Expresiones: Andar de Herodes a Pilatos

Ir o andar de Herodes a Pilatos

Esta expresión significa ir de una persona a otra o de un lugar a otro que se lo van quitando de encima y sin encontrar solución, cuando uno tiene que resolver un problema o hacer una gestión importante, o bien algunas veces ir de mal en peor en la gestión de los asuntos. Muchas veces se emplea en la resolución de complejidades burocráticas. La expresión tiene su origen en el evangelio, en los acontecimientos que tienen lugar desde la detención de Jesucristo hasta su muerte en la cruz.

Para entender todo este lío hay que saber la situación de Judea. En realidad el reino de Judea era un amalgama de territorios distintos en que la Judea propiamente dicha era una región montañosa del sur, donde estaba Jerusalén. El reino entero había sido gobernado por el rey Herodes el Grande bajo la protección de los romanos, llamados allá con anterioridad como consecuencia de líos dinásticos anteriores. A la muerte de Herodes el año 4 d.C., y aunque él había nombrado sucesor, hay nuevo conflicto dinástico entre sus tres hijos y un sobrino, motivo por el que intervienen los romanos para dividir el reino en cuatro zonas y nombrar tetrarcas de cada zona a los hijos y al sobrino. En el reparto la zona de Judea, Samaria e Idumea le tocó a Herodes Arquelao, mientras que Galilea (la región de procedencia de Jesús) y Perea le habían correspondido a Herodes Antipas, y otros territorios que no vienen al caso a los otros. Pero Arquelao era un cruel tirano que protagonizó sangrientas matanzas en Samaria y otras cosas, por lo que fue denunciado por su propio pueblo ante el emperador Augusto, quien lo destituye el año 6 d.C. Entonces las áreas de Judea, Samaria e Idumea quedaron sin rey y Roma se encargó de enviar allí prefectos, a modo de gobernadores menores con tropas que supervisaran el gobierno de los grupos dirigentes y garantizaran la paz y el orden hasta que en el 41 d. C. se acabó con esta división en tetrarquías y heredó el reino entero Herodes Agripa I (un nieto de Herodes el Grande). De modo que entre el 6 y el 41 hubo siempre en Jerusalén un prefecto romano para una parte del territorio, que por lo demás tenía sus instituciones propias judías, etc. Y aparte de garantizar supuestamente la paz y el orden, en Judea, Samaria y Galilea, el prefecto sólo podía juzgar a romanos o a terroristas alborotadores del orden, pero eso sí, toda condena de muerte que se produjera por tribunales judíos debía recibir el permiso del prefecto, que como hemos visto sólo tenía jurisdicción en una parte del territorio.

Pues bien uno de esos prefectos fue Poncio Pilato (entre el 26 y el 36 d.C.). Cuando Jesús es apresado de noche por los guardianes judíos del templo y llevado a casa del sumo sacerdote Caifás, allí es sometido a una especie de interrogatorio y juicio con testigos (falsos según los evangelios), y al final Caifás concluye que por sus blasfemias es reo de muerte. A primera hora se reúne el consejo entero, es decir el sanedrín y ratifica la condena a muerte. Y a continuación Jesús es llevado ante Pilatos para que éste sancione la condena. Pero Pilatos lo interroga y lo encuentra inocente, y viendo además que se trata de un galileo, y por eso competencia de Herodes Antipas, que casualmente estaba en Jerusalén para celebrar la pascua judía, se lo envía a Herodes. Herodes se divierte un poco con Jesús y como ha oído hablar de él, le pide que le realice algún milagro, pero considerándolo inocente y risible no lo juzga, y lo devuelve a Pilatos con un rico vestido. Como Pilatos no ve cargos, el sanedrín se empeña entonces en acusarle ya de sedición, puesto que se ha hecho llamar “rey de los judíos”. Pero Pilatos sigue sin ver culpabilidad, lo ordena flagelar para presentarlo al sanedrín mostrando que ya lo ha castigado bastante, pero no consigue que la exigencia de muerte cese, y entonces, obedeciendo a la tradición de la pascua judía en que el pueblo tenía la potestad de indultar a un condenado, presenta a Jesús a la multitud junto con un peligroso rebelde llamado Barrabás, y esta multitud de judíos, azuzados por el sanedrín, exige la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús, momento en que ya Pilatos se lava las manos exculpándose de la sangre de ese justo, y permite la ejecución por miedo a un tumulto o revuelta.

De manera que de poco le sirvieron a Jesús sus idas y venidas de Pilatos a Herodes y de Herodes a Pilatos.

-Gracias: Helena

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