Etimología de PÁGINA

PÁGINA

La palabra página proviene del latín pagina, un derivado del verbo pangere (trabar, ensamblar, ligar, atar) y se refiere primero a las hojas individuales, ambas caras de una hoja doble, doblada, y luego ensamblada o cosida, que formaban un quaternus o libellum de papiro, primero, y a partir del s. II d. C., y sobre todo del s. IV d. C. de un códice de pergamino que empezó a ser el formato de un libro.

En efecto, en las épocas muy antiguas de Roma, tenemos constancia de la existencia de "libros de lino" (telas en las que se escribía y se doblaban), escritos en piel de cerdo o vacuno curtidas, etc. Pero en la Roma republicana y también en el Alto Imperio Romano, los libros no tenían páginas, dado que los libros habitualmente empleados tanto en oriente como en occidente eran "volúmenes", Un volumen (del verbo latino volvere, enrollar, dar vueltas) era una larguísima tira de papiro que se enrollaba sobre un eje de madera al que estaba encolado un extremo. Era similar a un rollo de papel higiénico, pero de formato más alargado. Se leía desenrollando y enrollando la parte ya leída, de modo que cuando se había terminado el libro, había que rebobinar para dejarlo listo para una nueva lectura, como en las antiguas cintas de radiocassette. Esto era así porque el papiro era una especie de entramado encolado de fibras de la planta de papiro, que crece sobre todo en Egipto, en las márgenes del Nilo (Egipto era el gran exportador de papiro para este uso), y esa especie de "papel" así obtenido tenía ciertas cualidades de un tejido de paja o cualquier fibra vegetal: si se doblaba en hojas cosidas, por la junta acababa quebrándose rápidamente. Por eso era mejor enrollarlo sin dobleces y así se conservaba mucho mejor. El papiro librario se obtenía creando largas superficies que se cortaban en tiras de muchos metros, para escribir libros en ellas, y esas tiras eran bastante caras. Pero los recortes sobrantes se cortaban en rectángulos y se vendían al peso, a un precio barato.

La gente compraba mucho esos recortes baratos. Se cosían dos hojas rectangulares con una costura vertical central y se doblaba por ahí, obteniéndose algo que los romanos llamaban quaternus porque tenía cuatro hojas, y cada hoja se llamaba pagina. En ellos la gente escribía relatos, recetas de cocina, horóscopos, cotilleos sociales a veces infamantes, noticias, chistes y narraciones pornográficas. Se los intercambiaban y los leían muchos, aunque las hojas pronto se rompían por los dobleces. Fueron el soporte en que se desarrolló en Roma por primera vez el género literario del cuento popular. Los volúmenes podían leerse en las grandes bibliotecas públicas (la ciudad de Roma, en el s. II d.C. tenía 30 grandes bibliotecas, que sepamos) y la gente de ciertos recursos los adquiría en propiedad, pero no la gente más modesta, pues el libro, además escrito a mano, tenía un coste por la mano de obra necesaria, equivalente aproximadamente al sueldo mensual de un soldado raso del ejército.

El verdadero libro de hojas se empieza a fabricar en Oriente el s.II d.C., aunque solo tiene un cierto éxito a partir del s.IV. No es un gran avance porque es mucho más caro que el volumen de papiro, ya que, para que las hojas no se rompan han de ser de piel muy fina que se llama pergamino (pues se atribuye el invento a la biblioteca de Pérgamo). Para que fueran finas y flexibles se utilizaba bastante la vitela, piel finísima de feto de cordero no nacido, extraído del vientre de la oveja antes de que desarrollara bien lana, y con cada feto se hacía una hoja. ¡Esos libros sí que valían una auténtica fortuna, mucho más que los otros! El nombre de esos libros es preferentemente códice. Estos libros, que sí tenían páginas, se emplearon muy al final del Imperio Romano, y el cristianismo los siguió usando en la Edad Media, para escribir sobre todo textos sagrados, y ya por supuesto casi nadie podía tener un libro ni leerlo, pues los escasos libros estaban en abadías y monasterios y eran más costosos que las joyas, verdaderos objetos de culto.

El papel, invento chino de pasta de celulosa vegetal y desechos textiles recocidos con cola en forma de pasta que luego se dejaba secar en finas láminas, fue traído por los árabes desde Oriente. La primera fábrica de papel de toda Europa se abrió en el municipio de Játiva (provincia de Valencia en España) en el s. XI. Aún así, hizo falta un tiempo para que se generalizara su uso en Europa y se refinara su factura. Pero ya en el s. XV la imprenta lo empleaba masivamente.

Otras muchas palabras contienen la misma raíz del verbo pango que encontramos en página, como pacto, paz, compaginar, compacto e impacto.

- Gracias: Helena

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