Etimología de VASCO

VASCO

La palabra vasco designa actualmente al natural de un territorio del norte de España que conocemos como País Vasco y que contiene tres provincias que tradicionalmente se llamaban Vascongadas (Guipuzcoa, Vizcaya y Álava), así como a los naturales de un territorio limítrofe perteneciente al suroeste de Francia (País Vasco francés), territorios todos que en la lengua vernácula vasca se denominan Euskadi o Euskal Herria (aunque no exista entidad política ni administrativa con este nombre y se trate de un concepto exclusivamente de una comunidad cultural), desde 1968 en que Koldo Mitxelena propuso la unificación gráfica y la generalización de esta denominación referida a unos territorios de existencia de habla vasca que en general en castellano, sólo cuando alguien quería referirse al área de habla del vasco, se habían denominado Vasconia. El vasco es pues también una característica lengua preindoeuropea hablada en esos territorios. Desde siempre, Navarra se ha considerado y ha sido siempre una entidad política aparte, no vasca, pero desde el momento en que en ella se habla vasco y precisamente ha sido parte antigua en su mitad norte del solar ancestral de hablantes vascos, el nacionalismo vasco la considera parte integrante de lo que denominan Euskadi o Euskal Herria, pese a que la mayoría de los navarros, que ya en tiempos medievales hablaban un romance propio y desde muy antiguo se castellanizaron muy mayoritariamente, no se consideran parte de una unidad vasca, sobre todo si ello conlleva alguna consecuencia político-administrativa, de lo cual sólo una minoría muy recientemente nacida es partidaria. Y así, un comentarista visitante suponemos que desde una óptica nacionalista vasca, más o menos "amablemente", nos indica que especifiquemos que son siete las provincias "históricamente" de habla vasca, al menos en parte, algunas con sus nombres en vascuence: Zuberoa (=Sola, pequeña región bearnesa en la parte francesa), Lapurdi (Labort, comarca francesa fronteriza del área de Bayona), Araba (=Álava), Bizkaia (=Vizcaya), Gipuzkoa (=Guipuzcoa), Alta Navarra (la Navarra española) y Baja Navarra (la Navarra francesa al lado norte de los Pirineos). Hay que especificar que semejante división en provincias sólo relativamente es "histórica": es bastante moderna, casi de anteayer, y basada en las divisiones administrativas del s. XIX (división provincial de España de 1833 que establece y delimita las tres provincias vascongadas antes inexistentes, siendo los departamentos franceses un poco más antiguos, de fines del XVIII). A lo sumo algunas de estas entidades se fundamentan muy aproximadamente en entidades político-administrativas medievales, como el medieval reino de Navarra (cuya lengua oficial administrativa era una lengua romance), o ciertos pequeños condados o vizcondados franceses dentro del Bearn, etc. Pero son divisiones artificiales más o menos recientes, algunas de las cuales (por ejemplo Navarra en su mitad montañosa) responden al solar originario ancestral de habla del vasco. Otras en cambio, como las provincias Vascongadas españolas o los llanos aquitanos o bearneses de Francia, son áreas de expansión del vasco y sus hablantes en época romanotardía o altomedieval. Y sin embargo ya no se incluye por ejemplo, por motivos obvios, una buena parte del actual Pirineo oscense, considerado también solar primitivo de habla del vasco, hoy allá olvidado y que pervive en topónimos y poco más).

El vocablo vasco procede de vascón, y este de la denominación en latín Vasco, Vasconis (Vascones en plural), que les dieron los romanos, palabra que pudo originarse en la denominación que este grupo se daba a sí mismo o quizá más bien en el nombre que les daban los pueblos prerromanos vecinos, y que no tendría nada que ver con los dos adjetivos vascus que se detectan en latín (uno de los cuales significa "curvado" y otro "vacío o desierto"). La variante vascongado procede de *vasconicatus (hecho vasco, avascongado), vocablo que tendría relación con el latín medieval vasconizare (actuar o hablar a la manera vasca, bailar o saltar como los vascos en sus danzas tradicionales).

El pueblo de los Vascones a la llegada de los romanos era en realidad un pueblo montañés del Pirineo que ocupaba sobre todo el Pirineo occidental de Navarra y Huesca en ambas vertientes, la actualmente española y la hoy francesa, y una parte de las montañas de Guipuzcoa (el resto de Guipuzcoa y las actuales provincias de Vizcaya y Álava estaban habitadas por celtíberos). Allá en las montañas habían conservado su antigua lengua, preindoeuropea, mientras Europa en general y la gran parte de lo que hoy es España ya estaba indoeuropeizada por los pueblos celtas, mucho antes de la llegada de romanos. Esta lengua que sabemos muy antigua, pese a que no hay ningún testimonio escrito antiguo de ella, en esas fases es llamada protovasco, y desde el gran lingüista del vasco Mitxelena y también otros especialistas después, se ha intentado reconstruir en sus formas prístinas a partir del vasco actual. Porque en efecto el vasco (llamado euskera actualmente en su propia lengua) sufrió desde época romana y en el Medioevo una notoria invasión de vocablos latinos, a veces muy modificados y poco visibles a los no expertos, pero perfectamente reconocibles para los lingüistas, a lo que hay que sumar un inmenso cupo de palabras adquiridas modernamente del lenguaje internacional y necesarias para la normalización lingüística del vasco producida en el s. XX, que pudiera preparar la lengua para ser enseñada como de uso común y utilizable en todos los campos. Hay que tener en cuenta que los vascones, a la llegada de los romanos, eran un pueblo agreste más recolector y cazador que otra cosa, de escasa o nula agricultura, habitante de poblados montañeses, sin ciudades, sin arquitectura, sin escritura y sin muchas tecnologías ya en buena parte dominadas por otros pueblos del entorno, y por lo tanto carecían del vocabulario que lo expresara.

Estos vascones continuaron con su lengua en un territorio que en realidad no interesaba mucho a otros, no se romanizaron más que indirectamente, en la paulatina adopción de formas de vida y formas económicas nuevas que llevaban también la incorporación de nuevos vocablos a su lengua vasca. Puede suponerse que es sobre todo en época bajoimperial romana, cuando debido a los efectos que irradia la romanización de otras tierras vecinas, los grupos vascones han tendido a expansionarse por los llanos y a una actividad agrícola más intensa que hace que vayan ocupando paulatinamente los territorios vascos actuales y piedemontes y llanos de Navarra, sucediendo lo propio al otro lado de los Pirineos, que es la situación que encontramos en la Vasconia de la Edad Media. Así, la considerable cantidad de préstamos latinos en el vascuence proceden unos directamente del latín vulgar, otros del castellano, aragonés y otras hablas romances hispánicas, y muchos del bearnés del otro lado de los Pirineos, dialecto del aquitano, lengua de oc derivada enteramente del latín, pues eran los hablantes vecinos de los vascos en el inmediato suroeste de Francia.

En cuanto a la lengua vasca original se trata de un interesantísimo resto preindoeuropeo muy antiguo y seguramente hunde sus raíces en la lengua de una comunidad preneolítica. Diversos intentos todos fallidos se han producido de emparentarla con otras lenguas preindoeuropeas, basados en el parecido o identidad de alguna que otra palabra aislada, lo que no indica nada, sino que alguna palabra pudo correr de una comunidad a otra en tiempos antiguos en grupos lingüísticos que no estaban tan alejados, o que se trata de un par de palabras compartidas de algún fondo ancestral muy antiguo. Así se ha querido a veces emparentarla con el bereber, otras con el ibérico (lengua prerromana y preindoeuropea hablada por una comunidad cultural que ocupaba toda la orla oriental y sudoriental mediterránea de la península ibérica) y otras veces con lenguas caucásicas arrinconadas por el avance indoeuropeo en Europa, hipótesis todas ellas refutadas. Otra tendencia quiere ver en el vasco el resto de una especie de lengua preindoeuropea común a Europa de gran extensión antes de la llegada de indoeuropeos, idea que carece de todo fundamento científico, pues del mundo lingüístico previo a la expansión indoeuropea, mal conocido en general, lo único que sabemos es que pudo ser un mosaico de lenguas muy diverso, sin necesario parentesco, dado que los restos observados en diversos puntos no guardan parentesco entre sí, pero idea grata a ciertos sectores minoritarios ultrachovinistas vascos y sin ninguna formación sobre la génesis de las lenguas. En cambio no les gusta nada la hipótesis que en estos momentos parece que presenta más indicios y fundamentos científicos: aunque el vasco no es exactamente el ibérico y serían dos lenguas evolucionadas en territorios diferentes, ni es vasco el bereber norteafricano, ni el viejo sículo de Sicilia (una lengua preindoeuropea que no es la misma que el sículo posterior derivado del latín) estas comunidades históricas y lingüísticas que desarrollaron una lengua cada una por su cuenta, tienen muchas posibilidades, también a partir de análisis de ADN mitocondrial y cosas así, de proceder de África en un pasado remoto. En un momento del Paleolítico final en que los cambios climáticos progresivos subsiguientes a la última glaciación provocaron la desertización del Sáhara, esta empujó a las poblaciones al norte, arrínconándolas en el norte de la franja norteafricana, y por falta de espacio vital, parece que poblaciones pasaron al sur de Europa, en concreto a la península Ibérica, a la cercana Sicilia y probablemente al extremo sur de Italia, llevando con ellas un grupo o haz de lenguas en principio emparentadas, que luego ya en cada lugar y en un larguísimo proceso temporal darían lugar a lenguas como el vasco, el ibérico, el sículo o el bereber norteafricano. Es decir, su origen remoto no sería europeo, sino africano.

Otra de las cosas que ardientemente defiende sin fundamento científico algún que otro sector del nacionalismo vasco es una notoria influencia del vasco en la generación del castellano y sus voces, basada en dudosas hipótesis, cuando en general es al revés y en las áreas de generación del castellano no se hablaba vasco, sino latín, aunque no estuvieran lejos de hablantes vascos. Es cierto que el vasco ha proporcionado una serie de vocablos al español bien detectados, como no podía ser menos entre lenguas vecinas y en contacto, pero en general ha recibido más el vasco del latín, del castellano y otras lenguas en contacto que a la inversa. Esto es lo que históricamente sucede en todas las lenguas que han tenido su situación: el vasco nunca ha dispuesto de un verdadero Estado propio normalizador ni en la antigüedad (apenas puede considerase como tal el reino medieval de Navarra, parte del cual hablaba vasco, aunque tenía su romance propio también que era la lengua oficial de su administración y nunca lo fue el vasco). En tal situación de lengua familiar que no es vehículo administrativo, económico, de cultura escrita, etc., las lenguas reciben mucho más los influjos de las lenguas dominantes que sí se emplean en ese terreno que a la inversa. Pero la importancia, carácter, y derecho al respeto y conservación de una lengua existen y son per se, y no dependen del mayor o menor influjo, de las áreas más o menos extensas de uso, etc.

El vasco es una lengua que forma parte del rico patrimonio léxico de España y de Europa, de interesantísimo carácter por su originalidad y personalidad, y por ser además un antiguo resto cultural vivo de valor incalculable.

Se trata de una lengua aglutinante en realidad formada por una gran cantidad de dialectos aun en un territorio de habla tan pequeño, lo que es debido a que nunca se normalizó hasta el s. XX. En este siglo se creó artificialmente una variedad que es fusión sobre todo de los dialectos centrales, para ser utilizado como estándar en la comunicación y en la enseñanza, variedad llamada euskera batúa, lo que resultó polémico y con detractores, porque en realidad no correspondía a ninguna variedad de habla real y muchos pensaban que en esta estandarización iba a matar el euskera real con su riqueza dialectal. Muchas veces las palabras tienen notorias variaciones según las zonas, pero el euskera batúa es lo que se ha ido imponiendo en la enseñanza y el uso público.

Viejas palabras del protoeuskera son a veces aglutinaciones compositivas de elementos monosilábicos y otras se aglutinan actualmente en largas secuencias -palabra. Parece que el orden de la frase siempre tendía a empezar por el verbo.

Como se ha dicho el vasco o euskera empieza a testimoniarse por escrito con palabras aisladas en documentos medievales en realidad escritos en otras lenguas. Antes no hay nada claro y se discute si algún vocablo aislado en epigrafía romana del área francesa puede ser alguna palabra euskera. El primer libro escrito en esta lengua se publicó a mediados del s. XVI y es una colección de 15 poemas precedido de un prólogo, que se titula en latín (Linguae Vasconum Primitiae). Antes no hay ningún tipo de literatura en vasco. A él pertenece este poema que figura en algunas webs:

Berce gendec vstà çuten
Ecin scriba çayteyen
Oray dute phorogátu
Enganatu cirela.
Heuscara
Ialgui adi mundura

Traducción:
"Otras gentes creían
Que no se te podía escribir
Ahora han demostrado
Que se estaban engañando
Euskera,
Sal al mundo."

En este poema podemos ver una muestra de la lengua, así como también la notoria abundancia de préstamos latinos en ella (gendec, scriba, oray, enganatu, adi, mundura...).

- Gracias: Helena


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