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Etimología de QUÍMICA

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QUÍMICA

El nombre de esta ciencia proviene de la voz árabe "kimiyá" (piedra filosofal - Ver Alquimia), que a su vez proviene de "kimi" (negro), término con que se nombraba a Egipto por ser la civilización, que más avances realizó en técnicas químicas. Estos fabricaron: esmaltes, vidrios, emplearon el cuero, la lana, el algodón y el lino, que teñían con índigo y púrpura, elaboraban perfumes, bálsamos, venenos, jabones y betunes.

La química nació con el descubrimiento del fuego, su origen está ya en las técnicas del hombre primitivo al realizar pinturas, emplear telas y utilizar metales como el oro y aleaciones como el bronce.

En la antigüedad, fueron los filósofos presocráticos, quienes abordaron los problemas fundamentales de la naturaleza y de la materia. Cobró forma la idea de la existencia de un principio permanente que originó todo la materia existente: para Thales fue el agua, para Anaximenes, fue el aire, para Heráclito este elemento fue el fuego, mientras que Empédocles señaló todos estos elementos más la tierra, esta última teoría, la teoría de los cuatro elementos, fue aceptada por Aristóteles y perduró por mucho tiempo. Por esa misma época Leucipo y Demócrito señalaron que la materia estaba formada por átomos, teoría que sería revalorada en el siglo XVII.

Durante el medioevo, la química fue oscurecida por inquietudes religiosas, sin embargo, en el siglo VII la química reapareció con los árabes, fundando la alquimia, precedente de la química. La historia de la alquimia es fundamentalmente la historia de la búsqueda de la piedra filosofal (que convertía todo metal en oro) y el elixir de la vida (que volvía inmortal a una persona). Por otra parte, los alquimistas, confundidos con magos y brujos, sufrieron persecuciones por parte de autoridades religiosas. Estos alquimistas entre otras cosas descubrieron: las sales de amoniaco, el acido sulfúrico, el agua fuerte o acido nítrico, el agua regia, preparados alcohólicos y de compuestos del mercurio y del arsénico. Entre los alquimistas árabes destacan Avicena y Averroes.

El primer alquimista europeo fue el inglés Roger Bacon, junto a Alberto Magno y Paracelso son considerados como los mayores alquimistas del Renacimiento, precursores de la ciencia experimental.

En la edad moderna, fue el irlandés Robert Boyle, considerado el primer químico que rompió con la tradición alquimista, formulando el concepto moderno de elemento químico, aunque todavía existieron en esta época químicos que buscaban un principio común a todos los cuerpos.

Quizá el investigador más decisivo en la historia de la química fue el francés Antoine Laurent Lavoisier; quien estableció el principio de que "la materia y la energía ni se crean ni se destruyen; solamente se transforman" (Ver: Perpetuo y Entropía).

- Gracias: Ciro Cabrera Córdova


También se considera la posibilidad muy factible de un préstamo en el árabe de un sustantivo derivado de χέω (verter líquidos) o de χύμα o χυμός, palabras que remiten a la fusión o mezcla de líquidos, posibilidad fundamentada en la literatura del "hermeticon", género breve de neoplatónicos romanos orientales, así como en fórmulas de farmacopea vinculadas a los tratados hipocráticos. Estas variantes, que a la caida del Imperio romano se esfuman en Occidente y en el Oriente bizantino cristianizado, son recibidos en cambio por la cultura islámica, tanto en la corte Omeya de Damasco del s. VIII, como en el Egipto de la época, en que Alejandría sigue siendo un foco de fusión de culturas. Mientras el cristianismo de la época rechaza determinadas prácticas médicas y farmacéuticas, la cultura islámica de esta época recoge todos los saberes clásicos al respecto, tanto los de raíz hipocrática como los avances romanos presentes en Celso o Galeno, y también desarrolla la farmacopea y la alquimia. Por eso su medicina y técnicas accesorias son muy superiores en los siglos VIII al XIII, a los que se poseen en el mundo cristiano. Y puede sin trabas desarrollar la alquimia.

Pero lo que más interesa señalar es la ignorancia o descuido hacia los saberes científicos aportados por el mundo antiguo. Demócrito de Abdera, que vivió a entre los s. V y IV a.C., planteó la teoría atomista que fue recogida y desarrollada por Epicuro y la escuela epicúrea, que hacen aportes sobre ella. La explicación más extensa y detallada que tenemos de ella se la debemos al poeta-filósofo romano Lucrecio, un epicúreo que como tal fue despreciado y considerado autor maldito por el cristianismo. En los libros I y II de su obra De rerum natura, cuya lectura recomiendo, se explica in extensis la teoría, con un aporte, que no sabemos si ya estaba en Demócrito o es posterior, epicúreo griego o romano: Se trata precisamente del principio de entropía y el enunciado de que "la materia y la energía ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman". Si la ciencia despega a partir del XVI y sobre todo en el XVIII, es porque consiguen recuperar como cimiento y base de despegue todos los escritos griegos y romanos que el medievo cristiano destruyó (Lucrecio se recuperó enteramente gracias a los hallazgos ocasionales y a los palimpsestos, códices raspados para escribir encima otras obras, en que las huellas del primer cálamo que raspaba el pergamino, permiten recuperar lo escrito). Aunque para comprobar con detalle lo que afirmo y su argumentación completa, se debería leer la obra de Lucrecio, creo que estas citas lo ilustran bastante bien, y deben hacernos concluir que, igual que Copérnico no fue el primero en postular que el sol es el centro del sistema solar y en calcular órbitas planetarias, tampoco fue Lavoisier el primero en afirmar el aludido principio:

Praeterea quaecumque vetustate amovet aetas,
si penitus peremit consumens materiem omnem,
unde animale genus generatim in lumina vitae
redducit Venus, aut redductum daedala tellus
unde alitatque auget generatim pabula praebens?

unde mare ingenuei fontes externaque longe
flumina suppeditant? unde aether sidera pascit?
omnia enim debet, mortali corpore quaesunt,
infinita aetas consumpse ante acta diesque.
quod si in eo spatio atque ante acta aetate fuere

e quibus haec rerum consistit summa refecta,
inmortali sunt natura praedita certe.
haud igitur possunt ad nilum quaeque reverti

(...)

inter se quia nexus principiorum
dissimiles constant aeternaque materies est,
incolumi remanent res corpore, dum satis acris
vis obeat pro textura cuiusque reperta.
haud igitur redit ad nihilum res ulla, sed omnes
discidio redeunt in corpora materiei

(…)

haud igitur penitus pereunt quaecumque videntur,
quando alit ex alio reficit natura nec ullam
rem gigni patitur nisi morte adiuta aliena

(De rerum natura, I, 146 y ss.)

Traducción:

Además, si el tiempo aniquilara por completo todo lo que,
sucumbiendo a la vejez, poco a poco desaparece de nuestra vista,
y consumiera toda sustancia,
¿de que materia se sirve para volver a la luz de la vida las distintas especies de seres,
o, una vez en ella, con qué las nutre la tierra industriosa y las hace crecer?.

Las fuentes nativas del mar, ¿con qué lo abastecen?,
¿con qué los ríos externos, que vienen de lejos?.
El éter, ¿con qué apacienta los astros?.
Pues el tiempo pasado, la infinita sucesión de días,
deberían haber consumido ya todo lo que existe y es de cuerpo mortal.

Que si en ese tiempo y en el transcurso de las edades pretéritas
existieron ya los elementos materiales que constituyen y renuevan este mundo nuestro,
éstos deben ser, con toda certeza, de esencia inmortal y siempre los mismos:
nada puede por tanto, retornar a la nada.

(...).

Siendo muy distintos los nexos que ensamblan los elementos
y eterna e igual su materia,
las cosas subsisten hasta que se enfrentan con las fuerzas
lo bastante potentes como para deshacer su trabazón.
Ningún ser retorna, pues, a ninguna nada;
antes bien todos vuelven, por disolución,
a formas más elementales de la materia.

(...)

No, no se aniquila todo lo que parece morir,
ya que la naturaleza renueva unos seres con la materia de otros,
y no sufre que cosa alguna se engendre sino ayudada por una muerte ajena.


Es decir, la cantidad de materia es siempre la misma en el universo, y más concreto:

Nec stipata magis fuit umquam materiei
copia nec porro maioribus intervallis;
nam neque adaugescit quicquam neque deperit inde
.
(De rerum natura, II, 294 y ss.)

Traducción:

La suma de la materia no fue nunca ni más densa
ni más enrarecida por intervalos mayores.
Pues nada viene a incrementarla, ni de ella nada perece.

- Gracias: Helena


Según los diccionarios de raíces indoeuropeos, la palabra griega χύμα (khyma = zumo, fusión o mezcla de líquidos) vendría de la indoeuropea *gheu- (derramar), presente también en las palabras fundir, fútil y géiser.

La palabra química es usada como elemento compositivo, para nombrar las diferentes ramas de especialización, por ejemplo:

  • Astroquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos de los astros.
  • Bioquímica - estudio de los fenómenos químicos de los seres vivos (bio- = vida).
  • Citoquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos de las células (cito- = célula).
  • Cristaloquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos de los cristales.
  • Electroquímica - estudio de los fenómenos químicos que provocan electricidad y los fenómenos eléctricos que dan lugar a transformaciones químicas.
  • Geoquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos de la tierra (geo- = tierra).
  • Histoquímica - ciencia que estudia los procesos químicos de los tejidos orgánicos (histo-).
  • Iatroquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos para usos medicinales (iatra = médico).
  • Petroquímica - estudio de la composición y los fenómenos químicos del petroleo.
  • Termoquímica - estudio del calor producido por reacciones químicas.

Fuentes:

  1. Entrada 671 página 447 de Indogermanisches Etymologisches Woerterbuch de Julius Pokorny. No hay una lista oficial de raíces Proto-Indo-Europeas. Estamos usando a Pokorny, pues es una de las listas más completas y más fáciles de obtener.
  2. Página 31 de el American Heritage Dictionary of Indo-European Roots. Editada por Calvert Watkins - Tercera edición - 2011.
  3. Diccionario Etimológico Indoeuropeo de la Lengua Española (página 65 ) de Edward A. Roberts y Bárbara Pastor - Primera Edición 1996.


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