Etimología de SOLTERO

SOLTERO

La palabra soltero viene del latín solitarius, con síncopa de i, y la típica evolución patrimonial del sufijo -arius, que sufre una metátesis de i, y la sucesiva monoptongación en e del diptongo ai generado. Así:

solitariu(m) > soltariu > soltairu > soltero.

Multitud de palabras que vienen del latín muestran ese sufijo, aunque no siempre (es sólo un sufijo de relación), asociado muchas veces a nombres de oficio, como carpintero (de carpentarius), agorero (de augurarius), fontanero (de fontanarius) o usurero (de usurarius). Una vez morfologizada en la lengua romance la forma -ero del sufijo latino -arius, se aplica, ya dentro del romance, a nuevas formaciones, como panadero (a partir de pan, del latín panis) o zapatero ( a partir de zapato, un préstamo del turco zabata).

Para soltero, como para tantas otras palabras, tenemos un doblete, es decir, de una misma palabra latina (solitarius), tenemos dos, una vulgar o patrimonial (soltero) y otra culta (solitario). En todos los cultismos que muestran este sufijo ha quedado con la pura forma latina -arius, adaptada a la terminación en -o de nuestra lengua romance.

Este fenómeno tan extendido se debe al hecho siguiente. Las lenguas romances (diversas formas de latín deformado con reglas fonéticas algo diferentes en cada zona) nacen entre el año 500 y el 800 d.C., pues es a partir del 800-900 cuando sus palabras deformadas empiezan a aflorar aquí y allá entre los escritos en puro latín de la gente alfabetizada y medianamente culta. Pero estas lenguas presentan un conjunto relativamente reducido de palabras, pues las han generado hablantes modestos y poco letrados, que gastaban un vocabulario limitado y sobre todo aplicado a lo concreto y a la realidad de su forma de vida. En toda Europa los cultos y escolarizados no sólo escribían en latín, sino también hablaban entre ellos en puro latín, tanto en las áreas del antiguo Imperio Romano, como en zonas anglosajonas, germánicas, escandinavas, etc. Era un latín que ya no habían aprendido a hablar en la cuna, sino en la escuela, pero que de todos modos fue empleado como lengua de comunicación internacional de la cultura hasta el s. XVIII. Así las cosas, desde la Edad Media, en las áreas romances, cada vez que los cultos debían emplear la lengua romance del pueblo y observaban la ausencia o pérdida de palabras para expresar montones de conceptos, reintroducían en la lengua la palabra latina que necesitaban adaptando sólo su final, bien porque esa palabra alterada en romance se había especializado en expresar otra cosa, o bien porque esa palabra había desaparecido y no existía en el vocabulario romance. Así, cuando solitarius quedó reducido a "soltero" en el habla vulgar, también se había especializado en designar a la persona no casada, y se carecía de un término que expresara el viejo sentido latino de quien sin más gustaba de la soledad, o del lugar no frecuentado, etc. Y tomaron de nuevo solitarius en la forma "solitario". Todos los miles y miles de cultismos que poseemos son palabras latinas, reintroducidas en una lengua romance muy fácilmente, ya que también ésta era latín deformado, para paliar carencias expresivas, desde un latín mucho más rico y que podía expresarlo todo o casi todo.

Esto no sólo se dio en las áreas de lenguas romances. Los cultismos latinos se introdujeron en las lenguas sajonas, germánicas, etc., que ya no eran lenguas hijas del latín. Muchos de esos cultismos muestran la terminación -arius, que se adapta a la estructura fonética de cada lengua siempre del mismo modo. Por ejemplo, del latín emissarius, tenemos emisario en español, emissari en catalán, émissaire en francés, emissary en inglés y Emissär en alemán. Del latín plenipotentiarius (de plenos poderes), tenemos plenipotenciario en español, plenipotenciari en catalán, plénipotentiaire en francés, plenipotentiary en inglés y plenipotenziär en alemán, etc.

Obsérvese que español, catalán o francés, son lenguas romances, es decir, genéticamente son latín evolucionado, pero el inglés o el alemán no son hijas del latín, e igualmente adaptan los cultismos latinos (en el caso del inglés hasta un porcentaje de palabras muy mayoritario dentro de la lengua).

- Gracias: Helena


El término 'soltero' tiene, siguiendo al DRAE, María Moliner, y otras muchas fuentes, un sentido negativo: "quien (aún) no ha contraido matrimonio". Esta acepción dice relación con la teología, para la que la persona está llamada (vocada) a vivir comunitariamente, sea célibe, casado, sacerdote o religioso (monjes y monjas). De los célibes, ordenados y consagrados, se puede afirmar que viven en comunidad -y aún los eremitas, con su peculiar sociedad con Dios-. Desde un punto de vista filosófico esto es razonable, dado que el ser humano no es solo individuo (solitario) sino también persona (relación o dimensión social). "No es bueno que el hombre esté solo" recoge el libro del Génesis en la Torah o en el Antiguo Testamento cristiano.

Por otra parte, también puede arguirse que la soltería, salvo circunstancias que así lo aconsejen (por razones sociales, de ayuda a los demás, a familiares, enfermos), no es un estado natural. Nadie está llamado o tiene vocación de soltero. La vocación mayoritaria es al matrimonio: "Varón y mujer los creó" especifica nuevamente el libro del Génesis. Y hay también, en el cristianismo, vocaciones al celibato apostólico (nuevamente un fin social, de fraternidad), y a la vida religiosa (consagrada a Dios Trino en Personas).

Estas reflexiones no se corresponden naturalmente con la etimología del término, sino con su significado y sentido en la historia de Occidente, es decir, con la etimología popular y coloquial del vocablo.

- Gracias: carlthiem


No veo relación alguna del sentido negativo de soltero con la teología cristiana, más bien al contrario. La relación del estado de célibe o no casado con un término no demasiado positivo, solitarius (solitario, que no tiene la relación social normal, y la más natural es la de pareja) con lo que entronca directamente es con los conceptos sociales tradicionalmente romanos (que también se daban entre los griegos). En estas sociedades la soltería es condenable, los individuos tienen la obligación social de contraer matrimonio y dar hijos a la sociedad, el Estado y su propia familia, que siguiendo principios religiosos siempre debía tener una progenie para la continuidad del culto a los antepasados. Es así como incluso la soltería estaba penalizada: en el mundo griego los hombres que a una edad bien adulta permanecían solteros, eran privados del voto. En la antigua Roma, no sólo eran señalados socialmente, eran castigados con mayores tributos al fisco, y al contrario era privilegiado fiscalmente aquel que se casaba y engendraba al menos tres hijos vivos. Hay cantidad de leyes desde la época de Augusto para favorecer el matrimonio y evitar los estados de soltería, considerados perniciosos y antisociales. Por otro lado en la antigua Roma, si uno aspiraba a cualquier sacerdocio, era obligatorio que estuviera casado, los sacerdocios estaban vetados a los solteros (excepto en el caso de las vírgenes Vestales que ingresaban a los 7 años y debían cumplir un ministerio que duraba 30 años, manteniéndose vírgenes, cumplido el cual se las dotaba espléndidamente y podían casarse). Siendo esto así, no es extraño que en la lengua popular, el no casado, que propiamente en latín se dice caelebs, caelibis (de donde célibe), fuera visto como un sujeto raro y antisocial, y el término solitarius (hombre que vive aislado) acabara refiriéndose a ese estado.
Por el contrario es el cristianismo el que introduce un elemento positivo en la valoración del celibato como renuncia al placer sexual y dedicación a ministerios espirituales, asociándolo a sacerdotes y monjes, cuyo estado se considera superior y más elevado moral y espiritualmente. Por lo tanto en absoluto puede achacarse a la tradición teológica cristiana la introducción de una valoración negativa de la soltería.

- Gracias: Helena


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