Etimología de VALENCIA

VALENCIA

El nombre propio Valencia viene del latín Valentia . Varias ciudades de fundación romana llevan este nombre. En España principalmente tenemos Valencia, la ciudad situada en el levante a orillas del Mediterráneo, fundada en el 138 a.C. por el cónsul Junio Bruto para asentar en una isla fluvial del río Turia a los soldados veteranos suditálicos, licenciados tras la guerra celtibérica. Pero hay otras en España, hoy municipios de menor tamaño, como Valencia de Don Juan o Valencia de Alcántara. También hay Valença en Portugal y Valence en Francia, y aparte de algunas otras en Europa, el nombre latino fue importado a América, donde hay muchas localidades llamadas Valencia, fundadas por gentes de origen hispano, en Venezuela, en Nuevo México, en California, etc. Incluso hay una en las islas Filipinas. También en Brasil hay varias localidades llamadas Valença. Evidentemente en estos casos de ciudades americanas el nombre se les da por los fundadores como homenaje a sus ciudades de origen europeas.

Todas las europeas fueron fundadas por los romanos y el nombre significa "fuerza, vigor, perfecto estado de fuerzas y salud, robustez, valentía". Se trata en la mayoría de los casos de fundaciones del siglo II a.C. en que se puso muy de moda entre los romanos dar ese nombre a nuevas fundaciones. Y la razón es la siguiente:

La patria y ciudad capital de los romanos es Roma. Aunque su etimología es discutida, sabemos que probablemente tiene que ver con Rumon (una voz itálica de influjo etrusco) o incluso "ruma", un viejo vocablo osco-latino-falisco que designa la teta o mama de un animal. Efectivamente, el Ruminal era un lugar muy sagrado para los romanos, al pie de la colina Palatina de la fundación, donde se daban cultos al viejo dios autóctono pastoril y ganadero Fauno (los primeros habitantes fueron pastores), y se vinculaba el lugar con el sitio en que el pastor Faústulo halló a la loba amamantando a Rómulo y Remo.

Pero a partir de la segunda mitad del s. III a.C., el fuerte contacto con los griegos y en parte la admiración de ciertos sectores intelectuales romanos por la cultura griega, empezó a buscar artificiales vinculaciones lingüísticas entre el latín o los nombres autóctonos con los vocablos griegos, tendencia que nunca dejó de obsesionar a algunos. Es así como muchos empezaron a defender e incluso a escribir, artificial y erróneamente, que "Roma" venía de la palabra griega ρώμη, que significa "fuerza, vigor, robustez física", incluso "valentía". Y durante el s. II a. C., muchos, popularmente, lo creían. De este modo, a la hora de fundar nuevas ciudades, eligieron un vocablo latino que recordara a lo que creían que era el significado del nombre de su metrópoli. Eligieron "valentia", que significa eso, y también "pollentia", que significa algo parecido (hay varias ciudades llamadas también así, entre otras Pollensa, en la isla de Mallorca).

Hasta que se les olvidó la manía de semejante identificación léxica artificial de la palabra "Roma", utilizaron profusamente Valentia como nombre para varias fundaciones, en la idea de que fundaban pequeñas "nuevas Romas", es decir, ciudades bautizadas con el nombre del vigor, la fuerza, la plenitud física y la valentía, casi todas relacionadas con el asentamiento de antiguos soldados licenciados, con lo que además cuadraba con la alabanza de virtudes propia de quienes habían sido buenos y valientes luchadores.

En latín, para despedirnos, decimos el imperativo del verbo valere (permanecer en plenitud de fuerza, salud y vigor). Este imperativo es vale!, es decir, "sigue con salud, fuerza y vigor".

- Gracias: Helena


Un ejemplo de esas artificiales vinculaciones lingüísticas de que habla Helena con respecto al nombre de Roma se dio también con el nombre de Valencia en la época en la que la memoria del latín se había perdido en buena parte de la Península Ibérica. Los andalusíes valencianos en la Edad Media, llamaban a su ciudad بلنسية [balénsiyah], sin que ese nombre significara nada para ellos, hablantes exclusivamente del dialecto árabe andalusí. Por eso buscaron una etimología que les remitiera a alguna palabra conocida, es decir, acuñaron una etimología popular, como los romanos habían hecho con Roma, que diera una explicación al nombre de بلنسية [balánsiyah]. Cuentan que un joven cazaba aves por los marjales del entorno del río Turia, el llamado Guadalaviar, cuando descubrió bañándose en sus aguas a la más hermosa mujer que jamás hubiera visto. Aclaremos que, dada su juventud y los usos de la época en materia de vestimenta, es de suponer que pocas mujeres desnudas habría tenido ocasión de contemplar. En cualquier caso, embobado por la sorprendente visión, apenas atinó a preguntar: أأنت جنية أم إنسية؟ [ʔa ʔanti ǧinniyyah am ʔinsiyyah ("¿Eres de las hadas o humana?")], a lo que la bella exuberante respondió con modestia: بل إنسية [bal ʔinsiyyah ("No (soy) sino humana")]. La leyenda contaba que, dadas las circunstancias, se casaron y fundaron allí mismo una ciudad que poblaron con sus hijos, quienes, en memoria de tan venturoso encuentro llamaron al lugar con las palabras de la respuesta de su hermosa antecesora: بل إنسية [bal ʔinsiyyah] > بلنسية [balénsiyah], "no sino humana".

- Gracias: Joaqu1n


Es bien cierto que es un fenómeno universal dar explicación a lo que no se entiende, y muy especialmente en el caso de las palabras. Yo sólo sabía que la adaptación del nombre al árabe era balánsiyah, pero desconocía esta leyenda, muy bonita. Haría una pequeña apreciación a un detalle sobre lo explicado por Joaquín. Esta leyenda sería prueba de que se olvidó el significado latino del nombre. Pero creo que Hispania fue un importante crisol cultural en que todo quedó y que la pérdida del latín o más bien de sus variantes romances en territorios islamizados tardó bastante en producirse, gracias precisamente a algo que la gente no suele saber, y es que la cultura islámica propiamente andalusí fue abierta y tolerante, al menos durante bastantes siglos. Para empezar, parece que todas las investigaciones confirman un hecho por lo demás lógico y general: tanto con la penetración de vándalos y otros grupos, como con la de visigodos, y después grupos musulmanes (escasos árabes en realidad, más bereberes), siempre se trató de grupos limitados que constituyeron unas élites, sin duda aculturadoras, pero sobre una base de importante población hispanorromana que siempre constituyó el verdadero grueso: en efecto, la población no se mueve de su tierra, se acomoda a nuevos hechos, se acultura, evoluciona… En los primeros siglos de islamización seguían existiendo los obispados, las comunidades cristianas que oficiaban sus ritos en latín y son llamados mozárabes. Esto en lo que se refiere a lo religioso. En lo lingüístico, en Valencia, como en todas las zonas de predominio político musulmán, la población hablaba romance andalusí, que se evidencia en textos que presentan una lengua romance con progresiva aparición de vocabulario árabe peculiar. En concreto es proverbial, salvo algún episodio de encono religioso muy puntual en torno a mediados del s. IX que provocó algunas emigraciones de mozárabes al norte cristiano, la tolerancia de los Omeyas del califato de Córdoba. Como dato curioso, si visitamos Damasco y la fantástica mezquita de los Omeyas, hemos de saber que estos compraron la mitad de la iglesia arzobispal al patriarcado cristiano existente allí, y que durante algún tiempo el primitivo edificio tenía dos alas, una mitad cristiana y otra mitad islámica, donde cada cual celebraba sus ritos, hasta que finalmente se convirtió totalmente en mezquita. Parece que esta tolerancia de la corte Omeya andalusí se prolongó en los llamados primeros taifas. Es obvio que por el peso de la cultura dominante la población fue arabizándose progresivamente en lo lingüístico a partir del s. X. En cuestión de la tolerancia religiosa un hecho decisivo haría variar esta circunstancia: la toma de Toledo por Alfonso VI de León y Castilla, que hace que los taifas se amedrenten y pidan ayuda a los almorávides, que desde su extenso imperio norteafricano llegan en el s. XI y producen una reacción purista en lo religioso. Luego más relajados, ante el nuevo avance reconquistador cristiano llegarán los almohades en el s. XII, demasiado integristas y parece que, pese a la ayuda recibida, no demasiado bien vistos o aceptados por los habitantes de las taifas andalusíes. Este cierre más integrista y el hecho de una crispación bélica mayor, es lo que determina la desaparición de las comunidades mozárabes en muchos territorios islamizados, y se producen ciertos intercambios forzosos de población entre reinos musulmanes y cristianos. En el caso de Valencia, que desde época tardorromana se desarrolla mucho como ciudad preponderante sobre otras del entorno, como Sagunto, y se conservó como importante sede episcopal (incluso se celebra un concilio hispano en ella), sabemos que hay un importante grupo mozárabe. Tras la efímera conquista de Valencia por el Cid en época de Alfonso VI y su inmediata pérdida, parece que Alfonso VI, ante la llegada de almorávides, se lleva a Castilla a una parte de estas gentes. Pero fue Alfonso I el Batallador de Aragón el que ya en el siglo XII y enfrentado a los almohades, realiza una serie de razzias por las que llega hasta Almería, y se va llevando a los grupos restantes de población mozárabe que no habían aún abrazado el Islam a territorios de Aragón básicamente. Parece que estos mozárabes del s. XII ya estaban lingüísticamente arabizados, lo que indica que el conjunto de la población de la taifa de Valencia ya lo estaría. Poco después, en el s. XIII la conquista Jaime I de Aragón, y la repuebla con población aragonesa y catalana repartida por zonas (lo que marcaría el bilingüismo zonal castellano-catalán del territorio), quedando, eso sí, comunidades de moriscos, población llamada así, ahora sometida a feudos cristianos, que en parte sufrieron después una conversión forzosa desde los tiempos de los Reyes Católicos y en parte siguen practicando su religión, hasta que a inicios del s. XVII, acusados de quintacolumnistas de los piratas berberiscos y de seguir con sus prácticas religiosas, son expulsados, por lo que muchos irán al Magreb y sobre todo a Ifriqiya.

- Gracias: Helena

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