Etimología de VEINTE

VEINTE

El numeral cardinal veinte viene del latín viginti (veinte), que ya en latín vulgar tardío se testimonia con lenición y pérdida de la g intervocálica como vinti.

Este numeral es un compuesto cuyo primer elemento vi- procede de la reducción de *dwi- (dos). Es esta una variante del elemento indoeuropeo *dwo /dwi, en que las dos variantes muestran desinencias del antiguo número dual indoeuropeo: la variante -o marcaba seguramente el nominativo dual de género animado (luego en las lenguas históricas que presentan restos de duales pasa a nominativo dual masculino y neutro y a acusativo dual neutro), y la variante -ī (originada en un grupo -iH1, es decir i+laringal) marcaba en indoeuropeo primitivo un nominativo-acusativo dual neutro. Estas formas nos han dado en latín el numeral duo (dos), de donde dos, dúo, dual y otros derivados, como duplicar, doble, duodeno, dudar, etc., así como las variantes latinas prefijadas en bi-, de donde tenemos palabras como bipolar, birreme, binario, biznieto, etc.

El segundo elemento radical es un característico radical -gint- que aparece en todos los numerales cardinales latinos de las decenas, que prodece de una forma en grado cero y reducida, pero con un alargamiento dental, de la raíz o palabra indoeuropea *dekṃ (diez). Se trata de una variante *dkṃ-t- que sufrió reducción de la consonante inicial pasando a *kṃ-t-, a la que en este caso se agregó una -i, indicadora de número dual neutro en indoeuropeo, produciendo esta forma -ginti. En los restantes numerales de decenas presenta la forma -ginta, porque se le agregó una -a de plural neutro (dado que ya se trataba de más de dos decenas), produciendo las formas triginta (treinta), quadraginta (cuarenta), quinquaginta (cincuenta), sexaginta (sesenta), septuaginta (setenta), octuaginta (ochenta) y nonaginta (noventa). La formación es indoeuropea pues tiene paralelos exactos en muchas lenguas indoeuropeas antiguas como el sánscrito y el griego.

La raíz o palabra indoeuropea *dekṃ llevaba al final una sonante nasal-labial (ṃ). Estas sonantes nasales pueden vocalizar según lenguas indoeuropeas normalmente dando como resultado una a, y por eso en griego δέκα ("deka", diez), de donde decálogo y década, por ejemplo, o pueden consonantizar, normalmente generando una vocal puente de timbre e la mayoría de las veces, y por eso en latín *decm > decem, de donde, con la pérdida tardía de la m final muy suavemente pronunciada, viene nuestra palabra diez, y asimismo derivados como décimo, decena, diezmo, diciembre.

- Gracias: Helena


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