Expresiones: Mantenerse en sus trece

MANTENERSE EN SUS TRECE

La expresión  "Mantenerse en sus trece", "Plantado en sus treceI" o "Plantarse en los trece" corresponde a una actitud de no transar, no resignar, no retroceder... Actitud combativa y perseverante. Puede interpretarse también -y así también se ha utilizado la expresión- como obstinación e incluso como terquedad. Como yo lo veo manifestado en las acciones de Benedicto XIII (antipapa) es en acepción positiva en directa relación a sostener la legitimidad de su papado enfrentando al nutrido espectro de enemigos que no lograron su renuncia al papado. El contexto es el del Cisma de Occidente, periodo en el cual llegaron a convivir simultáneamente tres Papas.

Benedicto XIII (1328-1423-) mantuvo su posición y sostuvo la legitimidad de su papado hasta su muerte: Se plantó en sus XIII.

En mi novela "La Rebelión de los Títeres" hago referencia a esa expresión. Cito textualmente de la misma:

"... el digno Papa don Pedro Martínez de Luna. Benedicto XIII, o el «Papa Español», o el «Papa Luna», o el «Papa del Mar» −según sus variados apodos felices−, se movía por entonces con sus galeras, invulnerable a las pasiones del clima y a las tormentas de sus enemigos, que por doquier le asolaban con tempestades y le fabricaban traiciones. Austero, sabio y valiente enfrentó, aquel Papa, codicias, vanidades y lujurias de los cardenales de Roma, que pretendían negociar la salida del bien o mal llamado Cisma sobornando su conciencia, como si fuesen los fundamentos de la Iglesia Católica una mercadería transable y el Credo Cristiano un comodín de la baraja dispuesto al canje, al trueque o al acomodo."

- Gracias: Fernando Oscar Marcionni
   http://larebeliondelostiteres.blogspot.com.ar/


La expresión exacta es "mantenerse en sus trece" y se basa en efecto en Benedicto XIII, más conocido como el "Papa Luna", porque su denominación como Benedicto XIII no es legal ni reconocida en la Iglesia, y el auténtico Benedicto XIII reconocido como papa de la iglesia católica fue después un papa del siglo XVII. Pedro de Luna era español y cabezota como pocos, como buen aragonés, suele decirse, ya que los aragoneses tienen fama de empecinados. 

Para resumir su historia brevemente: tiene que ver con el cisma de Avignon o Cisma de Occidente, que fue un problema de la iglesia del s. XIV. Por toda una serie de manejos y poder de la monarquía francesa sobre el papado, la corte papal pasó de Roma a establecerse en Avignon (Francia), que era un territorio reconocido entonces como de los Estados Pontificios. Siete papas se sucedieron en Avignon, absolutamente manejados en general por la monarquía francesa que intervenía directamente en su nombramiento. Al final esto dio lugar a un cisma, y a partir de un cónclave de 1378, la curia romana decidió en Roma nombrar un nuevo papa sin presiones francesas, etc. La situación fue al final que había dos papas y unos territorios obedecían a uno y otros a otro. Pedro de Luna fue el último de los papas nombrado por la línea de Avignon en 1394. Finalmente la situación de división insostenible y politiqueos en la cristiandad católica se intentó solucionar recurriendo a concilios. Primero el concilio de Pisa (1409) intentó la solución que sería destituir a los dos papas existentes, de manera que no se inclinaran ni por uno ni por otro, y  elegir uno nuevo por acuerdo de todos. Así eligieron a Alejandro V que sería inmediatamente sucedido por Juan XXIII. Pero no solucionaron nada, porque cuando ya tenían al nuevo, los otros dos se negaban a renunciar a su pontificado, de manera que incluso se llegó al absurdo de tener tres papas, porque cada uno de los pontífices tenía países dispuestos a obedecerle exclusivamente a él. La cosa fue muy compleja, demasiado larga como para explicarla en detalle aquí, pero finalmente, un nuevo concilio, el concilio de Constanza (1417), solucionó el gravísimo problema, destituyendo a todos y eligiendo en cónclave al papa Martín V, pues los países se avinieron ya  a prestar obediencia a un sólo papa y obligar a abdicar a los papas de las dos líneas cismáticas y de la tercera vía que no había solucionado nada. El pontificado de Martín V fue ya el único legal y reconocido por todos y logró unificar a la iglesia y acabar con tan absurdo cisma.

Pero de los papas destituidos, que se avinieron más o menos a renunciar a su pontificado en aras de la unidad de la iglesia y el beneficio de todos, sólo Benedicto XIII el papa de Avignon, se negó en redondo a renunciar. Incluso cuando ya ningún país ni nadie le obedecía y estaba destituido, se retiró con una minúscula corte al castillo de Peñíscola, una localidad costera hoy de la provincia de Castellón en la Comunidad Valenciana, y se hizo llamar allí Benedicto XIII hasta que murió, aunque ya no tenía derecho a utilizar ese nombre papal y no era ya papa de nadie ni para nadie, empecinado en que él era el único papa legítimo y "manteniendose en sus trece" hasta que murió con 96 años en 1423. Hoy en día pueden visitar el castillo de Peñíscola, en una pequeña península que se adentra en el mar y rodeado de mar casi por todas partes, cuyo interior alberga recuerdos de la época de tan singular personaje." 

-Gracias: Helena

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