La tradicional despedida usada en lengua española y emparentada con el francés adieu y el italiano addio no es más que la reducción, por desgaste debido al uso más que recurrente, del siguiente intercambio comunicativo entre dos sujetos que se despiden:
De la primera frase desiderativa deriva nuestro "adiós". De la segunda, "quedad con Dios" o, simplemente "con Dios", que aún es terruñera y frecuente despedida por más de un recoveco de nuestra geografía.
Traducido al latín tal intercambio quedaría:
Que la despedida tuviese que ver con el verbo ir y no con el verbo ser queda recogido, sin ir más lejos, en el capítulo XXXV de la primera parte de El Quijote, el de los cueros de vino y el del final de la novela del curioso impertinente (el de los dos amigos, Anselmo y Lotario). En este capítulo encontramos a Anselmo que se despide de un ciudadano diciendo:
Este "a Dios" es, pues, el complemento de lugar de una frase desiderativa, un augurio de destino y reencuentro (de la palabra augurium proviene el agur vasco = adiós).
Idéntico augurio de reencuentro entre nuestro interlocutor y Dios se encuentra en la base del goodbye inglés: God be with you, sólo que aquí el sujeto gramatical es Dios, y no complemento de lugar o destino. Poco cambia.
Por su parte, el ciao italiano proviene del véneto schiavo (vostro), manifiesta demostración de subalternidad respecto a nuestro interlocutor. Similar al servus utilizado en lengua alemana en el sur de Austria, no muy lejos de la región véneta. En cierto sentido, recuerdan a otra despedida que de vez en cuando se encuentra en lengua española, aunque cada vez con menos frecuencia: a mandar. Este servus austríaco, así como el ciao italiano, están desemantizados, es decir, no son percibidos como el adjetivo original que eran. También las mujeres se despiden en Austria diciendo servus (y no serva, como correspondería por género) y lo mismo ocurre con el ciao (schiavo) italiano. Algo así como lo que ha ocurrido con el bravo, brava, bravi, brave italianos, que en español o en francés son percibidos como interjección y no adjetivo. Si Laura Pausini canta en España o en Francia, el público grita ¡bravo! (en francés bravó, aguda), mientras que si canta en Italia, la ovación es brava!
Particularidad del ciao italiano es que sirve de saludo y despedida, es decir, corresponde al hola y al adiós españoles. El contexto es impecable en este caso. Uno sabe si está llegando a un sitio o se está yendo de él. Pero, por si pudiesen caber dudas, que haberlas siempre haylas, la lengua italiana ha creado su modo de desambiguar. Imaginemos una viñeta de tebeo con dos personajes que se dicen ciao. No es posible saber si se están saludando o despidiendo. Pues bien, la lengua italiana ha creado la reduplicación ciao, ciao, que sólo equivale a una despedida, nunca a un saludo inicial.
Como el bye bye inglés, aunque baste y sobre uno solo.
A Dios vayáis.
- Gracias: Rafael Martínez Rubio.
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