Etimología de LARINGAL

LARINGAL

La palabra laringal se refiere a lo relativo (-al) a la laringe, pero sobre todo específicamente designa a aquellos fonemas cuyo punto de articulación está en la laringe. Se deriva pues de la palabra laringe que procede del griego λάρυγξ, λάρυγγος ("lárynx, láryngos"), previo su paso a la literatura médica en latín en que incluso tenemos atestiguados derivados como laryngotomia (en Celio Aureliano, médico del s. V d.C.). El origen de λάρυγξ es oscuro, aunque siempre ha llamado la atención su semejanza con φάρυγξ ("phárynx", faringe), cuya infuencia analógica pudo quizás sufrir, y la probable remota relación con λαιμός ("laimós", garganta).

Sobre todo se suele denominar laringales a una serie de sonantes que aparecen en las reconstrucciones indoeuropeas. Aunque la explicación es más compleja, en la práctica llamamos sonantes a ciertas consonantes que poseen la cualidad de ser centro de sílaba como las vocales (como por ejemplo la vibrante r, la líquida l o las nasales m y n). La mayoría considera que estas laringales fueron tres, que se anotan como H1, H2 y H3. Las laringales produjeron diversos resultados fonéticos, como alargamientos vocálicos, generación de ciertas guturales y su paso a vocales "coloreadas" de un determinado timbre. La laringal H1, considerada la neutra, con frecuencia colorea de un timbre e, mientras la laringal H2 implica un timbre a en el ámbito indoeuropeo occidental y un timbre i en el oriental, y la H3 un timbre o. Con frecuencia anotamos una laringal por su resultado con el signo Ə, que anota una vocal nasalizada de timbre indefinido que evidencia la presencia de una laringal, y que puede dar resultados vocálicos diferentes en las distintas lenguas.

La teoría de las laringales se planteó como hipótesis por primera vez en el s. XIX por Ferdinand de Saussure, si bien no las llamó laringales ni planteó que fueran tres, sino dos, y para él eran más bien un tipo muy especial de vocales. Pero observó que ciertos cambios indoeuropeos sólo podrían explicarse bien por la presencia de unos fonemas, a la larga perdidos, que habrían actuado en ellos. Y la hipótesis se fue desarrollando por otros sin tener una aceptación grande hasta que en el s. XX se descifró el hitita. En 1927 Kurylowicz demostró que el hitita anotaba unas extrañas consonantes en los vocablos y raíces indoeuropeas que en otras lenguas se habían perdido, y que se hallaban en las posiciones exactas en que Saussure había planteado la necesidad de la existencia de estos fonemas para explicar los cambios posteriores, de manera que el hitita, y también otras lenguas anatólicas emparentadas, testimonian la existencia de tales "fonemas-fantasma" y las conservan aún en su sistema.

- Gracias: Helena


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