálico "que tiene el falo erecto" y luego si busca falo encontrará pene, con lo cual alguien puede creer que podría aplicar itifálico a un varón que tiene el pene erecto, lo cual es falso, sobre todo porque falo no es pene sin más con perdón de la Academia. Habrán observado ustedes que ningún médico pregunta nunca a un paciente: "¿tiene usted molestias en el falo?", ni nadie, por fino que sea se refiere a un pene real con el nombre de falo. Y es que falo es un término técnico, del griego φαλλός, que designa a cualquier representación plástica, o simbólica de cualquier tipo, de un pene, y jamás se refiere a un pene real, y ya en griego significaba eso y ese sigue siendo su significado. Del mismo modo itifálico es un término que jamás se refiere a un pene real erecto, sino que tiene significados simbólicos. Vamos a ver cuáles.

En griego antiguo ἰθυφαλλικός significa relativo o perteneciente al ἰθύφαλλος (ithýfallos). El ἰθύφαλλος era una imagen sagrada, la representación de un falo erecto, símbolo del poder de generación del dios, que se sacaba en procesión en las fiestas dionisíacas. También se llamaban ithýfalos los cantos religiosos que acompañaban este acto e incluso a los portadores de esta imagen o participantes en la procesión. Y se generó el adjetivo ἰθυφαλλικός (itifálico) para referirse al tipo de verso que correspondía a las composiciones litúrgicas que eran cantadas en este ritual y no tenían nada de obsceno necesariamente: eran alabanzas religiosas a Dioniso-Baco.

En realidad más que un verso era un metro. En versificación, los griegos llamaban "metro" a lo que los romanos llamaban "pie": una determinada combinación de sílabas con vocales largas y breves que creaba un ritmo, combinación que repetida, formaba versos con un ritmo adaptable a acompañamiento musical. El metro itifálico consiste en tres repeticiones de una sílaba larga y una breve, como si fueran tres repiques de tambor con un golpe fuerte y otro débil o repicado y con el último reforzado (algo así como "tá-ta, tá-ta, tá-tá"). Cuando algunos poetas romanos introducen en la literatura romana tipos de versos y metros griegos, introducen también el itifálico, metro que por ejemplo vemos a veces incluido en algunos versos de las Odas del gran poeta romano Horacio (S. I a.C.), sin que tenga nada que ver con el contenido del poema: se trata de un ritmo lírico y punto. Séneca por ejemplo emplea itifálicos en las partes corales de sus tragedias que no tienen nada de erótico ni obsceno.Y así los gramáticos y retóricos romanos se refieren al metro itifálico, pues la palabra no significa otra cosa más que una secuencia determinada de ritmo poético y con ese único valor se gasta.

Es así como a partir del s. XVI el itifálico entra en la literatura europea de las lenguas modernas, cuando los poetas, y especialmente los muy culteranistas del XVII, se esfuerzan por imitar los metros y ritmos acentuales de la poesía romana empleando para ello las sílabas tónicas de las lenguas modernas: no es más que un tipo de verso o ritmo lírico, muy raro y escaso por cierto, que no tiene nada que ver con el carácter obsceno o no obsceno de la composición, que eso depende del tema que elija el poeta: se da siempre de manera escasa en odas y anacreónticas, epigramas o composiciones similares. Y ese es el significado que conserva hasta hoy en día la palabra itifálico, como un término técnico de la literatura y la métrica.

Pero además se desarrolló otra acepción, también técnica. En artes plásticas y sobre todo en arqueología se ha tomado este viejo término literario "itifálico" para referirse a las estatuillas, imágenes, etc. de diferentes culturas (no siempre griega o romana, pueden ser imágenes del antiguo Egipto, la India, etc., ya que es muy común el simbolismo mágico-religioso del falo) que representan a una divinidad regenerativa con un falo erecto, que a veces no siempre es presentada así, pero se la muestra así cuando se quiere simbolizar su papel regenerativo en la naturaleza y su capacidad de otorgar vida eterna: entonces hablamos de una representación itifálica, o de un determinado dios "itifálico". En ambos casos, en el literario y en el plástico, la palabra es un tecnicismo.

Muy recientemente, al haber saltado el vocablo técnico a algunos medios comunes, algunos han usado el vocablo en algunos lugares con un valor vulgar de lúbrico u obsceno, que en principio no tiene la palabra en cuestión.

- Gracias: Helena


El término grecolatino ithyphallus se ha introducido también, como sustantivo, en la nomenclatura binomial taxonómica para denominar un género de hongos de la familia llamada de las Phallaceae por su marcado aspecto fálico. El binomio Ithyphallus impudicus (Pers. ex L.) E. Fischer, se ha usado impropiamente como sinónimo del "falo hediondo" Phallus impudicus L.

En realidad el género de hongos llamado Ithyphallus por el micólogo británico Samuel Frederick Gray en 1821 se llama hoy Mutinus, nombre que le puso en 1846 el micólogo sueco Elias Magnus Fries. Pero no salimos de la misma imagen: Esta palabra, en su sentido original, mūtīnus estaba emparentada con otro sinónimo del miembro viril, mūto, mūtōnis, y se llamaba en principio Mūtīnus a un dios de la fertilidad en el ámbito rural que se identificó con el griego Príapo. Se le invocaba para impetrar fertilidad en el matrimonio. En realidad la forma Mūtīnus (Mūtīnus Tūtīnus) parece que sólo se testimonia en Festo y poco más. El nombre que verdaderamente se repite, en efecto en relación con mūto, mūtōnis, es Mūtūnus, o Mūtūnus Tūtūnus, y es así como también lo cita San Agustín en La Ciudad de Dios (4:11). Parece que se lo pone en relación con ciertas divinidades de origen etrusco que son las que llevan esas sufijaciones en -ūnus o en -umnus (como Neptūnus, Fortūna, Vertumnus, Portumnus...). Pero ya se sabe de la alternancia frecuente u/i breves en latín sobre todo ante nasales y labiales, aparte de la influencia analógica del sufijo -inus. En concreto Ernout y Meillet señalan la coincidencia radical con gentilicios de origen etrusco como Mutu o Muthuna. Con el tiempo, por motivos obvios, se convirtió en un sustantivo sinónimo de mentula "pene" en los desvergonzados poemas priapeos. Pero seguramente para el latín de la nomenclatura binomial se ha tomado con la vocalización Mutinus como forma aparentemente más clásica.

En fin, que llamándolos Ithyphallus o llamándolos Mutinus no dejaban de subrayar el inquietante parecido de estas setas, solo que, al decirlo en griego o latín la posible obscenidad quedaba disimulada muy en el tono de lo que la hipocritona elegancia decimonónica consideraba de "buen gusto".

- Gracias: Joaqu1n (con la asesoría de Helena)


Estatuillas itifalicas, halladas en Sesklo a menudo también simples falos, pueden significar fertilidad pero también una demarcación apotropaica del territorio. aunque no haya en ello certeza. Es innegable el aspecto sexual de los misterios: se testimonian símbolos de los genitales, desnudamientos y verdaderas orgías: iniciación a la pubertad, magia agraria, la fuerza de la vida que superan a la muerte se pueden unir aquí. Los diversos aspectos pueden confluir unos con otros: la nueva certeza de la vida obtenida a través de la embriaguez y la sexualidad va unida a la comprensión del ciclo de la naturaleza.

En las puertas del Anáktoron se encuentran escultura de bronce de dos "hermas" itifálicas. Originariamente debían de servir como demarcación fálica de los límites, pero la explicación mítica que se daba era que Hermes habría visto a Perséfone, y tala visión le habría producido ese estado de excitación.

Es posible que antiguas formas de iniciación a la pubertad se hayan preservado precisamente en los ritos sexuales. Mientras que en las Bacaneles se afirma que la iniciación consistía, entre otras cosas en "sufrir" un acto homosexul, los frescos muestran junto al dios el gran falo erecto en un aventador y una mujer se apresta a desvelarlo , pero también había que "sufrir" azotes.

En el contexto de los misterios la iniciación procura liberación de las antiguas opresiones y de la vida cotidiana, encuentro con lo divino, fuerza vital y expresión de lo divino.

Walter Burkert (2007) "Religión griega, arcaica y clásica" Abada Editores, Madrid España

Hallazgos en estos sentidos se encuentran el Villa de Leyva Colombia. Se descubrió allí un terreno en los que se encuentran representaciones en piedra de falos erectos, con amplia variedad en su tamaño y forma, lo puedes buscar por el mal llamado "infiernito" o mejor "Monumento al Falo"

- Gracias: diegogerman


La intervención anterior es un auténtico cúmulo de despropósitos, que no sabemos si achacar realmente a Walter Burkert o quizá a quien traslada de él párrafos inconexos de cosas absolutamente incasables. Anáktoron es un término griego derivado de anax (nombre genérico de los reyezuelos micénicos) que viene a designar una especie de palacio-templo, un tipo de santuario de tradición micénica (más o menos entre 1600 y 1150 a.C.), y luego en época clásica griega Sófocles y otros autores lo emplean para designar a ciertos santuarios de un dios. Es imposible que este anáktoron que se cita se refiera a la Edad Micénica, porque aún en esta época no hay hermas. Los hermas ni siquiera tienen por qué representar al dios Hermes: en origen son pilares de piedra con un amontonamiento de piedras superior, que se colocan como mojones en términos, límites y encrucijadas o cruces de calles y barrios en la Grecia clásica quizás desde tiempos arcaicos (750 a.C. en adelante) y con el tiempo son representados por un pilar con una cabeza esculpida arriba, sin más. A veces los hay femeninos, o bifrontes, y se dedican a los dioses de las encrucijadas de los que Hermes es sólo uno de ellos, y como alguna vez que son ambiguos en la representación de su cabeza, hay alguno, escaso, que puede tener una representación fálica en relieve en el pilar para marcar el sexo. Los hermas nunca pueden representar que "Hermes vio a Perséfone y se excitó". Un herma es otra cosa y su nombre no viene del dios Hermes, sino que procede del griego ἕρμα, ἕρματος(apoyo, pilar, punto de apoyo, incluso para amarrar las naves en las orillas). Todo es un puro desatino.

Mucho más imposible es que ese anáktoron, como parece entenderse aquí, se refiera a un anáktoron de Sesklo, poblado neolítico tesalio, yacimiento neolítico que deja de existir aproximadamente en el 4400 a.C., donde aún no se trabaja el bronce porque el bronce no existe aún, y de cuya primitiva pequeña estatuaria en piedra lo notorio no son los elementos itifálicos, sino las representaciones femeninas esteatopigias.

Por lo demás no hay nada especial en hallar representaciones itifálicas. Son muy antiguas y están en muy diversas culturas del mundo. En cuanto a la iniciación en los misterios dionisíacos o báquicos, lo de que había que sufrir un acto homosexual es un puro y burdo invento: no hay ninguna documentación al respecto. La iniciación en sí, en los cultos mistéricos, era algo que estaba prohibido divulgar y no tenemos un solo relato claro de ello, sino sólo referencias indirectas. En los frescos de la villa de los Misterios en Pompeya, lo que sí está representada es la flagelación apotropaica ritual, muy común en diferentes ritos.

- Gracias: Helena


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