Etimología de ORFISMO

ORFISMO

La palabra orfismo designa a un importante culto mistérico de la Grecia antigua, bien documentado desde etapas arcaicas, variante religiosa para la que el vate Orfeo es su fundador e iniciador. La palabra se forma con el sufijo -ismo sobre el nombre griego del héroe Ὀρφεύς, que carece de etimología demostrable y probablemente es pregriego, aunque algunos se han preguntado si podría tener relación con ὀρφανός ("orphanós"), que significa huérfano, pero también privado, desposeído, ya que el mito central de Orfeo es que fue privado de su esposa Eurídice y eso dio lugar a todas sus acciones.

Como todos los cultos mistéricos, el orfismo se basa en la idea de la muerte de una divinidad o un héroe y su posterior resurrección a una vida eterna, que es lo que el culto promete al iniciado, una felicidad en un más allá. Para ello sus cultores han de ser iniciados en la religión con un aprendizaje y un rito de admisión, y llevar una vida reglada y dominar una serie de códigos que le lleven a su objetivo. Los iniciados en el orfismo se llaman ὀρφικόι ("orphikoi"= órficos). En el caso del orfismo esta educación tenía que ver mucho con la música, la poesía y la matemática, y en muchas de sus ramas, con prácticas como el vegetarianismo, vinculado a otra idea también central para los órficos, que es la de la metempsícosis o reencarnación de las almas. El orfismo era una religión en origen básicamente masculina, si bien una rama del orfismo, a caballo entre la religión y la filosofía, que es la de los órfico-pitagóricos o simplemente pitagóricos, en algunos de sus núcleos o comunidades admitieron a mujeres. Los órfico-pitagóricos produjeron una gran cantidad de textos cosmogónicos y tienen una gran influencia en Platón.

El mito de Orfeo resume simbólicamente la creencia órfica. Orfeo, el maravilloso cantor y poeta tracio, se casa con su enamorada Eurídice. Pero el mismo día de la celebración de sus bodas en los festejos en el bosque, Aristeo, un pastor enamorado de Eurídice la persigue para violarla. Ella huye por la espesura y en su huida pisa una serpiente que la muerde y la mata al instante. Orfeo desesperado decide descender al Hades a rescatar a su esposa y logra la proeza de pasar, estando vivo, las fronteras infranqueables del mundo de los muertos y solicitar su devolución a las deidades de los muertos, todo lo cual va logrando gracias a la fuerza seductora de su canto y su lira. Hades y Proserpina le conceden que pueda llevarse a su esposa con una condición: ella le seguirá con tal de que nunca la mire ni la toque. Pero Orfeo, que dirige la palabra a Eurídice por los oscuros y peligrosos senderos del Hades, jamás obtiene respuesta y justo cuando ya están en el límite superior saliendo a la luz, no puede resistir y vuelve la mirada a ella, que inmediatamente cae de nuevo al abismo y la pierde para siempre sin tener la opción de regresar. Orfeo entonces se retira a los montes y canta su dolor, y los animales salvajes, los árboles y hasta las piedras, le siguen mansamente subyugados por su canto. Finalmente, habiendo contemplado los secretos del Hades, Orfeo empieza a impartir sus enseñanzas a los jóvenes tracios, proporcionándoles la vía, mediante la música, la poesía y un código de actuación para la muerte, de interrumpir la cadena de las reencarnaciones a los órficos más formados y permanecer para siempre en los Campos Elíseos de los bienaventurados, para lo cual deberán, entre otras cosas, resistir la sed que impulsa a las almas a beber de las aguas del Leteo, el río del olvido, mediante el cual los dioses de ultratumba logran el olvido que les permite enviar de nuevo esas almas a una reencarnación, y aguantar hasta llegar a la fuente del álamo blanco, cuyas aguas aseguran la eterna memoria. Como puede verse, en las descripciones del Hades de poetas griegos y romanos, especialmente la más detallada de Virgilio, hay elementos que son de claro origen órfico.

Orfeo nunca admitió mujeres en sus enseñanzas, pues tras la pérdida de Eurídice se negó a tener contacto alguno con mujeres. Se dice que esa fue una de las causas por las que un grupo de Bacantes (practicantes de un culto mistérico) rival, en pleno delirio orgiástico, matan y despedazan a Orfeo en los bosques lanzando sus restos a un río, que llevó al mar su lira y su cabeza, piadosamente recogidos por las jóvenes de la isla de Lesbos, enterradas y convertidas en base de un culto religioso oracular. Y Orfeo, convertido en semidiós, alcanza su inmortalidad. Esta muerte de Orfeo, como episodio religioso central, es sin duda la escena más representada por el arte griego, especialmente la cerámica, de los mitos órficos. Cuando ese mundo griego queda incluido en el mundo romano, la religión órfica ya ha perdido bastante su fuerza y vigencia, pero los romanos emplearan muchísimo la figura de Orfeo como fuerte símbolo cultural, y la escena que se repite incesantemente en multitud de mosaicos romanos es el Orfeo amansador de fieras, rodeado de animales innumerables, todos apaciguados por el héroe: es sin duda un icono político del papel civilizador que los romanos se atribuían y concebían para su imperio. Y de estas representaciones, a veces empleadas en las necrópolis y catacumbas cristianas, surgen algunas de las primeras pinturas cristianas que representan a Cristo como Orfeo y acaban generando la figura del "cristo Buen Pastor" en el arte paleocristiano.

Aparte de los núcleos del orfismo, digamos que más elevados y religioso-filosóficos, en la Grecia arcaica y clásica proliferaron también una especie de taumaturgos ambulantes, mendigos, que proporcionaban supuestos talismanes y remedios y todo tipo de ensalmos, y también se hacían llamar "órficos" o más bien "orfeotelestes" (=iniciadores en los misterios órficos").

El nombre de Orfeo ha dado lugar a algún vocablo moderno como orfeón. Incluso a inicios del s. XIX se empleó puntualmente el nombre orfismo, o también cubismo órfico, para designar a una tendencia pictórica parisina del geometrizante cubismo en boga, que hacía un uso de colores puros, vivos y luminosos. El nombre en realidad se lo puso a esta tendencia colorista parisina el poeta Guillaume Apollinaire, quien quiso ver quizá en ese uso del color algo similar a una sensación musical, y en la geometría de las composiciones, la fuerza de la matemática. Sin embargo este nombre tan puntual e impreciso, es más poético que técnico-artístico y los teóricos del arte no suelen considerarlo una escuela definida.

- Gracias: Helena


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