Etimología de DRAGÓN

DRAGÓN

La palabra dragón viene del latín draco, draconis (dragón, reptil, pero también guardián o vigilante), que es un préstamo del griego δρακων, δρακοντος (serpiente, dragón) palabra que procede de la raíz del verbo δερκομαι (fijar la mirada, mirar con mirada fija y penetrante), y en realidad es un participio activo de aoristo con un cambio acentual. El vocablo δρακων significa pues "que mira con la vista fija" y hace referencia a los ojos de las serpientes y otros reptiles que carecen de párpados y siempre parecen mirar fijamente.

Es por eso que drákon, además de aplicarse a los reptiles que carecen de párpados y tienen una característica mirada fija, tiene una acepción de guardián o vigilante, poco explicitada en griego, pero muy presente en los arcaicos mitos griegos, en que todos los talismanes, tesoros o lugares de especial relevancia van a ser guardados por un fiero "drákon", al que los héroes deben vencer, y al que con el tiempo la imaginación popular reviste de rasgos reptilianos cada vez más terribles. De hecho el famoso Dracón de las leyes draconianas atenienses, probablemente recibió este nombre como apodo, a modo de epíteto, por su férreo papel de "vigilante social, guardián de las leyes". En latín sí que encontramos bien explicitada la acepción antigua de draco como guardián, especialmente guardián del tesoro de un templo (Cicerón por ejemplo emplea así el término en De divinatione).

Es en el mundo romano donde la palabra draco va a adquirir una importante acepción militar, en principio vinculada a los cuerpos de catafractas. Los catafractas son un cuerpo de caballería pesada muy armada, en que con el tiempo no sólo el jinete va muy armado y blindado con piezas de armadura, sino también el caballo lleva distintas protecciones de bronce, especialmente en la cabeza y otros puntos. Es una fuerza de choque poco ágil (para hostigamiento, existe la caballería ligera), pero inestimable en sus cargas a la hora de romper filas y formaciones enemigas con una carga pesada, casi como si fueran "carros blindados". Parece que los catafractas tienen su origen en los guerreros a caballo de las estepas de Asia y Europa oriental, principalmente escitas y sármatas, y que los persas fueron los primeros en utilizar cuerpos de catafractas, que fueron imitados por los griegos (Alejandro Magno los utilizó con éxito). Los romanos incorporan catafractas en principio entre sus muy diversas tropas auxiliares de las legiones (sus cuerpos de infantería pesada que eran el núcleo fuerte del ejército). Pero a finales del s. II d.C. los catafractas son incorporados a la legión como parte de ella y de su caballería permanente. Y proliferan especialmente los cuerpos de catafractas en todas las guarniciones fronterizas del imperio, especialmente en las fronteras norteñas. Sabemos que para tales cuerpos muchas veces los romanos reclutaban a jinetes sármatas, especialmente en torno a Dacia (la actual Rumanía, patria de Drácula, cuyo nombre tiene este origen). Pues bien es entonces cuando aparece un nuevo estandarte, que algunos creen de origen dacio, en principio como estandarte de estos soldados de caballería pesada, especiales vigilantes de fronteras y adiestrados, tanto para luchar o cargar a caballo, como para la lucha cuerpo a cuerpo si era necesario desmontar y entablarla. Es el estandarte llamado draco. Consiste este en una especie de aro con forma de boca o cabeza de dragón con un cuerpo de tela que se hinchaba u ondeaba con el viento, y que seguramente en las cargas de esta aplastante caballería producía un inquietante silbido. El soldado portador del draco era llamado draconarius. Tenemos distintas referencias a este estandarte (principalmente en Vegecio Renato, en su epítome De re militari), y también sabemos que en ocasiones el uso del draco como estandarte pasó también a la infantería pesada, produciéndose variantes del estandarte que ya sólo consistían en un pendón o banderola de tela con la representación figurada de un dragón.

Los catafractas romanos fueron el precedente directo del típico caballero medieval, con sus corazas y armaduras y sus monturas protegidas y engalanadas, y el dragón pasó a ser un símbolo muy asociado a todas las órdenes de caballería, sus estandartes y su heráldica. El mundo cristiano provocó poco a poco una perversión en el símbolo asociado del dragón. Ciertas visiones bíblicas demonizaban a los reptiles como símbolo del mal (Génesis, Apocalipsis), y así se reinterpretó el dragón caballeresco como el terrible enemigo perpetuo del caballero cristiano, cuyo vencedor es el legendario San Jorge, tradicional patrono de la caballería que salva a las princesas y doncellas derrotando a dragones, y que no es sino una reelaboración cristiana del héroe Perseo, una especie de "caballero andante" de los mitos griegos, que armado con la petrificadora cabeza de Medusa (y finalmente montado sobre el alado Pegaso, que propiamente montaba otro héroe llamado Belerofonte), venció a un terrible monstruo reptiliano surgido del mar, salvando así la vida de la princesa etíope Andrómeda, encadenada a una roca. Se asoció pues al dragón con todo aquello que combatía el caballero, y se olvidó así pues que el vigilante y fiero "dragón" era en realidad el propio caballero.

De tal ignorancia vino a sacarnos parcialmente el Renacimiento, en que el interés hacia el mundo clásico grecorromano afectó también al estudio intensivo de sus tácticas militares. Es así como a partir del s. XVI empezarán a crearse por los diversos países europeos cuerpos de caballería con soldados adiestrados también para la lucha a pie, y definitivamente se les dará el nombre de "dragones".

- Gracias: Helena


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