Etimología de DURO

DURO

El adjetivo duro viene del latín durus-a-um (sólido, firme, duro, también rudo y rígido en el sentido moral), adjetivo del que también derivan dureza, durazno (de duracinus, fruto de piel y pulpa duras) y obduración.

Este adjetivo se asocia a una raíz indoeuropea *deru- (estar o ser sólido y firme) que es la que también ha dado en griego entre otras la palabra δένδρον (dendron, árbol), cuya raíz encontramos en palabras como dendrita (formación mineral que rellena las fisuras de las rocas y adopta formas ramificadas), filodendro y rododendro. Del mismo modo produjo en celta la palabra druides, prestada al latín como druida (sacerdotes técnicos de la religión gala notables por su conocimiento de los árboles y el uso mágico que de ellos hacían).

Aunque entre los romanos, por etimología popular, se asociaba el verbo durare (durar, persistir) con el adjetivo durus, por la aparente igualdad radical y porque todo lo firme y sólido tiene a durar, este verbo, que nos ha dado durar y perdurar, se asocia a una raíz indoeuropea diferente *deuə- (largo, de gran duración), sobre la que se formaría con un sufijo -ro, y que también está presente en el adverbio latino dudum (desde hace mucho tiempo).

- Gracias: Helena


Como bien explica Pedro Menoyo en la entrada de madre, "los étimos indoeuropeos a veces dejan mucho campo a la fantasía y casi nunca pueden ser objetivados." Aquí vemos un ejemplo de esto. No es sólo antiguos romanos que asocian a durare con durus, sino también destacados filólogos modernos como podemos ver en el DRAE1, American Heritage Diccionary2 y Walde-Hoffman3. Ver: durante.

Fuentes

  1. Diccionario de la Real Academia Española - 22ª Edición - 2001.
  2. American Heritage Dictionary of Indo-European Roots. Editada por Calvert Watkins - Tercera edición - 2011.
  3. Indogermanische Bibliothek - Lateinisches Etymologisches Wörterbuch - A. Walde y J.B Hofmann - 1939.

Esto no tiene nada que ver absolutamente con echarle fantasía a nada y no es un ejemplo de nada. Unas raíces indoeuropeas son muy sólidas y firmes, otras son hipotéticas y los lingüistas lo sabemos y sabemos distingüirlas. No hay duda ninguna acerca de la existencia de dos raíces indoeuropeas, una *deru- y otra *deuə-, y no son ninguna fantasía. La única duda planteada es la filiación del verbo latino durare con respecto a la una o a la otra:

  • Algunos lingüistas prefirieron seguir a los gramáticos romanos quienes para explicar los dos bloques de significados diferentes del verbo durare ( a saber, endurecer o endurecerse por un lado, y por otro durar en el tiempo), decían que durare procede de durus y el concepto de durar vendría de que el que se endurece y está firme en su posición la hace durar. En este caso, asociado a durus, el verbo se vincularía a la raíz indoeuropea *deru- (estar o ser sólido y firme).
  • Ernout y Meillet en cambio, basándose además en el sólido trabajo de Benveniste, detectan muy bien un hecho: esto se debió a un cruzamiento por etimología popular. El verbo durare en su forma más antigua, en relación con la duración en el tiempo parece ser un denominativo a partir de la raíz de dum y dudum, que expresan duración en el tiempo, con asimilación de la sonante. Y estas formas se asocian inequívocamente a la raíz indoeuropea *deuə- (largo, de gran duración). Simplemente este verbo se confundió por homofonía con otro durare popular, con la idea de endurecer, denominativo de durus. Esto es exactamente también lo que plantean Walde-Hoffmann, que se acogen a lo planteado por Ernout y Meillet, pues asocian un verbo durare a durus en la entrada correspondiente, y otro verbo durare con la idea de duración incluido al final de la entrada dudum. Así que lo primero que hay que hacer es enterarnos bien de lo que leemos. Esta es la tesis actualmente aceptada. Este fenómeno de las homofonías es relativamente frecuente y tenemos en todas las lenguas bastantes homofonías con palabras de diferente origen.

En todo caso se trata de planteamientos científicos diversos en el estudio de algo, delos cuales el segundo es el que hoy se asume y se enseña en las clases de lingüística latina, planteamientos fundamentados en datos objetivos, nunca se trata de "fantasías". La fantasía se da cuando la gente mete su propia inventiva en lo que le da la gana para explicar las cosas como le parece, sin pruebas, sin conocimientos del tema y basándose exclusivamente en su propia imaginación.

- Gracias: Helena


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