Etimología de LATÍN

LATÍN

La palabra latín designa a una importantísima lengua antigua de larguísima vida, que es lengua madre de muchas otras lenguas modernas y fuente constante de cultismos para todas las lenguas occidentales, lengua que además durante muchos siglos en la cultura occidental fue el único vehículo de la cultura y la ciencia.

Su nombre actual, para los antiguos lingua Latina, deriva del adverbio latino Latine (latinamente, en latín), que se empleaba extraordinariamente en expresiones como Latine loqui (hablar en latín), de donde pasó a designar el nombre de la lengua misma. Este adverbio se deriva con el formante adverbial -e del adjetivo Latinus-a-um (latino, del Lacio), derivado con sufijo de relación -inus de la palabra Latium, que es el nombre antiguo de la pequeña región del centro de Italia, cuya principal ciudad fue Roma, de la que la lengua es originaria. La antiquísima palabra Latium es de etimología desconocida, si bien alguna vez, suponiéndole un sentido de tierra extensa y llana, alguien ha intentado asociarlo a una raíz indoeuropea *stel-2 (ancho), como hace Pokorny, pero sin ninguna prueba ni fundamento.

El latín es una lengua indoeuropea del subgrupo Itálico, al que corresponden una serie de lenguas habladas en la península Itálica en etapas muy antiguas, lenguas hermanas del latín que acabaron perdiéndose ante la fuerte expansión de esta, y de las que las más destacadas son el falisco (que en parte compartía territorio con el latín), el osco y el umbro, estando estas dos últimas muy divididas en diferentes variantes dialectales cada una con su nombre y que sería farragoso reseñar.

Debido al imperialismo romano y la expansión de su cultura, el latín no sólo se expandió como vehículo normal del habla a toda la península itálica, sino a la totalidad de territorios que circundaban por los cuatro puntos cardinales todo el Mediterráneo Occidental, que acabaron perdiendo prácticamente cualquier lengua previa y asumiendo durante largos siglos la lengua latina como propia y exclusiva. La expansión hacia el Mediterráneo Oriental fue diferente, pues allá desde el Helenismo se había impuesto el griego como lengua común de comunicación, lengua que tenía gran solidez literaria y arraigo y además gozaba de gran prestigio entre los romanos. Por eso allá el latín fue sólo lengua de la administración y el ejército, que en realidad eran bilingües, mientras la gente de la calle, el común de las personas, hablaba preferentemente griego e incluso en parte otras lenguas orientales.

Esta gran expansión del latín habría de producir diversos fenómenos. Por un lado una larguísima vida del latín. Por otro lado una evolución muy profunda del latín en los registros más populares, hasta dar lugar a otras lenguas que llamamos romances, que no son en origen más que dialectos del latín. Las principales que hoy sobreviven (hubo muchas variantes romances hoy perdidas) son Castellano, Catalán, Gallego y Portugués, Astur-leonés, Francés, Italiano, Occitano, Retorromano, Rumano y Sardo.

Esto se explica por la existencia, en el Imperio Romano de lo que se ha llamado un latín culto y un latín vulgar. No se trata de dos latines diferentes, pues la lengua es única y comprensible para todos. Pero cualquiera puede observar hoy en su propia lengua que no habla del todo igual una persona muy cultivada que la que ha ido poco a la escuela, no habla del todo igual un campesino extremeño de España que uno mexicano, etc. Acentos propios, localismos propios, influjos de lenguas previas y mil factores en los que no vamos a entrar pueden explicar estas diferencias.

Pues bien, en un espacio geográfico tan grande como el Imperio Romano, las diferencias eran grandes: llamamos latín vulgar a todo el latín hablado por la gente común y sencilla de todo el Imperio, con sus múltiples pequeñas variaciones según territorios, etc. El latín culto era el basado en el más puro latín romano de todos los que tenían estudios más profundos, que tienden a unificar a los hablantes con el estudio de todas sus normas correctas: éste es estable a lo largo del tiempo y sus variaciones son pocas mientras exista la formación y la escuela común y una intercomunicación cultural.

El latín vulgar, por el contrario, tiende a evolucionar y cambiar: a pesar de todo, en el Imperio romano se mantuvo bastante unificado, gracias a la administración común, a los servicios, al ejército y a la existencia de una escuela primaria pública que alfabetizaba a la mayoría de la población.

Pero cuando se derrumbó políticamente el Imperio Romano de Occidente en el s. V y su territorio se fragmentó, las escuelas públicas de los municipios acabaron desapareciendo en gran medida. Además, en el s. IV el Cristianismo había llegado al poder (de hecho a finales de ese siglo se promulgó un decreto que prohibía en todo el Imperio cualquier culto que no fuera el cristiano): su ideología fue al principio profundamente enemiga de la cultura grecolatina que atacaron y persiguieron a fondo (quemas de bibliotecas, cierres de escuelas, persecuciones de eruditos y cultos, etc.). Pero como la cultura grecolatina era la única que había (pues ellos no aportaban ninguna diferente) lo que hicieron de hecho fue contribuir a arruinar la cultura en general. Más tarde, enseguida, la Iglesia comprendió que no se puede detentar un poder sin control de la cultura y recuperó gran parte de la cultura clásica, remodelándola y adaptándola a sus ideas y creencias, y así la enseñaba, pero casi sólo a sus futuros clérigos, que desde luego constituían una proporción en la población mucho mayor que hoy en día.

De este modo casi ya no hubo escuelas para la gente común y rural, aunque sí las hubo en algunas importantes ciudades para ciertas élites, y en amplios territorios se extendió un analfabetismo generalizado. La gente, aislada en sus territorios, deformó rápida y progresivamente el latín que hablaba según las tendencias de cada zona, sin la influencia ya unificadora de la escuela, de un ejército y una administración común, etc. Así, en un proceso rapidísimo, entre el año 500 y el 800, nacieron todas las lenguas romances. Por ejemplo, un campesino galo y uno hispano que se entendían sin problemas en el año 500, ya no eran capaces de comprenderse bien en el año 800.

Pero la lengua latina siguió viva.

Vamos a ver sus etapas de existencia:

Aunque el latín existiera antes, sus primeros testimonios escritos que conocemos son como mucho de fines del s. VII a.C. o de inicios del s. VI a.C. (entonces aún se hablaban en Italia muchas lenguas diferentes). A lo largo de los siglos el latín pasó por varias fases:

1. LATÍN ARCAICO (s. VI al IV a.C., ambos inclusive): De esta etapa no conocemos textos literarios en soporte de la época, sólo textos epigráficos sobre piedra, metal, cerámica, etc. Se puede dividir en dos subetapas: 1) Los siglos VI y V. 2) El s. IV o etapa preliteraria caracterizada porque el material escrito es muchísimo más abundante pero sobre soportes duros, leyes, inscripciones religiosas, epitafios fúnebres, etc., y porque se da en el latín una fortísima normalización gramatical y normativización que desecha las formas más arcaicas de la lengua y abre paso a lo que será el latín literario y sus rasgos. Aunque conocemos textos largos, jurídicos y literario-religiosos, de esta época, realmente se nos han trasmitido por el testimonio escrito de etapas algo posteriores.

2. LATÍN PRECLÁSICO (s. III y II a.C.): Aparece y florece la literatura escrita en todos sus géneros y se produce una normalización y depuración lingüística aún mayores. La lengua se cuida y se enriquece muchísimo porque va a ser el medio de expresión de un estado que en el s. II domina ya la mayor parte del Mediterráneo.

3. LATÍN CLÁSICO (s. I a.C. e inicios del s. I d.C.): Es la edad de Oro de la literatura latina. La lengua, la pureza del léxico y la riqueza en la expresión alcanzan su cumbre.

4. LATÍN POSTCLÁSICO (parte del s. I y s. II d.C.): La calidad de la lengua se mantiene, pero los escritores no tienen tan alto nivel como en el período clásico. Es una etapa muy barroquizante y en muchos aspectos muy enriquecedora.

5. LATÍN TARDÍO (s. III al VI d.C.): En esta etapa se dará hacia el s. V la decadencia política del Imperio Romano y su derrumbe en su área occidental y también la lengua sufre una cierta decadencia, con contaminación en el léxico, etc., pero también con un enriquecimiento en otros aspectos. En esta etapa se suele distinguir el Bajo Latín o Latín Bajo-Imperial, que se refiere especialmente al de los siglos IV y V. Algunos incluyen también en esta etapa el s. VII

6. LATÍN MEDIEVAL (s. VII al s. XIV): Aunque el siglo VI ya es Edad Media, el s. VI e incluso el VII para la vida del latín no se consideran así, pues en él absolutamente todos hablan aún latín. En lo que llamamos el latín medieval, este latín es una lengua perfectamente viva y de habla, pero al menos desde el s. VIII, ya no es lengua materna de nadie, puesto que todo el mundo aprende de niño a hablar en otras lenguas (sean romances o de otro origen). Sin embargo, el latín no sólo es la lengua escrita internacional, sino también hablada, puesto que es la lengua oficial de la Iglesia, presente en todas partes y que controla la cultura de la época. Pero todos sus hablantes (clérigos y monjes sobre todo) la han aprendido como segunda lengua. La sintaxis y la fonética de la lengua tienen ciertas diferencias con las de la de la época clásica y se incorporan préstamos, así como se crean neologismos y nuevas derivaciones a partir del propio latín.

7. LATÍN HUMANÍSTICO (s. XV-XVI): En el movimiento renacentista, los humanistas inician un movimiento de recuperación del mejor latín de época clásica, como lengua escrita y también hablada con perfección y rigor en los círculos cultos, situación que se prolonga al s. XVII. Hasta el s. XVIII el latín será la lengua internacional de la cultura y de la ciencia (los grandes científicos, como Newton, Linneo, etc. escriben su obra en latín).

También se habla a partir del s. XVI de un latín científico. Es el que hasta nuestros días emplean importantes ramas del saber como por ejemplo la Biología, caracterizado por la constante acuñación de nueva terminología científica en latín sobre raíces antiguas, bien sobre bases léxicas latinas o bien haciendo uso de raíces griegas antiguas, pero acuñando vocablos netamente latinos en su morfología.

Hasta nuestros días el latín (junto con el griego) es la fuente inagotable de creación de términos cultos para todas las ramas del saber a nivel internacional.

- Gracias: Helena


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