Etimología de LAUREL

LAUREL

La palabra laurel la tomamos del francés y el provenzal laurier, variante formada con sufijo -ier (del latín -or y -ior), en principio para referirse no al árbol, sino al follaje del laurel, sobre el latín laurus, que es el nombre de este árbol o arbusto. Vinculado al culto de Apolo, el laurel es símbolo de triunfo e inmortalidad, por eso se confeccionaban coronas de laurel en Roma para los generales victoriosos que alcanzaban el galardón de un triunfo, y también se representa a los grandes poetas coronados de laurel, símbolo de su triunfo en cualquier certamen y de su inmortalidad. Esta corona de laurel se llama en latín laurea o laura en su forma reducida, de donde viene la palabra laureado para designar al que ha obtenido un alto galardón, y muy específicamente en el ámbito militar, así como el nombre propio de mujer Laura. De otro derivado que es Laurentius, viene el nombre propio Lorenzo y su variante femenina Lorenza.

Existía un lugar en la antigua Roma, en la colina del Aventino, llamado Lauretum porque era un jardincillo o bosquecillo de laureles. Ya en latín vulgar o en el habla plebeya el nombre sufrió una reducción del diptongo au a o, naciendo así la variante Loretum. A partir de ahí se empezó a llamar loretum a todo bosquecillo de laureles y la palabra ha quedado en italiano como loreto. Una leyenda medieval cristiana, del S. XIII, afirma que los ángeles trasladaron la casa de la virgen Maria en Palestina para que no fuera mancillada o destruida por sarracenos, y la llevaron primero a Dalmacia y luego al otro lado del Adriático en Italia, ubicándola en un loreto (un pequeño bosquecillo de laureles). Lo cierto es que allí se estableció un pequeño santuario mariano, el de la virgen del Loreto, que es el origen de la localidad llamada Loreto (provincia de Ancona en Italia), así como de otras incluso americanas que asumieron el nombre por la italiana, y del nombre propio de mujer Loreto.

De laurus también tenemos compuestos técnicos botánicos, como laurifolia o laurisilva.

El vocablo latino laurus parece que se origina en un préstamo mediterráneo, preindoeuropeo, préstamo de esta planta mediterránea que debió ser muy antiguo y que también originó las diversas variantes del nombre del laurel en griego clásico, algunas de las cuales presentan una vieja alternancia adaptativa d/l y nos dan formas en d, como la conocida variante δάϕνη (dafne), que asociada en la leyenda al nombre de una ninfa amada por Apolo a la que persiguió en loca carrera, y pidiendo ella la ayuda divina al ser alcanzada por el dios, quedó definitivamente transformada en un nuevo árbol de hoja perenne, el laurel, que así pasó a ser el emblema de Apolo. De ahí también el nombre propio de mujer Dafne.

- Gracias: Helena


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