Etimología de TOJO

TOJO

La palabra tojo es un fitónimo que debe de venir de alguna lengua prerromana de la Península Ibérica donde quizá tuviera la forma *toju, como sugiere el DRAE, pero con pronunciación de esa jota como en el alfabeto fonético, como una i consonántica (/tóju/ como tóiu), no a la manera habitual en español (estándar /tóxo/, variante castellana /tóχo/, atlántica /toho/). Como fitónimo es el nombre que se le da a un grupo de plantas arbustivas de la familia fabácea (leguminosas) caracterizado por estar todas ellas llenas de espinas y tener flores papilionáceas amarillas. En esta definición tan amplia caben muchos géneros de fabáceas, pero lo habitual es llamar así al género Ulex, principalmente, y a otros matojos espinosos que se le asemejan mucho a simple vista de los géneros Calycotome, Cytisus, Genista y Stauracanthus. Todas estas plantas se llaman también en español con los fitónimos aulaga, con muchas variantes y mucho más usado que tojo,y los más raros y restringidos árgomas en la cornisa cantábrica y érguenes en algunas zonas de Andalucía.

En portugués se ortografía igual que en español, tojo, cuya jota se pronuncia como fricativa palatal sonora, a la manera portuguesa, /tóžo/, aunque en gallego se ha impuesto la grafía toxo que refleja una pronunciación dialectal ensordecida /tóšo/ que no es etimológica. Puede parecer una osadía afirmar que no es etimológica la pronunciación gallega con la fricativa palatal sorda, ya que previamente hemos reconocido que su etimología es conjeturalmente prerromana, pero es sabido que en gallego se pierde la distinción que el portugués mantiene entre palatales fricativas sorda y sonora (grafemas [x] y [j]), haciéndolo todo sordo (grafema [x]).

Prueba de ello son las grafías que adoptaba la palabra en el árabe andalusí, donde están registradas formas variadas pero siempre, sin falta, con /j/ (la i consonántica que representamos transcrita /y/): تُيَّه tuyyah, توي tūy n.u. تويَه tūyah, ثويṯūy, طُيَّه ṭuyyah, طُيُّه ṭuyyuh, y una forma algo alterada تواي tuwāy. En el árabe andalusí había penetrado como fitónimo de plantas de una flora, la ibérica, que no necesariamente coincidía con la flora habitual en Arabia o el Próximo Oriente para la que la lengua árabe había desarrollado, en principio, su léxico. Es este un recurso que adopta la mayoría de las lenguas cuando se encuentran con una situación y una naturaleza distintas a las que tienen ya codificadas -como ha sucedido, sin ir más lejos, con el español de América-; lo habitual suele ser, o bien adaptar un fitónimo que en origen era extraño a la nueva flora dándole otro significado (recuérdese la diferente taxonomía del árbol llamado algarrobo en el Cono Sur y el fitónimo original en la Península Ibérica), o bien, sencillamente, adquirir para una realidad nueva léxico nuevo de las lenguas vernáculas. Esto fue lo que pasó con los tojos en el árabe andalusí, se introdujo el término desde el sustrato, no necesariamente desde el latín, donde no está registrado, pero sí desde el romance andalusí, que podría estar indicando que el latín local hubiera adquirido el término, a su vez, del sustrato de otra lengua anterior hoy desaparecida.

Por consiguiente, con el auxilio de las formas andalusíes, no sabremos de qué lengua desaparecida viene, pero tenemos la casi certeza de que viene de un antiguo *toju (pronunciado tóiu) que en los romances evolucionó hasta pronunciarse /tóžo/ (ž = ʒ IPA) y se ortografió tojo; el portugués lo sigue pronunciando así, pero en gallego y en español se ensordeció, /tóšo/ (š = ʃ IPA), y el gallego lo sigue pronunciando así con la grafía toxo; el español siguió evolucionando y retrotrajo el punto de articulación del paladar duro al paladar blando y ahora la pronunciación estándar es con una fricativa sorda velar /x/, que, como es habitual, en dialecto castellano se hace uvular /χ/ y en los dialectos del español atlántico fricativa sorda glotal /h/. El término es occidental, no llega hasta el Mediterráneo, por lo que se da solo en español y portugués, pero ya no en catalán, donde reina absolutamente argelaga, cognado del español aulaga y variantes, el árabe andalusí جولق ǧawlaq y el latín ūlex (brezo), probablemente todos ellos emparentados con el amazige norteafricano tiluggwit y variantes.

- Gracias: Joaqu1n


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